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Totoaba, un pez acosado por redes asiáticas y criminales mexicanos

Buches de totoaba exhibidos luego de un decomiso ralizado el año pasado. Junto, presentación de otras vejigas realizada por autoridades estadunidenses

Dos hombres de origen chino esperan despreocupadamente en un conocido hotel de Calexico, California. A simple vista, parecen dos empresarios que descansan en este tranquilo poblado desértico de 30 mil habitantes. Cerca de allí está la frontera con México.

La escena comienza a tomar otro rumbo cuando estos hombres, restauranteros de California, reciben sin ningún disimulo, varias cajas procedentes de México. Es entonces cuando policías, incluyendo agentes de la United States Fish and Wildlife Service, aparecen y los aprehenden. Las cajas contenían buches de totoaba. Codiciada y vendida a precios descomunales en China, Taiwan, Hong Kong y Vietnam, la totoaba es un pez que habita sólo en el Mar de Cortés, el mismo al que Jacques Cousteau llamó Acuario del Mundo. Es también en el centro de una red internacional de tráficos ilegales.

La totoaba está en peligro de extinción y hace cinco años se intensificó la demanda de sus vejigas para preparar una sopa. El pez es sacrificado en el Golfo de Baja California para arrancarle la vejiga o buche; el destino final del valioso despojo es Asia. Socios en Estados Unidos y Baja California, se encargan de hacerla llegar, según revelan autoridades de Estados Unidos y México.

Las fiscales estadunidenses Valerie Chiu y Melanie Pierson puntualizan –en un documento interno del Departamento de Justicia de Estados Unidos, del que Crónica tiene una copia– que en los últimos cuatro años se han detenido a más de 15 personas involucradas en el tráfico ilegal de buches de totoaba en la frontera norteamericana con México.

El documento también detalla el modus operandi de estos grupos criminales.

Restauranteros y empresarios de origen chino del área de Oakland, San José, Sacramento y el Sur de California, ordenan los buches para venderlo en las sopas que sirven sus negocios, pero una parte será remitida a China, Taiwan y Hong Kong, vía el puerto de San Francisco.

La sopa de vejiga de totoaba se puso de moda en los países asiáticos en los que el poder adquisitivo ha aumentado.

Según el agente especial de la United States Fish and Wildlife Service, Roger Turnell, entrevistado para este trabajo, el tráfico de buches existe desde hace casi 100 años, con altibajos en diferentes épocas; pero el riesgo actual es crítico, pues un resurgimiento hoy, cuando el pez está en peligro de desaparecer, puede extinguir la especie.

“Las organizaciones criminales (involucradas) son más fuertes, mutan, se modifican y fortalecen, no podemos dejar de lado el tema ni permitir que trafiquen con una especie en peligro de extinción”, expresa el agente Turnell.

La diputada federal por Baja California, Nancy Sánchez Arredondo, hace referencia a que durante este fin de año se aprobó en San Lázaro una reforma al Código Penal Federal y la Ley Federal Contra la Delincuencia Organizada, así que las penas y sanciones contra quienes trafiquen con la totoaba han aumentado.
La legisladora enfatiza que ahora se impondrían penas de hasta 18 años de prisión. Sin embargo…

Mafia y gente armada. También consultado, el investigador de la Universidad Autónoma de Baja California, Alberto Tapia Landeros, menciona que hay temor entre los residentes de San Felipe, la bahía en el Mar de Cortés donde inicia el tráfico de totoaba. Los habitantes reportan que se ven ahora hombres con armas largas en la población.

“Hay denuncias, reportes de que gente armada, extraña al puerto de San Felipe; están llegando y vigilan que nadie se inmiscuya en el tráfico de buches de totoaba. Esto es muy peligroso, pues estamos permitiendo que se meta el crimen organizado y mafias internacionales. Las autoridades quitan y ponen inspectores, quienes son amenazados y comprados”, expone Tapia Landeros.

