Marina Tsvietáieva: reliquia - Antonio Tenorio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Marina Tsvietáieva: reliquia | La Crónica de Hoy

Marina Tsvietáieva: reliquia

Antonio Tenorio

Ensueño. Semilla. Encrucijada. Iniciación. Paisaje encerrado en sí mismo. Promesa. Contención del tiempo. No hay modo de ir en caravana. Nada que no sea la solitaria marcha para descifrar cada entresijo. En soledad. Frente a sí mismo.

En 1194, un incendio destruyó la catedral de la ciudad francesa de Chartres. Hecho común en el medievo, no lo fue por sus consecuencias. El edificio quedó derruido. De todo cuanto era, sólo se salvó de las llamas una pequeña urna. En ella, un pequeño trozo de lo que se dice fue el vestido de María al momento en que dio a luz a Jesús. En honor a ese milagro, se construyó una nueva, y majestuosa, catedral. En su interior, al centro de las tres naves, signo del misterio imperecedero de todo lo que es, y también de lo que no, un laberinto.

Representación de la idea del camino de la vida, sus dificultades, pasadizos, atajos, engañosos senderos.Todo es un laberinto, correríamos a decir, enseguida ante la evidencia de la confusión vital que suele privar. Mas si todo lo es, entonces, dirán los lectores del Organon aristotélico, nada lo es.

De modo ancestral, la poeta rusa Marina Tsvietáieva reconoce el laberinto, no como cualquier camino complicado, sino como aquel que implica, en sus bifurcaciones, acercarse a la vida, aproximarse a la muerte. El mito recontado, el camino que se anda y desanda por uno mismo. Tsvietáieva publica Ariadna en 1924. Nombre de su primera hija. Espejo del laberíntico mundo, de su Rusia dejada atrás, de sus propios dilemas interiores.

Como si de ella hablara, escribe: “Para una muchacha no cuentan heridas/viejas. ¡Sólo las nuevas!” Para luego enfrentar a su Teseo a la decisión de permanecer o abandonar a la amada. Héroe, pero humano al fin, Dionisos le espeta: “¡Decide, mortal! Ya clarea con la luz/ambigua del sueño y la realidad…” El Dios, que desea a la joven, acorrala al hijo de Egeo, punza con la duda: “Morirá arrastrada por el polvo./ Entre una belleza eterna/y ser flor de un solo día…/entre instante y eternidad/¡Tuya es la elección!”.

A centro del laberinto, se dice, los muy antiguos resguardaban, encarnación de la diosa Labrys, un hacha de doble filo. Dilema esencial. Seguir o perecer. Decidir es lo complejo.“El clamor de los sentidos”; intuición. “El hilo resistente y luminoso”; temple. Espíritu, vestigio, de cuanto trayecto nos ha precedido. Del propio viaje, la reliquia.

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Profesor, narrador y ensayista. Su libro más reciente es
Bailar/Volar.

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