¡A sacar las bicicletas!

Rosa Gómez Tovar

Este 2017 inicia con mucha incertidumbre para los mexicanos, para la gran mayoría de la población el aumento de la gasolina ha sido como un balde de agua fría recordándonos que la situación económica será difícil en este nuevo año.

Cerramos el último mes de 2016 con aumentos a la tasa de interés que ha encarecido el crédito poniendo en aprietos a las personas que usan sus tarjetas de crédito y mantienen saldos por pagar mes con mes, y también desincentiva la inversión para nuevos proyectos pues ahora se tendrá que pagar más por cada peso que se pida prestado.

Las perspectivas de crecimiento en nuestro país son francamente decepcionantes para el siguiente año (entre 1.5% y 2.4% dependiendo que tan optimista se sea) y la incertidumbre mundial ante lo que vaya a pasar en Estados Unidos con Trump al mando genera pronósticos desalentadores en muchas regiones del mundo.

El aumento al precio de la gasolina, además de afectar directamente a aquellos que conducimos automóviles,  puede desencadenar aumentos en otros precios por el incremento del costo de distribución de más productos y significar un incremento importante del precio del transporte público.

La explicación que se ha dado desde el gobierno es que el precio ahora se liberalizará, permitiendo que haya mayor competencia y entonces tendremos precios de mercado. Ojo: Esto como lo estamos viviendo no significa que los precios vayan a bajar.

Esta es una decisión que políticamente resulta negativa para el Presidente y su partido, de hecho no se entiende por qué harían algo así con elecciones tan importantes como la del Estado de México.

Definitivamente no se trata de una preocupación por la contaminación generada por las emisiones de carbono por el uso de este combustible, si el gobierno quisiera reducir emisiones tal vez habría mayor inversión en el uso de energías más limpias.

O tal vez habría un mayor desarrollo de medios de transporte menos contaminantes o transporte público más eficiente.

Tal vez la explicación más coherente está relacionada con el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que se cobra por adquirir gasolina. Hasta el año pasado, la lógica de dicho impuesto era absorber el efecto que tenía la volatilidad del precio del petróleo en el precio internacional de la gasolina en México, al estar este regulado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

 Si el precio a nivel mundial era mayor que en México, la existencia del IEPS representaba un subsidio para los consumidores, mientras que cuando el precio en nuestro país era mayor que el internacional, significaba ingresos para el fisco.

Ahora, dado que el primer escenario ya no existirá, el IEPS representa una fuente de ingresos segura para el gobierno. Ante un escenario económico desafiante, la recaudación del Impuesto Sobre la Renta (ISR) puede ser menor por los menores ingresos de la población, y con menores recursos por el petróleo, el gobierno debe buscar nuevas fuentes.

Ante una decisión tan poco popular, lo que se demanda es una explicación clara y transparente de lo que el gobierno está planeando. Mientras descubrimos que es lo que pasa, tendremos que apretarnos el cinturón para cubrir el aumento de este vital precio o empezar a utilizar de forma más frecuente nuestras bicis.

rosagomeztovar@outlook.com

 

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