Dafne y el Niño Dios - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Dafne y el Niño Dios | La Crónica de Hoy

Dafne y el Niño Dios

Aurelio Ramos Méndez

Esta Nochebuena, cuando según la tradición cristiana y tal como ha ocurrido desde hace dos mil años llega al mundo el Niño Dios para salvar de los infiernos a la Humanidad, es oportuno preguntarnos, sin el menor ánimo de un cascarrabias, qué clase de sociedad hemos construido los mexicanos, si —de acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Protección a la Infancia y la Adolescencia— cuatro niños fallecen cada día, en promedio, debido a causas relacionadas con la violencia intrafamiliar.

Y preguntarnos, también, sin parecer por ello un avinagrado, qué patología hemos incubado si ya nadie parece conmoverse por las muertes de niños, ya sean éstas por enfermedad, violencia doméstica o inseguridad pública, y ni siquiera por los casos más aberrantes de agresión a menores.

Puede mencionarse —sólo por reciente y a guisa de ejemplo— el caso del filicida cuarentón de nombre irónico, Inocente “N”, detenido esta semana por haber golpeado de muerte a su hijo de cuatro años que no dejaba de llorar y a quien luego abandonó en un hospital de Toluca, donde finalmente el niño perdió la vida.

De acuerdo con Ricardo Bucio Mújica, titular del referido Sistema, de 2006 a la fecha cada año mueren en nuestro país mil 400 niños y adolescentes por agresiones directas u omisiones de cuidado en el hogar, que acaban en accidentes fatales o en daños psicológicos que inducen al suicidio.

Y a decir de la representante de la UNICEF, Isabel Crowley, la mitad de los 42 millones de menores de edad en México viven bajo alguna situación de violencia, entendida ésta en todas sus expresiones, física o emocional, y 62 por ciento de los niños han sufrido maltrato en algún momento de su vida.

Ante este descorazonador panorama, del cual no deberíamos olvidarnos ni siquiera en plena vigilia del nacimiento de Jesús, cabe sin embargo la observación de que en una sociedad heterogénea, compleja, caótica y de rica diversidad como la que vivimos, suceden asimismo proezas que ennoblecen nuestro país y reivindican el género humano.

Entre estas hazañas se cuenta ahora la historia de Dafne Verónica García Guzmán, la niña de cuatro años que en septiembre pasado se convirtió en la primera menor en México en recibir un corazón artificial y por estos días se recupera de un trasplante de corazón de verdad, el de un niño de cinco años fallecido por un tumor cerebral.

“Niñito Dios, te pido muchos juguetes y mi corazón”, escribió Dafne —emotiva petición para la Navidad que se celebra esta noche— hace pocas semanas, en una cartulina que, tras la exitosa operación, ella ha mostrado dichosa desde las páginas de los periódicos y en la televisión. El deseo de la enternecedora chiquilla fue hecho realidad por una conjunción de esfuerzos acopiados en el Hospital Infantil de México Federico Gómez.

Un equipo de médicos coordinado por el jefe del Departamento de Cardiología, Julio Erdmenger, y el jefe del Departamento de Cirugía Cardiovascular, Alejandro Bolio Cerdán, obró el milagro de que en seis horas de quirófano Dafne estrenara el corazón, que fue recibido en donación el 12 de diciembre, aniversario en el catolicismo de la aparición de la Virgen de Guadalupe.

La historia de Dafne muestra los prodigios de la ciencia y los alcances de la medicina pública en nuestro país, logros frente a los cuales quedan reducidas a simple pintoresquismo y anécdotas indeseadas las imprudencias y torpezas de muchos de nuestros políticos. Uno de éstos, el inefable Bronco Jaime Rodríguez Calderón, quien acaba de robarles hasta la ilusión de Santa Claus a los hijos de policías de su estado.

“¡Bien, chamacos! Abracen a su papá cuando tengan chance. Díganle que lo quieren mucho porque ¡el papá de ustedes es Santa Claus! Ya sabían eso, ¿verdad? Ja, ja, ja”, se sacudía de las carcajadas el gobernador de Nuevo León, regodeándose en su indiscreción, convertido en un Grinch no sólo ceñudo sino además malvado y perverso.

La impertinencia de Rodríguez Calderón resultó insolente, ofensiva en una entidad donde apenas días antes había ocurrido un episodio indicativo del nivel que allá y en todo el país han alcanzado la violencia y la inseguridad por cuenta de la guerra contra el narcotráfico, y las consecuencias de esta estrategia en la población infantil.

El 27 de noviembre, individuos armados irrumpieron en una casa de Santa Catarina, donde se realizaba un baby shower, la celebración del nacimiento de un bebé como el que la cristiandad espera recibir esta noche.

Los pistoleros accionaron sus armas y mataron a América de la Paz Manzanares, de siete años de edad, y a Juan Fernando Chaires Alvarado, de cinco, sobrinos de un ex reo sentenciado por tráfico de drogas, quien apenas un mes antes había salido del penal de Topo Chico.

Para sofocar la indignación social El Bronco ofreció recompensa de un millón de pesos para dar con los asesinos. “Quiero poner un ejemplo en ese sentido. Proteger la niñez sobre cualquier cosa. A mí me molesta, me lastima”, dijo entonces el verboso gobernador.

Hace tiempo que la violencia en contra de los niños está enseñoreada en nuestro país. En palabras de Bucio Mújica, “es visible, pero normalizada”. No deberíamos como sociedad resignarnos a que así sea. Tienen que funcionar las herramientas institucionales para impedir que avance la barbarie.

Aun en este escenario de desesperanza, es posible hacer acopio de confianza y optimismo.

¡Feliz Navidad a los improbables lectores de este espacio!

aureramos@cronica.com.mx

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