Pese a todo, la esperanza sobrevive en la frontera norte del país | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017

Pese a todo, la esperanza sobrevive en la frontera norte del país

Hace unas semanas hubo en Michigan dos batallas de transcendencia indudable. Ambas se resolvieron (parece ser un hecho) en contra de mexicanos. En la primera, noticia global, Hillary Clinton perdió allí la competencia electoral y esa derrota dejó en claro que lo impensable pasaría: Donald Trump, el mismo del discurso antimigrante, el xenófobo, el xenófobo, sería el presidente de EU.

Otra batalla, más personal, tampoco terminó bien, en este caso para el mexicano Martín Higuera, quien luego de 20 años en Minnesota, se hallaba en Michigan cuando fue sorprendido por los servicios de inmigración estadunidenses.

Higuera fue deportado y, desde el albergue fronterizo bajacaliforniano en el que se ha visto obigado a vivir, planea su regreso a Estados Unidos, donde está msu familia. 

Higuera es un rostro tradicional de la migración al norte. Hoy convive con otros migrantes –éstos, una novedad en la frontera– procedentes de Haití o Africa. Cada uno de ellos, más los centroamericanos, llegue desde el sur a intertar el cruce o venga deportado, con sus objetivos y sus ilusiones, mantiene viva la esperanza a las puertas (o al pie de los muros) de los Estados Unidos.

No conocía el frío. Joseph Ekoba vivía de la ciudad de Butembo en la República Democrática del Congo. El intenso frío y lluvias que se han registrado en Mexicali en los últimos días, asegura, le hacen añorar el clima caluroso de su país en esta época de Navidad.

Ataviado con una chamarra (es la primera vez que usa algo parecido, nunca estuvo en ciudades tan frías) recuerda que en su país natal sólo había ecos de la celebración católica de la Navidad. Había adornos como las luces o arbolitos, pero realmente lo que se llevaba a cabo en las casas eran rituales animistas y una comida familiar.

 “Sobre todo eran épocas de reunión, de agradecer el haber finalizado el año”, comenta el migrante congolés, quien todas las mañanas acude a un negocio de lavado de autos donde trabaja para reunir dinero en tanto le definen si le será posible entrar a Estados Unidos.

Sergio Tamai Quintero, dirigente del grupo Ángeles sin Fronteras, confirma que para la mayoría de los migrantes será sobre todo una fría navidad. De los 750 que alberga la organización, 600 son afrodescendientes, y en sus países no padecían las bajas temperaturas.

 La presidenta del DIF Municipal, Margarita de Sánchez, señala que hay alrededor de 1 mil 500 migrantes afrodescendientes en Mexicali. La prioridad con ellos es la entrega de cobijas. Se contrató a tres intérpretes del francés que obtener de viva voz las inquietudes de estas personas.

El viento. Isadore Barthe intentaba dormir estos días junto a su esposo Bernard en la azotea del Hotel del Migrante. Ocupaban una de las casas de campaña habilitadas en el área. Sin embargo, el fuerte viento que azotó a Mexicali hizo que su habitáculo volara por los aires.

“No nos asustamos porque en Haití hemos vivido hurcanes, pero nunca sentimos un aire tan helado”, dice.

Tamai Quintero, ante la llegada del frío, el viento y la lluvia, tuvo que habilitar el sótano derruido del edificio del Hotel del Migrante para resguardar a los ciudadanos afrodescendientes.

Isadore y Bernard recuerdan que lo más importante en Navidad era reunirse en familia.

Sus familias han sufrido el terremoto del 2010 y huracanes; muchos emigraron en diferentes direcciones.

“Aun así, y aunque extrañaremos nuestra casa, lo importante es que estamos bien, y estamos juntos. Lo que haya para la cena de navidad, eso estará bien, tenemos dónde quedarnos”, sentencia Bernard.

Respecto a los niños que hay en el albergue, alrededor de 50, se ha buscado a organizaciones ciudadanas a fin de que se puedan donar algunos juguetes en buen estado. Esos serán los  presentes navideños para los pequeños.

Qué lejos queda minnesota. De vuelta a la historia de Martín Higuera, lo que más le pesa es que su familia se encuentre lejos, en Minnesota, donde esperan que él pueda regresar.

 Nostálgico, recuerda sus tiempos en Los Reyes, Michoacán,  adonde ya no regresa porque sus padres fallecieron hace tiempo.

“En Navidad era muy bonito, hacíamos el ponche, un menudo, todo siempre en familia, muy unidos”. Ya en Estados Unidos, se reunían su esposa, sus hijos, y otros familiares que emigraron. Menudo blanco, tamales y birria, a veces pavo, era casi siempre el menú en la cena de Nochebuena.

 Martín explica que en la primera semana de enero le enviarán dinero desde Estados Unidos para apoyar su cruce y reencontrarse con su familia. Señala que  cuando Donald Trump sea presidente, resultará más difícil ingresar.

En Mexicali, Martín ha logrado emplearse en algunos oficios, y debido a que no gasta en hospedaje, pues se queda en el Hotel del Migrante, ha reunido cierta cantidad de dinero para el traslado al vecino país.

 “Estoy muy triste, me llegan recuerdos de cuando pasaba Navidad en Michoacán y también con mi familia en Estados Unidos”, dice.

Pero la esperanza sigue viva con lo poco que haya en el más difícil de los caminos: “Lo bueno es que en el albergue somos muchos; nos hacemos compañía y ya nos dijeron que habrá algo de comida y música para que la pasemos bien un ratito en Navidad”.

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