Fin de año - Edgardo Bermejo Mora | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Fin de año | La Crónica de Hoy

Fin de año

Edgardo Bermejo Mora

Cito a José Emilio Pacheco para esta última entrega del año:

De algún tiempo a esta parte, las cosas tienen para ti el sabor acre de lo que muere y de lo que comienza. Áspero triunfo de tu misma derrota, viviste cada día con la coraza de la irrealidad. El año enfermo te dejó en rehenes alguna fechas que te cercan y humillan, algunas horas que no volverán pero que viven su confusión en la memoria.

Este año lo recordaré como el año en que se vendió ese espacio que reconozco como mi Comala y mi Ítaca: la casa de mi madre y mis abuelos. Mi espacio fundacional al sur de la Ciudad de México, cerca del Metro Taxqueña, al que siempre regresé con los años como regresa a Comala el personaje de Juan Rulfo en busca de su origen, y como regresa a Ítaca el homérico Ulises en busca de su destino. Mis Penélopes fueron mi abuela, mi madre, mi tía y en los últimos años mi hermana. Esa casa ya no existe más. La construyó mi abuelo Moisés Mora en 1961, ahí se terminaron de criar mi madre y sus seis hermanos, ahí transcurrieron las estaciones de mi infancia. Ahí murió el abuelo en 1966, mi abuela en 2009 —que como Frances Haslam, la abuela de Borges, “pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio”, y ahí también murió mi madre en 2012.

Esa casa resume mi educación sentimental, mi idea del barrio y la familia, mis primeros atisbos de amistad, la calle de las canicas, de pedalear la bicicleta y de los atardeceres lúdicos. La casa en fin, como origen y como destino, terminó de ser mi casa y transitó al espacio irrevocable de la historia y del pasado una mañana de este último verano, cuando sus últimos herederos firmamos el contrato de venta. Este año que termina se lleva entre las hojas más íntimas de mi almanaque este espacio que fuera tan mío y de mi familia.

Regreso a Pacheco:

Comenzaste a vivir y a darte cuenta de que el misterio no va a extenuarse nunca. El despertar es un bosque de hallazgos, un milagro que recupera lo perdido y que destruye lo ganado. Y el día futuro, una miseria que te encuentra solo: inventando y puliendo tus palabras.

Este año también se amotinó, fatídico, en el luto incesante por la muerte de algunos seres queridos que nos dejaron en los últimos meses. Con motivo del día de muertos, les dediqué a algunos de ellos unas líneas que reproduzco de nuevo en este recuento de mi 2016:

Hoy rezo por mis muertos

que me mantienen con vida.

Memoria y no olvido.

Rezo por ellos:

por mi madre,

quiero decir, por su casa,

por su patria y los cimientos.

Por Gerardo López y

sus laberintos de la fe.

Por Rafael Ferragut,

por la complicidad del pasillo

y por las cosas que prefería no hacer.

Por Ignacio Padilla,

y la tarde en Copenhague y los

cuentos de Andersen que leímos

entre risas, salmones y cervezas.

Por Teodoro González de León,

que miró al mar

y me enseñó a mirar

a esa otro mar que es el arte,

en el Museo de Lousiana.

Por Paul Parkinson,

que equivocó el siglo

y conversaba con Handel

en el metro de Londres.

Por Luis González de Alba,

que se colgó de la historia y de la luna un dos de Octubre

que bebió de la cicuta un dos de Octubre

y combatió la idiotez de los vivos cada dos de Octubre.

Hoy rezo por los muertos

que se rebelan a morir,

por los insumisos de la muerte

por los muertos que viven en mí,

y por mí mismo,

que anticipo con palabras

a la muerte

que escribo para no olvidar,

para no olvidarlos,

para no olvidarme.

El año cerró con otras dos perdidas sentidas para mí y para muchos. Mi querido maestro y amigo, el escritor Guillermo Samperio. Y Rafael Tovar y de Teresa, de cuyo legado abrevamos todos quienes hacemos o nos dedicamos a la cultura en México en el último cuarto de siglo. Tovar fue, en una palabra, el artífice mayor de la generación a la que pertenezco.

Y Fidel Castro, cuya muerte es el principio y el final de muchas cosas que nos importan. La noche de su muerte escribí esto desde Guadalajara:

“El destino, o su espejo que es la historia, me depararon esta escena. Hace un momento, en el elevador del hotel en Guadalajara donde me encuentro, me toca subí.

Concluye Pacheco:

“Caminas y prosigues y atraviesas tu historia. Mírate, extraño y solo, de algún tiempo a esta parte”.

Cierra pues un año tremendo, intenso en muchos otros sentidos, con la alegría de haber celebrado en el British Council la enorme tradición que heredamos de William Shakespeare en México a cuatro siglos de su muerte. Un año también de cierre de ciclos y conclusiones… y un año de sustos: el año de Trump y del Brexit.

Un año de amores y desamores y viceversa.

Un año que solo deja lugar, en la última página del almanaque de este sábado 31 de diciembre, a dos palabras para recibir el 2017: esperanza y renovación.

www.britishcouncil.org.mx

https/Facebook.com/BritishCouncilMéxico

@mxbritish

Imprimir

Comentarios