Los tristes juguetes

Wendy Garrido Granada

"Los juguetes son esencialmente un microcosmos adulto; todos constituyen reproducciones reducidas de objetos humanos, como si el niño… sólo fuese un hombre más pequeño, un homúnculo al que se debe proveer de objetos de su tamaño”, dice el semiólogo y filósofo francés Roland Barthes en su extraordinario libro Mitologías.

Hace unas semanas intenté comprar un obsequio para mi sobrina menor. En los pasillos de la tienda departamental había un sinnúmero de opciones, ninguna que no representara ese microcosmos adulto. Desde las clásicas muñecas —ahora más sofisticadas— que orinan, defecan y lloran hasta autos de marcas de lujo y juegos sobre profesiones (médicos y químicos, los más populares).

Los juguetes buscan hacer niños usuarios, no creadores, enfatiza Roland Barthes. Prefiguran literalmente el universo de las funciones adultas; preparan al niño para que las acepte en su totalidad; le generan, aun antes de que reflexione, la seguridad de una naturaleza que siempre ha creado soldados, empleados de correos y motonetas, prosigue el semiólogo.

No se le podría contradecir a Barthes: los juguetes son la forma en que los niños entran al mundo. Son por los que se preparan para un sistema establecido. Por eso, existe el típico cliché del niño jugando con la caja que envuelve el regalo o juguete, ignorando por completo el objeto. Ésa es la esencia real de la infancia. Crear e imaginar mundos sin sentidos o parámetros de adulto.

Lamentablemente, en el mundo actual, jugar requiere objetos específicos que condicionan y limitan la imaginación de todos los niños. Siempre agradezco haber nacido en el campo y no la ciudad. Tenía mucho más espacio para correr, brincar y, sobre todo, para construir mundos con mis primos y amigos de la infancia. Los juguetes eran sólo objetos secundarios que participaban en nuestros juegos.

Ahora los niños tienen menos espacios para jugar, crear e imaginar. Entre departamentos 4x4, parques peligrosos que necesitan de supervisión adulta por la violencia y los robos, los menores se ven condicionados a usar juguetes específicos.

Los juguetes no tienen género. Padres y madres mucho más conscientes están impulsando una campaña para cambiar los estereotipos de género impuestos a través de los juguetes. Las muñecas, el color rosa, los juegos de té, cocina y otros juguetes no son propios de las niñas, así como los juguetes de construcción, los carritos, muñecos de acción y el color azul no son específicamente para niños. Los juguetes son objetos neutros. Objetos que —aunque preparan a los menores para entrar al sistema— deben ser libres de prejuicios y estereotipos.


@wendygarridog
wengarrido@gmail.com

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