El puerto de San Felipe es un punto turístico y perteneciente al extenso Municipio de Mexicali. Sólo en temporada alta hay una buena afluencia de visitantes. Para protección de especies endémicas como la vaquita marina, se restringió la actividad pesquera. Los lugareños se encuentran la mayor parte del año en el desempleo o con entradas provisionales de dinero.

Roel es uno de los pescadores de San Felipe e indica que las oportunidades laborales en el puerto no existen. Refiere que hace un año empezaron a llegar asiáticos acompañados de empresarios locales. Con cantidades importantes de dólares en la mano, persuaden a los lugareños a pescar totoaba y extraer los buches.

Secándose el sudor, y acomodándose la gorra en la que se lee “Yo amo a San Felipe”, Martín, tercera generación de pescadores en su familia, va más allá y relata que en los últimos meses prácticamente se ha forzado a quienes se dedican a esta actividad. Ante la negativa de algunos, han llegado las amenazas e intimidaciones, incluso con armas.

“Nos encontramos en una encrucijada, porque no tenemos ingresos para sacar adelante a nuestras familias; el turismo está muy flojo. También sabemos que pescar la totoaba es delito, entonces hay quienes no queremos asumir ese riesgo, pero estamos solos ante estas mafias. Además a quienes detienen con los buches, a los días salen libres y vuelven a pescar”, sentencia Rosario, otro de los pescadores.

En lo que respecta a las autoridades mexicanas, funcionarios de Profepa y Sagarpa entrevistados por este medio, optan por hablar en anonimato. Reconocen que existe una red internacional liderada por empresarios asiáticos y en la que ya están los cárteles de la droga y algunos habitantes de San Felipe.

Los traficantes ahora acuden por las noches a extraer la totoaba. Una vez que sacan la vejiga natatoria o buche, les colocan piedras en el hocico, a fin de que se hundan y no queden a la deriva, a la vista de las autoridades. Hace unos años, los restos de los peces sin el buche llegaban a las playas arrastrados por la marea de San Felipe.

Destino final. En las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades de Estados Unidos, se descubrió que los propietarios de restaurantes de comida china en la zona del Valle Imperial, cerca de la frontera con Mexicali,  hasta Sacramento, en el Norte de California, ordenan habitualmente vejigas de totoaba.

En el caso de la detención de Oi Chung, un ciudadano de origen chino de Calexico, se reveló que un mexicano, que es actualmente investigado, acudió hasta Rosecrans, California, para acordar el envío de 11 vejigas de totoaba por mil dólares. El precio de venta final puede alcanzar 55 mil dólares.

El negocio pasa inadvertido bajo las fachadas de las decenas de restaurantes de comida oriental en California.

Algunos de los habitantes de San Felipe y Mexicali son enganchados para que lleven el producto hasta Calexico, en un trayecto de carretera de tres horas, donde se pasan varios retenes militares.
Regularmente en Calexico, los empresarios chinos reciben la mercancía, ya sea en hoteles, departamentos o estacionamientos de centros comerciales, prácticamente a la vista de todo mundo.

De ahí la trasladan hasta sus restaurantes o hasta San Francisco, donde empaquetan la carga y la envían vía barco hasta Hong Kong, Taiwan, China y Vietnam.

Mexican Seen Kow. El platillo para el que se usa la vejiga de totoaba es la sopa Seen Kow, una especie de caldo gelatinoso que, aseguran sus comercializadores, da mayor potencia sexual, disminuye el colesterol y mejora la circulación. Algunos comensales consultados aseguran que su sabor es muy similar al de la sopa de aleta de tiburón que se vende en los restaurantes de comida china en Mexicali.

De acuerdo a lo recabado en interrogatorios policiales, esta sopa se cocinaba con una especie marina hoy extinta en los mares asiáticos. El sabor de los buches de totoaba sería similar a los de aquel pez.

