Debemos estar preparados ante la posible renegociación del TLCAN

Ma. del Rocío Pineda Gochi

Iniciamos el 2017 en un mundo convulso, donde las expectativas internacionales son inciertas e inestables para la mayoría de los países. Se vaticina que el desenvolvimiento económico durante este año seguirá estando marcado por la inestabilidad financiera, y en general, un entorno económico complejo. Sin embargo, los gobiernos tienen la doble responsabilidad de seguir con sus objetivos y planes de desarrollo, y de afrontar de manera oportuna las coyunturas económicas y políticas, tanto adversas como favorables.

Bajo este contexto, nuestro país está obligado a considerar todos los posibles escenarios y de tomar medidas oportunas que nos permitan aprovechar las ventajas comparativas y competitivas que tenemos. El próximo 20 de enero Donald Trump asumirá la presidencia de los Estados Unidos de América e inicia una nueva etapa de relaciones bilaterales con el país vecino y principal socio comercial.

Como lo anunció durante su campaña, algunas de sus principales acciones a su arribo a la Casa Blanca, sería la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la instrumentación de políticas restrictivas y proteccionistas. Esta situación debe preocuparnos y ocuparnos porque esta incertidumbre ya tiene implicaciones directas para nuestra economía, como la reciente cancelación de la empresa Ford de la construcción de una nueva planta valorada en más 1,600 millones de dólares, y en su lugar, la compañía automotriz anunció invertir 700 millones para la ampliación de la planta Flat Rock en Michigan, ¿Cómo un “voto de confianza” al ambiente de negocios que está generando el presidente electo o cómo precaución a las amenazas de sus políticas restrictivas al comercio?

Lo cierto es que las exportaciones mexicanas, y principalmente la industria automotriz, se verían afectadas ante la posibilidad de crear una tasa fronteriza de un 35% a las mercancías de aquellas empresas que salgan de territorio estadounidense para instalar su producción en México. Un estudio realizado por el Grupo Financiero BASE estima que con este arancel las exportaciones no petroleras hacia Estados Unidos mostrarían un retroceso de 11.6%, y dado que representan 25.3% del PIB, la economía mexicana caería 2.9%.

Aunque el artículo 801 del TLCAN establece que las partes del Tratado pueden tomar medidas de emergencia cuando se produce un daño por una importación de un producto de alguno de los países miembro, existen condiciones y limitaciones para activar este procedimiento, como compensar al país con concesiones que tengan efectos comerciales equivalentes o que sean del valor de los gravámenes adicionales.

Estos hechos nos llevan a la reflexión que de que estamos frente a una seria posibilidad de renegociar este tratado, y pese a que existe escepticismo sobre las consecuencias negativas, es el momento de revisar ciertos puntos para mejorar las condiciones de comercio. El sector energético es una área de oportunidad con enorme potencial, porque cuando se firmó dicho tratado estábamos excluidos en esta materia, dado que carecíamos de un marco jurídico necesario para llevar a cabo cláusulas específicas como la de exportación e inversión. También debemos analizar la viabilidad de imponer cuotas más estrictas a los productos que llegan a México y que no pagan impuestos, y en general, revisar los capítulos en materia agropecuaria y de inversiones, y propiciar la integración de los mercados laborales e implementación de acuerdos de trabajo temporal —como ya se tienen con Canadá—, como medida para reducir la migración, por mencionar algunos.

Senadora de la República

Michoacán de Ocampo

@RocioPinedaG

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