Sólo el 10 por ciento de las nuevas obras tiene calidad: Manuel Felguérez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

Sólo el 10 por ciento de las nuevas obras tiene calidad: Manuel Felguérez

Entrevista. La verdad es que la mayoría que he visto me parecen vaciladas. Aunque sé que así tiene que ser, porque el arte siempre ha estado en constante transformación desde que empezó y cada nueva manera prestigia la anterior, añade el artista zacatecano

Manuel Felguérez dice que no toma en cuenta las críticas a su obra, aunque la mayoría han sido buenas.

“Habrá cuando mucho un 10% que acepto que está bien, pero la mayoría de las nuevas creaciones me parecen vaciladas”, dice Manuel Felguérez en entrevista, en la que afirma no tomar en cuenta las críticas y se muestra despreocupado por las ventas de sus obras.

El artista está sentado en la sala de su taller ubicado en la colonia Olivar de los Padres. En medio de pinceles, pinturas de varios colores y, por supuesto, óleos de gran tamaño, además de una taza de café, tiene la disposición para hablar de varios temas.

“De lo que he visto nuevo, habrá cuando mucho un 10% que acepto que está bien, pero la verdad es que la mayoría me parecen vaciladas. Aunque sé que así tiene que ser, porque el arte siempre ha estado en constante transformación desde que empezó y cada nueva manera prestigia la anterior”.

El artista nacido en Zacatecas en 1928 apunta que las nuevas generaciones son las encargadas de otorgar el lugar que merecen sus antecesoras: “Dicen que cuando aparece el plástico, prestigia al vidrio, cuando aparece el concreto, prestigia al barro. Cada nuevo material prestigia al anterior. Lo mismo sucede con las nuevas generaciones. Necesitamos morirnos y que salgan los nuevos para que digan: ¡Qué buenos eran los anteriores! No puedes pedir a miles de personas que  inventen cosas y todas valgan, la mayoría serán malas. De ahí saldrán unos cuantos que marcarán la época, el siglo y el cambio”.

Incluso del porcentaje que menciona, al artista le es complicado mencionar a alguien específicamente, y el primero que se le viene a la mente es Gabriel Orozco. “Veo a Gabriel Orozco y creo que es igual a mí, hace gráfico como yo hice gráfica, a veces hace cosas de arquitectura, lo que hace me gusta. Si digo otros nombres no los conocen. En México hay cinco o seis bastantes buenos que empiezan a ser reconocidos. Mundialmente tampoco hay muchos, yo siempre voy a Nueva York a ver qué hay de nuevo y me cuesta trabajo encontrar algo que medio pase”.

El egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas indica que la falta de calidad en las obras de arte se debe en gran medida a la globalización. “Es un proceso que en el que los mismos conceptos estéticos los están siguiendo los mexicanos y los ingleses, creo que por eso empieza el arte mexicano joven comienza a tener relevancia en otras partes del mundo, pero a la vez que empieza a crecer en todo el mundo también se crea mucha competencia. El arte es colectivo, es una invención de la humanidad, de mucha gente, todos los que quieren hacer arte está poniendo un granito”.

Como artista, acepta que ha producido varias obras y de todas ellas no se arrepiente de ninguna, porque cuando trabaja tiene presente que debe destruir lo que no le gusta, aunque con escasas excepciones. “Por ahí tengo dos o tres cosas guardadas porque tengo duda, pero no las enseño, para ver si en una de esas me convence y digo “sí tiene algo”.

A parte de las obras sobre las que tiene dudas, están las piezas por las que le pagan: “Cuando es obra pública, te contratan para hacer una escultura en la calle, te dicen que tiene que estar para tal mes, con ciertas medidas, en determinado tiempo, que no rebase terminado presupuesto y con quién sabe qué tantas cosas más. Trabajas limitado. Cuando la terminas dices, pudo haber sido mejor y no la puedes destruir porque ya te la pagaron”, comentario que le provoca un poco de risa y aprovecha para beber un poco de café.

El ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes 1998 confiesa ser autocrítico y valorar su trabajo, lo que no toma en cuenta son las críticas, aunque en su mayoría han sido buenas. “Si enseño mis críticas, que son muchas, nunca he tenido una mala, pero al principio sí. Cuando hice el Mural de Hierro para el cine Diana, como era muy nuevo, salieron muchas críticas, al grado tal que los que iban a alquilar el cine dijeron “yo no lo alquilo con esa basura en la pared”. No nada más eso, cuando hice otro mural para Nuevo Laredo, el presidente municipal ordenó tirarlo al río”.

Con el paso del tiempo aprendió a tomar con filosofía los comentarios, más porque la gente es muy diversa, sobre todo cuando recuerda cuando hizo el Museo de Arte Abstracto, en Zacatecas. “El miedo era que en una ciudad tan conservadora, tan vernácula, qué iban a hacer un lugar lleno de arte abstracto, pues aguantaron caña. Les encantó y ahora es como un orgullo local. Nunca sabes cómo va a ser la reacción de la gente, con la crítica es lo mismo, es gente con su propio gusto. Lo que pasa es que cuando ya tienes cierto nombre, ya no se atreven a decir que es horrible lo que haces, porque se desprestigian ellos.”

A propósito de las críticas, recuerda el comentario que le hizo Octavio Paz en 1973: “Lo que me escribió Paz siempre lo presumo porque estoy seguro que era un pensador increíble y me encanta lo que escribió de mí. En cambio, con otros, digo no pues que mejor no lo lea nadie porque no se entiende lo que dice”.

El autor de El espacio múltiple está consciente de que a veces la crítica le ayuda no sólo a proyectar su carrera sino a que gente quiera comprar su obra, pero el dinero es algo que no le interesa del todo. “No me interesa porque no me hace falta. He vivido con lo que lo que produzco y lo que voy vendiendo; así está bien, no quiero más. Si me dan más qué hago con eso, ¿guardarlo en el banco? Luego te mueres y después el banco se lo queda”.

Pareciera que la muerte no le preocupa a Manuel Felguérez, más bien se preocupa por llegar a los 100 años con capacidad para seguir creando, aunque lo que quisiera crear es algo que nadie puede. “Quisiera crear años, porque sé que voyde salida, llevo 70 años produciendo. No es que te mueras es que te vuelves tonto. El arte no se vuelve tonto, pero si te da una embolia ya no eres capaz, o te da Alzheimer, y ya no puedes. Lo que único que deseo es llegar a los 100 años entero y luego ya retirarme”, finaliza no sin antes reír por el comentario.

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