Adictos al clic - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Adictos al clic | La Crónica de Hoy

Adictos al clic

Francisco Báez Rodríguez

Hace años, la gente se enteraba de las noticias fundamentalmente a través de los periódicos. Los diarios eran, como decía Hegel, la oración matinal del hombre moderno.

En esa época, la lectura de noticias solía tener su momento del día y su orden específico. De acuerdo con los gustos, uno iba hojeando las distintas secciones, deteniéndose un rato en el texto de algún editorialista o en alguna crónica bien escrita, o se ponía a hacer cuentas con las estadísticas deportivas disponibles.

De hecho, muchos periódicos tradicionales –esos que tienes que desplegar ampliamente para leerlos– se dividían en secciones separables, que a veces se repartían entre los miembros de la familia, según sus preferencias.

Las personas también solían comprar revistas mensuales o semanales, casi siempre de acuerdo con sus intereses especiales. Había quien las compraba de política, quien de futbol o beisbol, quien de temas culturales. Y había revistas que tenían de todo, como en botica. Para leer en ratos libres, pero después del obligatorio periódico matutino.

Cuando la televisión se hizo masiva, no faltó quien pensara que desplazaría a los medios impresos. La gente iba a tener las noticias gratis.

No fue así. El hecho es que un diario tamaño tabloide tiene, en promedio, 40 veces más información escrita que un noticiero de 30 minutos, y suele ser leído en aproximadamente el mismo tiempo. No están, por supuesto, los videos, que –en determinadas ocasiones, pero no como regla– generan interés por su inmediatez y su espectacularidad. También resulta mucho más fácil para la TV grabar sucesos importantes que suceden en el momento: un diario tiene que hacer una edición especial y el suceso debe ser muy relevante (el ejemplo más reciente es el ataque a las Torres Gemelas). Pero nunca la pantalla chica ha podido sustituir a la prensa.

Sin embargo, el advenimiento de la televisión de masas provocó cambios importantes en el periodismo escrito. Ya no era tan atractivo salir con la nota que la televisión había manejado la noche anterior. Y si era de horas antes, todavía menos, sobre todo con la multiplicación de la radio noticiosa. Las noticias duras se convertían en “pan duro” con una rapidez antes no sospechada.

Eso obligó a la gente de prensa a hacer dos cosas: una, aprovechando que tiene más espacio, es dotar de contexto analítico o histórico a la nota del día; con ello se generaba un plus que la televisión era incapaz de ofrecer. Otra, generar notas de investigación, exclusivas de interés que ningún otro medio podía entregar.

De ahí surgió el método de competencia que todavía prevalece. Ya no es “ganar” la nota, sino quién la presenta de manera más interesante, o quién es capaz de fijar agenda. Al mismo tiempo, cobró más relevancia relativa otra zona en donde cada periódico es diferente: las plumas de opinión.

La irrupción masiva de la tele está ligada con cambios en las formas de comunicación y de control político. Si antes se trataba de convencer con argumentos, ahora –de manera creciente– se trata de seducir con ideas-fuerza. Si antes importaban la plaza, la escuela, la opinión publicada, ahora –cada vez más– importan la red social, la pantalla, la opinión pública medida en encuestas.

En los últimos lustros nos hemos estado moviendo, lenta pero consistentemente, del periodismo de información al periodismo de entretenimiento. Cada vez se piensa menos en informar y formar opinión (¡qué vieja suena ya la frase!) y cada vez más en complacer al cliente. Cada vez menos en la construcción de un nicho estable de lectores y cada vez más en la búsqueda frenética de compradores.

Lo último se ha hecho más que palpable con el advenimiento del internet como herramienta privilegiada de información. Con la red, todos hemos variado notablemente la forma en la que consumimos noticias, opiniones y cosas que parecen noticia o que parecen opinión.

Lo primero es que ya se perdió el orden. Para muchos –en especial para quienes ya no consumen la prensa escrita– el día comienza con una verdadera avalancha de información en las redes sociales. Esta avalancha no suele estar jerarquizada, y uno la va digiriendo a cómo puede. Se entrecruzan notas del momento, noticias del día anterior, análisis más o menos inteligentes, notas triviales que los buscadores de Silicon Valley piensan que pueden interesarte, discusiones más o menos baladíes entre tuiteros o amigos del Facebook, chistes varios, videos de perritos, vínculos a blogs, frases célebres, tests, encuestas y algo que se está grabando en Periscope. Un arroz con mango.

En medio de esa avalancha, la prensa escrita tiene que buscar su nicho. Tiene que insistir en su canon, en señalar lo que le parece relevante. Tiene que enviar el mensaje de la noticia que importa, de la opinión que considera que vale la pena. Y tiene que hacerlo de manera atractiva, que compita no solamente con los otros diarios, sino con todo lo demás que hay en la red, que es, literalmente, un mundo.

También, por supuesto, puede hacer otra cosa. Ponerse a buscar clics de manera frenética, pensando en mejorar sus métricas –que no su número de lectores– y, con ello, su posición en los buscadores y en los compradores de publicidad pública o privada, que utilizan ese criterio para definir pautas y precios.

Es una cosa lamentable ver cómo hay diarios, otrora serios, que se han vuelto, en sus versiones web, adictos al clic, junkies de lo viral. Noticias, opiniones, análisis, contexto, han dejado su lugar al envío de mujeres semiencueradas en los avisos en el celular, insistencia en los #Lores y #Ladies que hacen gala de su falta de civismo, largas disquisiciones sobre los XV Años de Ruby, noticias más triviales que el chisme más ligero de la farándula y videos de accidentes. Todo, envuelto en insinuaciones para hacer más tentador el clic que se multiplicará por mil. Lo de menos es ser leídos.

Hay hechos que se han vuelto virales en la red por el interés humano de la historia que tienen, o porque son de verdad espectaculares. Pero la mayoría lo son por el morbo de la gente. Hace rato que varios medios no lo distinguen. Están demasiado ocupados en su ansia, arrastrándose en pos de un pinchazo: el clic del internauta.

En el camino, la sociedad pierde. Hay más información, pero no está mejor informada.

fabaez@gmail.com

www.panchobaez.blogspot.com

@franciscobaezr

 

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