Octavio Paz: fin de año - Fernando Mayans Canabal | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Octavio Paz: fin de año | La Crónica de Hoy

Octavio Paz: fin de año

Fernando Mayans Canabal

Este último 10 de diciembre se cumplió un aniversario más —la fecha exacta fue 11 de octubre— en que la Academia Sueca decidió otorgar el premio Nobel de las Letras al mexicano, nacido en Mixcoac, Octavio Paz Lozano. Pero no quería en especial evocar esa fecha de la distinción que Octavio Paz nos regaló a todos los mexicanos con su inteligencia y sensibilidad tan especiales, sino quise traer a la memoria la fecha del 10 de diciembre de ese mismo 1990 en que Octavio Paz, ante los grandes del mundo y los científicos más prominente en los saberes humanos, leyó su discurso de aceptación. Honor que por primera vez tuvo un mexicano.

Este año que se fue rápido como el agua de los viejos acueductos de la época virreinal de la Ciudad de México —pienso siempre en el de Chapultepec— o que, evocando una de mis metáforas tropicales, que más que comparaciones son vivencias de infancia, pues para un niño tabasqueño el río es desde siempre (aunque él no lo sepa) la comparación esencial que se establece entre el paso del tiempo y el fluir perenne de las aguas, dediqué en mis notas espacio y tiempo para recordar a Paz. No olvido decirle a todos que precisamente algunos de los importantes eventos que organizó la Comisión de Seguridad Social del Senado los llevamos a cabo en el auditorio que lleva su nombre, y que bajo tal hay una placa que dice: O.P. Mexicano. Ciudadano del mundo.

Digamos sin exagerar en lo más mínimo que muchos de los eventos del Senado que se llevan a cabo, tienen su gesta o se ejecutan bajo su  buen nombre; como los antiguos mexicanos querían en su quehacer diario protección de un dios principal, de una deidad de lujo, seguimos su ejemplo.  Ese gesto de protección por el nombre en la antigua cultura azteca, y en todas las demás culturas importantes de nuestro querido y rico culturalmente México es un buen signo, un privilegio o un ritual bajo el cual los seres humanos amparamos nuestras acciones. Honra al Senado que nuestro auditorio lleve este nombre.

Mi admiración por Paz viene de mis tiempos preparatorianos en que por obligación escolar leímos su Laberinto de la Soledad. Natural, apenas comprenderlo para un joven que no sobrepasaba los 18 años. Pero mi verdadera admiración se dio cuando fui a la presentación de un libro suyo el 28 de septiembre de 1987 en la desaparecida librería francesa (una edición de coleccionista, con ilustraciones de Arnaldo Cohen) y sus lectores pudimos convivir y platicar con él. El recuerdo de un Octavio Paz tan eminente que atendía y gustaba de su lector nunca lo he olvidado; esa noche me recordó a un tabasqueño que fue para él un hombre esencial en su vida: José Gorostiza. Y por cierto, reitero ese gusto por la naturalidad con que Paz nos trató a todos. La gente por lo común no esperaría esa sencillez —así haya sido casual— en un hombre de tales cualidades. Después, he persistido en la medida de lo posible en su obra, sobre todo En la llama doble, y cargo conmigo un ejemplar de la pequeña antología Claridad errante, encuadernado especialmente para mí por un buen amigo. Esa antología lleva su poema Piedra de Sol, y yo descubrí en uno de sus escritos la diferencia entre ser humilde y ser modesto. Su mamá se la enseñó y yo la aprendí de allí. Esa magia es la de la cultura, la magia de la letra.

Los sabios de todas las épocas comprendieron que era necesario inventar un tiempo nuevo: un calendario que renovara la esperanza humana en el futuro. Para terminar el año preferí despedirme de los lectores de Crónica con un pequeño poema de Paz, que lleva cauce directo al corazón del hombre. A todos los lectores de Crónica que durante todo un año me han hecho el honor de darme el tiempo de su lectura, les doy mi agradecimiento. Valoro mucho la atención que me brindan.

Así que los dejo con Octavio Paz y su poema Hermandad.

Soy hombre: duro poco Y es enorme la noche, Pero Miro hacia arriba: Las estrellas escriben. Sin entender comprendo: También soy escritura Y en este mismo instante Alguien me deletrea.

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