Negligencia, corrupción, ineptitud o mala suerte… Los perdedores 2016 | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017

Negligencia, corrupción, ineptitud o mala suerte… Los perdedores 2016

Hillary Clinton y su histórico fiasco electoral lideran la lista de las figuras que en 2016 entraron en el museo de los horrores de la política

Negligencia, corrupción, ineptitud o mala suerte… Los perdedores 2016 | La Crónica de Hoy

Hillary Clinton. Estaba destinada a ser la primera mujer presidenta de Estados Unidos y, por consiguiente, la mujer más poderosa del mundo. Pero la noche del 8 de noviembre se convirtió en el fracaso electoral del siglo, por culpa, básicamente, de un sistema electoral obsoleto e injusto, que permitió la victoria del republicano Donald Trump, pese a que la candidata demócrata logró casi tres millones de votos más que el republicano. Lo nunca visto.

A mes y medio de esa anomalía electoral, que coronó la campaña más sucia que se recuerde, en la que los periodistas —incluido el que escribe— caímos en el juego tramposo de Trump y le concedimos una impagable campaña publicitaria, los analistas coinciden en que el principal error de Clinton fue no haber detectado a tiempo el malestar de la clase obrera blanca.

Por el contrario, Trump sí detectó ese “voto oculto” y se fue a los estados del Medio Oeste industrial decadente a prometer la recuperación de puestos de trabajos, a amenazar a las empresas “antipatriotas” que invierten fuera y a acusar a Hillary de apoyar “fronteras abiertas”, por donde se cuelan los inmigrantes “que roban nuestros trabajos y cometen crímenes” y los musulmanes “terroristas”. Se impuso por un puñado de votos en estados Wisconsin, Minnesota, y Pennsylvania, pero fueron decisivos para su victoria final.

¿Cuántas veces se preguntará Clinton por qué en vez de cortejar a ese votante indignado que seguía al populista Trump los llamó públicamente “deplorables”?

 

2.—David Cameron. Apostó, perdió y se marchó. Este podría ser el epitafio de la muerte política del que fue primer ministro de Gran Bretaña desde 2010 hasta el 24 de junio de este año, cuando anunció su renuncia, horas después de perder el referéndum sobre la permanencia de su país en la Unión Europea, el maldito “Brexit”.

Su caso es una mezcla de torpeza y soberbia. ¿Quién iba a creer a un líder tory defendiendo la permanencia de su país en la UE, si el Partido Conservador y él mismo se la pasaron despotricando de la “pérfida Bruselas”?

Pero se confió y pensó que, si había sido capaz de ganar otro arriesgadísimo referéndum un año antes, el de la independencia de Escocia, iba a volver a ganar gracias a un poder de persuasión que sólo él debe creer que tiene.

La realidad es que vendió su alma al diablo (los votantes euroescépticos, liderados por el populista Nigel Farage), creyendo que podría dominarlos, y ahora está desempleado y su país obligado a romper con su principal mercado.

Algún día, pronto, los libros de Historia escribirán sobre el sorprendente caso de los restos de un antiguo imperio haciéndose el harakiri.

 

3.—Dilma Rousseff. La presidenta de Brasil fue destituida el 31 de agosto de 2016, luego de un polémico juicio político abierto contra ella por corrupción. La caída en desgracia de la primera mujer que gobierna el gigante sudamericano fue orquestada por un Congreso infestado de diputados y senadores corruptos, que conspiraron contra ella para intentar salvarse de la ola de indignación popular, cuya gota que colmó el vaso fue el descarado saqueo de la estatal petrolera Petrobras. Ironías de la vida, el Congreso brasileño, el que más legisladores evangelistas tiene en el mundo, no aplica precisamente la enseñanza de Jesús cuando dijo: “El que esté libre de culpa que tire la primera piedra”.

Pero, que nadie se lleve a engaño. Rousseff, al igual que su mentor, el ex presidente Lula da Silva, no están en condiciones de tirar ninguna piedra a nadie. Lo triste del caso de esta antigua guerrillera, encarcelada y torturada por la pasada dictadura militar, es que, como tantos otros mandatarios que llegaron al poder con la bandera de la honestidad y la lucha contra la impunidad, dejó escapar la oportunidad de encabezar una auténtica cruzada judicial y política contra el cáncer de la corrupción y la impunidad. Puede que al final de todos modos hubiese perdido la partida, pero al menos se habría ido con el orgullo de saber que batalló contra los intocables que luchan para que nada cambie.

 

4.—François Hollande. El rostro del todavía presidente de Francia es el vivo retrato del fracasado. Nunca en la historia de la V República un presidente había logrado cotas tan bajas de popularidad. Pero ¿cuál es el secreto de su fracaso? Podríamos resumirlo con una palabra: irrelevancia. Sea cierta o no, da la impresión de que el saco de jefe de Estado le quedó demasiado grande y de que, bajo su mandato, la “grandeur” francesa se ha difuminado y el país sólo es noticia por los salvajes atentados yihadistas, como los ocurridos en Niza y en París por partida doble.

El país que exportó al mundo la palabra chovinista siente, equivocadamente o no, que el llamado “enfermo francés” ha empeorado con él, y muchos piensan que, para que “Francia vuelva a ser grande otra vez”, necesita a alguien verdaderamente patriota, pero lleno de carisma, alguien como la ultraderechista y xenófoba Marine Le Pen.

Consciente de que nada puede ganar ya en política, Hollande anunció a finales de este extraño año que no se presentará en 2017 a la reelección.

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