Sobre los resultados de la COP13 - Germán González Dávila | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Sobre los resultados de la COP13 | La Crónica de Hoy

Sobre los resultados de la COP13

Germán González Dávila

Concluyó la décimo tercera Conferencia de las Partes (COP13), del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) de las Naciones Unidas (Glocalfilia del 24/11/2016), el sábado 17 de diciembre. ¿Rindió los resultados esperados?

La Declaración de Cancún reconoce que “la vida en el planeta Tierra y nuestro futuro común están en juego” y que “es urgente tomar medidas contundentes de manera responsable para garantizar la supervivencia de la riqueza biológica y los ecosistemas saludables que apoyan el bienestar y desarrollo humanos”. Además, asume compromisos explícitos de los ministros de los sectores agrícola, forestal, pesquero y turístico del mundo para “asegurar que las políticas, planes y programas sectoriales e intersectoriales, así como las medidas legales y administrativas y presupuestos que establezcan nuestros gobiernos, integren de forma estructurada y coherente acciones para la conservación, utilización sostenible, gestión y restauración de la diversidad biológica y los ecosistemas”; para lo cual considera necesario “incorporar los valores de la biodiversidad en los sistemas nacionales de contabilidad y presentación de informes” (www.cbd.int/cop/cop-13/hls/cancun-declaration-final-es-1.11.2016.pdf).

¡Excelentes este reconocimiento y estos compromisos generales! Sin embargo, los doce objetivos para agricultura y ganadería, diez para el sector pesquero, siete para el sector forestal y once para el turismo, no son acompañados de acciones específicas ni metas medibles. Por ejemplo, no se plantea la urgente revisión de los subsidios agrícolas, pesqueros y forestales que fomentan patrones de consumo y producción destructivos de ecosistemas y que contribuyen a la pérdida de biodiversidad. Tampoco se incluyen criterios específicos para condicionar y limitar el avance de la mancha urbano-turística en perjuicio de ecosistemas forestales, humedales y costeros.

Todo parece indicar que, a pesar de los compromisos asumidos por los países parte del CDB en la COP13, el mundo continuará manteniendo y fomentando grandes, inmensos monocultivos, apoyados con cantidades colosales de fertilizantes, plaguicidas y combustibles fósiles, que contaminan las tierras y las aguas, hacen desaparecer ecosistemas completos y extinguen especies, incluidos los indispensables polinizadores. Grandes, inmensas pesquerías, que continuarán agotando y llevando al colapso poblaciones de especies de interés alimentario para la humanidad y funcional en las cadenas tróficas y equilibrio dinámico de los ecosistemas marinos. Grandes plantaciones comerciales que eliminan millones de hectáreas de bosques primarios sustituyendo, con una sola especie, la biodiversidad de los ecosistemas forestales ocupados (plantas, aves, anfibios, reptiles, peces, insectos, mamíferos y un gran etcétera). Grandes inversiones que desplazan ecosistemas para ocuparlos con infraestructuras turísticas e incrementan las presiones sobre recursos hídricos, suelos y capacidades metabólicas ambientales.

Toda proporción guardada, nos encontramos en una situación similar a la del Acuerdo de París sobre cambio climático: los líderes del mundo reconocen suficientemente los problemas y asumen compromisos declarativos, pero a la hora de la hora las cuentas no dan. En el caso del cambio climático, el acuerdo es evitar que la temperatura exceda un incremento de +2º Centígrados, pero los esfuerzos efectivos de los países del mundo no alcanzan ni para evitar +3º. En el caso de la biodiversidad, el acuerdo es su conservación y uso sostenible, pero no se establecen los cómos. El acuerdo entre Semarnat y Sagarpa, para controlar el cambio de uso de suelo, puede considerarse un resultado positivo a la altura de las circunstancias, pero también hace falta ver cómo se realizará.

No obstante, los compromisos quedan ahí. Explícitos y puestos ante la gran ventana de la comunidad de naciones. Parece entonces haber llegado la época en que la sociedad civil es y será la única que, a través de sus organizaciones y en la medida de sus capacidades de construcción de sinergias, de gestión del conocimiento científico y técnico y de difusión de información dura, podrá contrabalancear el modus operandi de los grandes poderes públicos, económicos y fácticos, para evitar que el mundo continúe en la dirección incorrecta, en línea de choque contra la naturaleza y contra la humanidad misma.

La Declaración de Cancún ofrece a la sociedad civil organizada un punto de apoyo para palanquear, en estrecha complicidad con los centros de investigación y gestión del conocimiento, su incidencia en las políticas públicas, para que el mundo pueda encaminarse en la dirección correcta. Porque la biodiversidad no es solamente un aspecto importante para algunos sectores económicos, como indica la Declaración de Cancún; es el sustento indispensable para que la vida del Homo sapiens continúe siendo posible.

 

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Coordinador Editorial del Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente.

 

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