Un siglo después

René Arce

Hace cien años, Europa se encontraba inmersa en una de las guerras más desconcertantes que se haya conocido, el asesinato de un noble en Sarajevo solo sirvió de pretexto para desencadenar un conflicto que además de los millones de pérdidas en vidas humanas y destrucción material impresionante, también dio paso a la construcción de  un nuevo régimen político y económico que marcaría al mundo durante casi un siglo. La Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS).

La Rusia zarista se involucró en esa guerra y cientos de miles de rusos perecieron directamente como consecuencia de las bajas humanas en los frentes de batallas o el frío invierno y la falta de alimentos. Fueron los más desprotegidos los que pagaron los efectos de un conflicto del cual nunca conocieron las causas y solo obedecieron las órdenes del zarismo autoritario y belicoso.

En esa guerra, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso dividido en bolcheviques (mayoría) y mencheviques (minoría) decidió lanzar la consigna entre la población de ¡paz, pan y tierra!, lo que  provocó que obreros, campesinos y soldados principalmente se revelaran contra el zarismo cuya vida de lujos y excentricidades contrastaba con la miseria creciente y el derrame de sangre que la guerra provocaba.

Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) al pulsar el descontento de la población y el efecto favorable que había tenido la consigna de su partido, decidió que habría llegado la hora de derrocar al viejo régimen zarista e influenciado por la experiencia de los comuneros de París, llamó a que los comités (soviets) que se habían formado por toda Rusia de manera independiente tomaran la conducción del país con la instrucción de dar “todo el poder a los soviets”.

Obreros, campesinos, marinos y soldados conducidos por los bolcheviques de Lenin fueron asumiendo progresivamente el poder y con la disolución de la duma (congreso), que no les era favorable dieron paso a un nuevo régimen en el planeta que enfrentó al capitalismo mundial, el régimen socialista.

El impacto de esta revolución generó enormes expectativas, por doquier surgieron organizaciones de apoyo y solidaridad frente a un capitalismo explotador y generador de enormes riquezas para unas cuanta familias y millones de seres humanos postradas en la miseria e indigencia.

También en 1917, México construía un nuevo texto constitucional, el pacto social, económico y político que buscaba terminar con las causas del movimiento armado iniciado en 1910, que originalmente comenzó para terminar con la dictadura porfirista, luego con el golpista Victoriano Huerta y después con el enfrentamiento de las diferentes facciones revolucionarias que buscaban detentar el poder. El texto constitucional que se aprobó en Querétaro y que se reconoce como el primero en el mundo que hace de los derechos sociales un generoso aporte a los más desfavorecidos, no posibilitó que la lucha fraticida terminara, la disputa entre carrancista, villistas, zapatistas, etc. continuó por varios años y la sangre siguió tiñendo los campos y ciudades de México destruyendo familias, bienes privados e infraestructura pública con la creciente miseria y empobrecimiento de los mexicanos. Esta guerra solo terminó cuando la mayoría de los caudillos fueron asesinados o desterrados y la facción sonorense dio paso a la revolución institucionalizada, hace un siglo ya que dos revoluciones que aspiraron a terminar con las dictaduras, con la desigualdad y con la guerra han tenido diferente destino; una, ya fue defenestrada por la historia porque jamás cumplió con los objetivos que se propuso y terminó como una dictadura sangrienta; en la otra, la de México, los bisnietos de aquellos revolucionarios ya ni siquiera se acuerdan de ella, aunque aún se denominan revolucionarios e institucionales; pero la pobreza, la concentración de la riqueza y la violencia aún continúan, ¿la historia también los defenestrará?

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