Seduce Jean-Luc Lagarce a Xavier Dolan | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017

Seduce Jean-Luc Lagarce a Xavier Dolan

La madurez le llegó a la par de una efervescente carrera cinematográfica. A los 16 años —cuando según los expertos, el adolescente elige su personalidad y consolida su pensamiento ético y moral—, Xavier Dolan echó mano de su talento nato o de la incomprensión generacional para escribir el guión de su ópera prima: Yo maté a mi madre (2009).

Más tarde consagrado con el aplauso de 10 minutos en el festival de festivales, Cannes, su atención cinematográfica se centraría en la sexualidad descubierta, eso sí, sin hacerla protagonista. Los amores imaginarios (2010) o Tom en el Granero (2013), plenas en personajes gay, están enfocadas en lo cotidiano.

La virtud del protagonista, amenazada siempre por opresores —condenados a la simplificación, apuntan los críticos— en busca de destruirlo es su constante. Quizá por ello, para su más reciente filme, No es más que el fin del mundo, Dolan se dejó seducir por la narración para teatro de Jean-Luc Lagarce.

Dolan recuerda, animado, estar sentado en la cocina de Anne Dorval. Después de un rato mirando fotografías o charlando, la actriz quebequense se puso seria para hablarle de una “pieza (teatral) extraordinaria que, muy felizmente, había interpretado en el año 2000”: Juste la fin du monde (1990), de Lagarce (1957-1995).

Convencida de la “necesidad” de la lectura del texto por parte de Dolan, Dorval lo sacó de un cajón y se lo entregó. L’enfant terrible du cinéma descubrió una serie de anotaciones realizadas por la intérprete. En ese momento, sin saberlo, el joven cineasta dio el banderazo de salida para dar forma a su sexto largometraje.

Sin reparo Dolan confiesa: “El texto fue demandante. Para ser honesto, a diferencia de Anne, sentí una especie de desinterés y casi una animadversión por el lenguaje. Quizá estaba demasiado ocupado en la impaciencia por mi nuevo proyecto para darme cuenta de la profundidad en mi primera lectura, más bien diagonal. Puse de lado a Juste la fin du monde”.

Pasaron así cuatro años. Después de filmar Mommy, el creativo pensó “en el texto, de portada azul, guardado en la repisa superior de la biblioteca”, menciona. Logró descubrir la “grandeza” de la narrativa de Lagarce y su protagonista, Louis (Gaspard Ulliel, en la cinta), autor exitoso y homosexual, quien se reencuentra con su familia después de 12 años de ausencia.

Su regreso poco asemeja a la parábola de El hijo pródigo. El hombre anunciará su próxima muerte. Un tema recurrente para  Lagarce, quien falleció a causa del sida. “El verano pasado, tras leer, podría decir por primera vez, seis páginas, supe que sería mi próxima película. Como hombre comprendí por primera vez a los personajes de Jean-Luc Lagarce.

“Sus palabras, emociones, silencios, vacilaciones, nerviosismo y perturbadoras imperfecciones”, abunda. En su defensa, se apresura a apuntar, en su primera juventud era una tarea titánica comprender a Lagarce, “el tiempo le hace bien a las cosas. Anne, como siempre, tenía razón”.

Dorval se mostró benevolente y comprensiva ante la audacia de Dolan por querer adaptar al lenguaje cinematográfico la pieza de Lagarce. “El reto para mí era mantener los temas abordados por él; las emociones, los personajes, sus imperfecciones, su soledad, sus tormentos, su complejo de inferioridad... todo de Lagarce me era familiar”, dice Dolan.

El objetivo de Dolan estaba claro, “quería que las palabras de Lagarce fueran dichas tal y como estaban escritas, sin concesiones, porque en ese lenguaje descansa su patrimonio, es a través de ella que su trabajo encontró la posteridad, sería un riesgo trivializar”, acepta con seriedad el realizador.

INVOLUCRADO. Desde la cinta Los amores imaginarios, Xavier Dolan decidió encargarse personalmente del vestuario, la escenografía y el soundtrack de sus producciones. No es más que el fin del mundo no es la excepción. Eligió una vez más a Gabriel Yared para apoyarlo en la construcción musical.

Yared y Dolan colaboraron en Tom en el granero, sin embargo, fue un trabajo a distancia. El primero estaba en París, mientras el segundo preparaba del otro lado del océano el guión de Mommy. Para su reencuentro Dolan quería “una experiencia más física”, indica.

El proceso arrancó con el envío de parte del director a Gabriel de una pieza instrumental, como mera referencia. La respuesta del compositor libanés fue un vals “que me tocó el corazón”, acepta Dolan, quien lo eligió para musicalizar la parte final de su reinterpretación del montaje de Lagarce.

Una reunión en Los Ángeles de ambos creativos fue el pináculo de la colaboración, cuando Dolan no tenía en mente aún como terminar su creación. En la casa del líder de Rooney (I’m Shakin’), Robert Schwartzman, Xavier ocupaba el primer piso maquinando sus escenas y el compositor en la planta baja trabajaba con prontitud.

“Iba de un lado a otro, descubriendo lo que Gabriel acababa de componer. Fue uno de los momentos más extravagantes de la vida de la película. Pasamos muchas horas hablando. Siempre comíamos la misma pasta boloñesa en un pequeño restaurante, cerca de la Paramount, dábamos largos paseos en Larchmont o jugábamos Scrabble en el salón”, recuerda Dolan.

De ese momento juntos, incluso con Robert Schwartzman (quien se la pasaba en un anexo de la casa en el jardín), Dolan recuerda vívidamente el olor intenso de Gabriel. “Era Égoïste de Chanel, naturalmente”, explica el joven. El integrante de Rooney (I’m Shakin’) quedó tan prendado, que mandó pedir una botella, de 100 mililitros, por correo.

Antes de despedirse, el llamado niño genio asegura: “Todo lo que hacemos en la vida, lo hacemos para ser amados, para ser aceptados”.

Dolan está inmerso en la post-producción de su primer largometraje en habla inglesa, The Death and Life of John F. Donovan.

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