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¿Son JO un gasto o inversión?

La dificultad del Comité Olímpico Internacional para encontrar ciudades dispuestas a ser sede de los Juegos Olímpicos y las pérdidas millonarias generadas por algunas competiciones deportivas contrastan con los beneficios arrojados por otros torneos y el creciente interés por disciplinas como el triatlón, y alimentan una duda: el dinero que va al deporte ¿es un gasto o una inversión?

La cancelación esta semana del próximo Tour de Catar, por falta de financiación y a solo un mes de que los ciclistas tomaran la salida, es el último ejemplo de las dificultades para sacar adelante algunas pruebas deportivas. Incluso en Oriente Medio.

Solo tres ciudades -París, Budapest y Los Ángeles- aspiran a organizar los Juegos Olímpicos de 2024, después de que los ayuntamientos o los ciudadanos en referéndum decidieran retirar las candidaturas de Hamburgo y de Roma.

La crisis económica de los últimos años y el impacto que causó en los corrillos olímpicos saber que Rusia se había gastado en los Juegos de Invierno de 2014 unos 50 mil millones de dólares asustaron a otras aspirantes interesadas en futuras sedes.

Cuando el próximo 13 de septiembre los miembros del COI se reúnan en Lima para elegir la sede de 2024, las votaciones quedarán reducidas a la mínima expresión, con sólo tres ciudades en liza. Lo peor para el COI es que esta escasez puede convertirse en tendencia: la última elección, la de los Juegos de Invierno de 2022, fue un mano a mano entre Almaty y la ganadora Beijing.

Juan Antonio Samaranch, vicepresidente del COI, opina que la solución para que la organización de competiciones deportivas sea rentable pasa por hacer de ello “un medio, en lugar de un fin”.

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