Cuando ir a la escuela es un placer | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

Cuando ir a la escuela es un placer

La señora María de los Ángeles acompaña a la pequeña Rosy a la escuela todos los días.

Levantarse temprano, arreglarse, desayunar y salir a tiempo para ir a la escuela, para cualquier estudiante de sexto de primaria no representa ningún mérito, prácticamente es su única responsabilidad en el camino de su formación académica e irse forjando un futuro.

Cuando se tienen 11 años nada parece imposible, comienzan los sueños, las ilusiones, la de Rosalía Hernández Gutiérrez es terminar su primaria, está a poco de conseguirlo y será una egresada más de la Escuela Primaria Amalia González Caballero, ubicada en la delegación Azcapotzalco.

Pero no, Rosy no será una egresada más, ella es una niña muy especial. Todo en ella lo es. Su sonrisa franca siempre a flor de piel, con ese aire de inocencia que enternece y sus ganas de vivir, de salir adelante, de no darse por vencida se contagia. Incluso ya se prepara para continuar sus estudios en una telesecundaria, pese a su capacidad diferente.

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

La grandeza de doña María de los Ángeles Fernández, madre de la pequeña, también es especial, siempre detrás de su hija, su pequeña Rosy como es llamada con cariño por sus compañeros y profesores de la primaria.

Todos los días, poco antes de que den las ocho de la mañana, doña María de los Ángeles, quien nació con un problema congénito: agenesia en mano derecha, entra a la escuela empujando la silla de ruedas de Rosy, quien tiene parálisis cerebral moderada.

Para madre e hija, estas capacidades diferentes no han sido impedimento alguno para luchar juntas por salir adelante y lograr un mejor futuro para Rosy.

Los estudiantes más chiquitines, los de primer año, la miran con respeto, saben que es una estudiante de la Amalia González Caballero porque lleva el uniforme, la única “diferencia” es la silla de ruedas de Rosy y todos se hacen a un lado para cederle el paso cuando es conducida a su salón.

Durante una charla con Crónica, doña María de los Ángeles confiesa no saber si podrá conceder la entrevista y es que los sentimientos al recordar lo que pasó hace más de una década y que pudo haber perdido a su pequeña Rosy durante la labor de parto, le dificultan el relato.

Un par de lágrimas escapan de sus ojos, se hace un silencio que duele y se comprende. De pronto toma aire, contiene la respiración por unos segundos y cuenta:

“Al momento del parto, Rosy traía el cordón umbilical enredado en el cuello, lo cual le provocó falta de oxigenación en el cerebro y generó también parálisis cerebral moderada espástica (un niño con este padecimiento no puede relajar los músculos o podría tener músculos rígidos)… pero ahora, a fuerza de tanto luchar, vamos saliendo adelante”.

UNA ESCUELA MODELO

La escuela primaria “Amalia González Caballero”, en la delegación Azcapotzalco, se ha caracterizado por ser una de las que tienen el mejor nivel académico de la zona, pero no sólo se destaca por eso, sino por el profesionalismo de su personal docente, quienes brindaron comprensión, solidaridad y apoyo a Rosy y a doña María de los Ángeles, cuando más lo necesitaron.

Cuando Rosy entró a primer año se mandaron construir rampas de acceso para facilitar la movilidad de la pequeña y poder tener acceso a los salones con su silla de ruedas, además se ampliaron dos baños.

Sin faltar a la cita, todos los martes y jueves acude a sus terapias de rehabilitación en el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT) en Tlalnepantla, Estado de México, y se incorpora a clases después del mediodía, para salir a las cuatro de la tarde, ya que dicha escuela es de tiempo completo.

TODO ESFUERZO HA VALIDO LA PENA

El esfuerzo de llevar a la pequeña a sus terapias en el CRIT en taxi y regresarse igual ha valido la pena. Hoy Rosy cuenta con una silla especial, donada por Teletón, que le da mejor postura de su columna vertebral, además de que paulatinamente ha ido disminuyendo la rigidez de sus brazos y los movimientos involuntarios, han quedado controlados.

Para aprender, Rosy es más visual y auditiva, cuenta con orgullo su mamá, “aunque también tiene grandes logros como escritura y obedece a lo que le dice el maestro. Además, en el salón de clases cuenta con el apoyo de todos sus compañeros, le ayudan a recortar cosas cuando lo necesita, si se le caen sus útiles, no falta quien la auxilie y se los levanta. Su esfuerzo por aprender se ha visto coronado con un promedio de calificaciones de 7, muy bueno si tomamos en cuenta que es resultado de todo el esfuerzo y perseverancia de mi hija”, sonríe doña María de los Ángeles, mientras relata.

La felicidad le invade el alma a la mamá de Rosy cuando resalta que su pequeña ya está a un paso de la secundaria, respira profundo, aprieta su mano izquierda, como queriendo contener las lágrimas de emoción que están a punto de brotar, “se pasaron los años volando. Son seis años que parecen haber transcurrido en un abrir y cerrar de ojos”.

Yo lo único que quiero es que ella pueda valerse por sí misma el día de mañana, finaliza doña María de los Ángeles. Se despide, mientras gira la silla de ruedas, con esa habilidad y esa fuerza, que sólo Dios sabe de dónde la sacan las mamás por sus hijos. Tomarán vacaciones de verano, para regresar en enero próximo, a seguir adelante, juntas.

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