Cuando la voluntad política no es suficiente: la universalidad de la salud - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Cuando la voluntad política no es suficiente: la universalidad de la salud | La Crónica de Hoy

Cuando la voluntad política no es suficiente: la universalidad de la salud

Carlos Matute González

El presidente Peña Nieto, en su gira por Tlaxcala, durante la inauguración del Hospital General de San Pablo del Monte, declaró: Dejemos de tener competencias y esfuerzos aislados del IMSS, ISSSTE, de los hospitales del sector salud. Hoy lo que estamos buscando, con la universalización, es asegurarnos que toda esa infraestructura sirva de mejor manera a partir de una mayor coordinación de esfuerzos de las institucionesl.

¿Instrucción, deseo o regaño? Lo cierto es que en este año se suscribió un acuerdo entre las instituciones públicas de salud con el propósito de que se hicieran referencias hospitalarias entre ellas (tanto intercambio como recepción de pacientes), lo que busca aprovechar mejor la capacidad instalada aumentando la oferta de servicios y reduciendo los tiempo de atención, pero con pocos resultados hasta la fecha.

¿Por qué? ¿Hay una desatención de las instrucciones presidenciales de los titulares de los órganos de directivos de los hospitales? ¿Hay una defensa de cotos de poder del gremio de las batas blancas? ¿Hay una oposición de los líderes sindicales? ¿Hay una apatía de los trabajadores? No lo creo. Hay procesos de cambio social e institucional que requieren más que voluntad política para que haya resultados.

En la universalidad de los servicios de salud es indispensable que el gobierno tome decisiones firmes y sea constante en esa voluntad política, pero no es suficiente. Durante más de setenta años hemos construido en México un sistema de atención médica fragmentado por grupos y regionalmente. Por un lado, aquellos que tienen un empleo formal y cotizan a un instituto de seguridad social  (IMSS, ISSSTE, ISSSFAM y los institutos estatales) dividido en dos, trabajadores en general y trabajadores al servicio del estado. Por otro lado, la población abierta atendida a través de la red de los servicios de salud federales o estatales. La medicina privada representa un porcentaje relativamente pequeño en este universo.

En los últimos años se amplió la cobertura significativamente al grado que se puede afirmar que casi es total, pero las estrategias de extensión de la misma generó duplicidades y exclusiones, así como esquemas diferenciados de atención médica.

Desde la década de los ochenta, la oferta de servicios médicos creció constantemente, con el proceso de descentralización de los servicios de salud a los estados, la creación y expansión de IMSS-COPLAMAR (ahora IMSS Progresa), las reformas de la seguridad social que abrieron la posibilidad de portabilidad de derechos entre institutos, la mejora regulatoria y crecimiento de los seguros de gastos médicos mayores, la implantación del seguro popular, las estrategias de incorporación voluntaria a los regímenes obligatorios de la seguridad social, la construcción de hospitales con base en esquemas de financiamiento público privados, las políticas de subrogación de servicios saturados, entre otras acciones.

Sin embargo, esta expansión fue diseñada con lógicas financieras, administrativas y operacionales separadas institucionalmente con resultados diferenciados. Un análisis superficial de la estructura de costos o los tabuladores de sueldos demostraría esta afirmación.

Este año, el Secretario de Salud propuso revertir esta tendencia como fundamento de un sistema homogéneo de atención (universalización) en el que hubiera un paquete básico para toda la población pagado con recursos presupuestales provenientes de impuestos generales, disminuyendo la carga a la nómina (aportaciones de seguridad social) con lo que se eliminaría el diferencial en el servicio entre los trabajadores formales e informales, así como la población abierta. 

La implementación de un sistema de referencia de pacientes es el primer paso necesario, pero que requiere un gran esfuerzo institucional y el trazo de una ruta crítica precisa que considere reingeniería de procesos para que se facilite la interconexión institucional. Ésta es una labor titánica, ya que implica cambiar inercias de más de cuarenta años y convencer a millones de trabajadores de la salud. Un año no alcanza. Ahí es cuando la voluntad política no es suficiente.

La universalidad de la salud en México es un proceso que afortunadamente ya se inició, pero los primeros resultados se verán a mediano plazo. Ni las promesas de campaña, ni las cartas de intelectuales, ni las presiones de la sociedad civil son suficientes, es necesario trabajar más en el mismo sentido durante la próxima década para eliminar duplicidades y tratos desiguales, así como aumentar la equidad en la atención y hacer efectivo el derecho humano a la salud.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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