El caso de Oi Chung, la detención cuando recibía despreocupadamente un cargamento de totoaba, muestra lo vivo que está el tráfico de esta especie en peligro de extinción. Sin embargo, se registran casos de mayor complejidad y organización.

Uno de estos últimos fue el de Song Shen Zhen, quién fue descubierto con 30 de estos buches y, en sus declaraciones, hizo referencia a que mandaría directamente el producto a la región de Nanjing en China. Presionado en el interrogatorio, dio a la policía una dirección en Calexico. Cuando los agentes ingresaron allí, descubrieron casi 300 vejigas de totoaba. El departamento prácticamente estaba deshabitado, sin muebles, pero sí con varios ventiladores, que servían para terminar de secar o deshidratar el producto. Fue la imagen que le dio la vuelta al mundo: un departamento para secar la vejiga natatoria de un pez en peligro de extinción.

También se encontraron cajas y empaques especiales para mandar la carga a direcciones ahí halladas, tanto en China como en Hong Kong.

El agente especial Turnell, se dice perplejo ante lo encontrado, pues mandar una carga tan grande habla de una compleja organización.

Otro de los expedientes es el 13cr1311-CAB y narra cómo fue descubierto Anthony Sánchez Bueno en la garita Mexicali-Calexico. Este residente de Imperial, que también tiene un domicilio en Mexicali, iba en compañía de Jason Jin Shun Xie, de Sacramento. La intención de ambos era garantizar que 170 buches les fuesen entregadas. De acuerdo a las declaraciones, una cantidad sería para su restaurante en California, mientras que el resto sería enviado a China vía el puerto de San Francisco.

El fiscal de California puso un castigo ejemplar a estos arrestados: más de 13 mil dólares de multa por cada buche, además de 15 años de cárcel.

La autoridad norteamericana empieza a ser muy hostil con los traficantes de totoaba que antes hacían sus negocios a la vista de todos, adormilados por el calor de Calexico. Para el investigador Tapia Landeros, esta actitud de la autoridad estadunidense está obligando a que su contraparte mexicana sea más firme.

En cuanto a las alternativas de solución, el académico indica que evidentemente quienes vigilan que la especie no sea capturada deben ser considerados un caso especial. Propone que este personal de protección al medio ambiente y a la vida salvaje pase por filtros y exámenes rigurosos, similares a los que hoy día se aplican los policías mexicanos para detectar cuando han sido corrompidos por organizaciones del crimen organizado.

La Universidad Autónoma de Baja California ha hecho su parte. Crió y liberó especímenes de totoaba desde 1995. Esto puede estar contribuyendo a que la población de este pez se encuentre mejor de lo que se piensa. Pero el propio Tapia indica que saber esto con precisión, y determinar si incluso la veda actual a la pesca en San Felipe sigue siendo necesaria a pesar del desempleo que provoca, requeriría la realización de un censo planeado científicamente.

Contar peces en el Mar de Cortés puede resultar muy costoso, tan costoso que no haya arcas gubernamentales que lo puedan financiar; es este un problema que los traficantes de totoaba no tienen porque la demanda de la Mexican Seen Kow, emergente aún, garantiza ingresos exorbitantes para quienes quieran seguir rompiendo la ley.

Otros frentes

La Universidad Autónoma de Baja California comenzó a cultivar la totoaba en busca de estabilizar su población. La extinción del pez significaría una pérdida doble, puesto que es el alimento de la famosa vaquita marina. En la imagen, que corresponde a agosto pasado, jóvenes llevan hasta el mar  20 mil crías de totoaba criadas previamente en cautiverio.

Sobre estas líneas, elementos de la Armada de México exhiben las vejigas aseguradas en un operativo. Los marinos realizan labores de seguridad pública y de protección ambiental en el Golfo de California. Incluso han participado en los conteos de especímenes para especies en peligro de extinción. Las dos imágenes bajo estas líneas muestran la magnitud del tráfico des buches y peces enteros.

 

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