Papa defiende reforma del Vaticano y fustiga resistencias “malévolas” | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017

Papa defiende reforma del Vaticano y fustiga resistencias “malévolas”

Foto: EFE

En el discurso de Navidad a sus principales colaboradores, el Papa defendió hoy las reformas que ha impulsado para cambiar las estructuras del Vaticano, instó a un “cambio de mentalidad” y fustigó las resistencias “malévolas” al nuevo rumbo.

En un mensaje de unos 45 minutos, que pronunció en italiano ante obispos y cardenales en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, Francisco advirtió que la reforma de la Curia romana “no es maquillaje” ni una cirugía estética tipo “lifting”.

“Es necesario sostener con fuerza que la reforma no es un fin en si mismo, sino un proceso de crecimiento y de conversión. La reforma no tiene un fin estético, como si se quisiera poner más bella a la Curia”, afirmó.

“Queridos hermanos, no son las arrugas en la Iglesia las que se deben temer, ¡sino las manchas!”, añadió.

Advirtió que la reforma será eficaz sólo si se lleva a cabo con “hombres renovados”, porque si no se concreta un cambio de mentalidad todo esfuerzo institucional resultará vano.

“No sea la Curia romana una burocracia, pretenciosa y apática, sólo canonista y ritualista, una palestra de ambiciones escondidas y de sordos antagonismos, sino que sea una verdadera comunidad de fe y de caridad”, señaló.

Más adelante reconoció, y hasta consideró “normal” y “saludable”, el surgimiento de dificultades en el proceso de reforma. Entonces habló de las “resistencias”, que catalogó de tres tipos distintos: las “abiertas”, las “escondidas” y las “malévolas”.

Precisó que las “resistencias escondidas” nacen de los “corazones atemorizados y petrificados” que se alimentan de las “palabras vacías del gatopardismo espiritual”, mientras las “malévolas” germinan en “mentes distorsionadas y se presentan cuando el demonio inspira intenciones malas”.

“Este último tipo de resistencia se esconde detrás de las palabras justificadoras y, en tantos casos, acusatorias, refugiándose en las tradiciones, en las apariencias, en las formalidades, en lo conocido, o quizás en el querer llevar todo al plano personal sin distinguir entre el acto, el actor y la acción”, completó.

Pero lejos de estigmatizar las reacciones, afirmó que todas las resistencias -incluso las menos buenas- son necesarias, “merecen ser escuchadas y animadas a expresarse”. Porque la falta de reacción ¡es un signo de muerte!”.

Es más, sostuvo que las reacciones demuestran lo delicado del proceso de reforma, que debe ser vivido con “fidelidad a lo esencial”, “valentía evangélica”, “sabiduría eclesial”, con escucha atenta, tenaz acción, firmes decisiones, pasos concretos hacia adelante y –cuando resulte necesario- “también pasos atrás”, con “incondicionada obediencia”, con responsable potestad, con “mucha oración” y “profunda humildad”.

Para enfrentar esas tentaciones propuso 12 criterios que deben guiar la reforma, entre ellos la “individualidad”, “pastoralidad”, “misionariedad”, “racionalidad”, “funcionalidad”, modernidad”, “sobriedad”, “subsidiariedad”, “sinodalidad”, “catolicidad”, “profesionalidad” y “gradualidad”.

Explicando cada uno de estos términos, indicó la necesidad de contratar en las oficinas de la Curia de personal proveniente de todo el mundo, especialmente fieles laicos .

“De gran importante es, además, la valorización del rol de la mujer y de los laicos en la vida de la Iglesia y su integración en puestos de guía de los dicasterios, con una particular atención a la multiculturalidad”, abundó.

Al mismo tiempo calificó de “indispensable” la “archivación definitiva” de la añeja práctica eclesiástica del “promoveatur ut amoveatur” (promover para remover, una regla no escrita por la cual, para quitar a un funcionario de un puesto se necesita enviarlo a otro de similar o mayor importancia.

Entonces, saliéndose del discurso preparado exclamó: “¡Este es un cáncer!”. Concluyó su discurso recordando las palabras de un monje que instó a superar los deseos de grandeza y llamó a volver a la pequeñez del niño Jesús nacido en un pesebre de Belén.

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