Cadenas de miedo

Juan Manuel Asai

En México pasamos de las cadenas de oración a las cadenas de miedo. Un cambio para mal. La oración tiene poder, el miedo es impotencia. La oración contribuye a mejorar, el miedo paraliza.  El miércoles en la tarde salió a relucir la peor versión del país. El México miedoso, resentido, vengativo, gandalla, manipulable, que en lugar de solucionar problemas los agrava. Cuando más luces necesitamos, en ese preciso momento, entramos a un túnel de oscuridad impenetrable.

Las redes sociales confirmaron que son una herramienta letal que se nos va de las manos con facilidad. Penetran el tejido social como cuchillo en mantequilla. No tienen filtros, mucho menos una defensa organizada. Los rumores que difunden caen en terreno fértil y se expanden a la velocidad de la luz. Me tocó escuchar a personas usualmente sensatas preocuparse porque sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación marchaban sobre la Ciudad de México.

Los medios de comunicación tienen, en estos momentos, una responsabilidad enorme, informar sin ocultar, pero no servir de cajas de resonancia de disparates canallas. La maestra Garrido, coordinadora Web de nuestro grupo editorial, lo dijo así justo  en el  momento de la tormenta: “Los rumores nos destruyen. No compartan información que no esté verificada, sólo avivan el pánico colectivo”.  El resultado es que el jueves en la mañana las eventuales protestas por el gasolinazo ya tenían una carga de desprestigio indeleble. ¿Quién salió ganando?

Hay una lección. La que se sale de los cauces institucionales se revierte contra los quejosos. La gente que participó en los saqueos incurrió en delitos. Muchos de ellos quedaron ahí, retratados para la posteridad, cargando refrigeradores y pantallas. Hubo saqueos en familia, lo que es francamente desalentador. Lo más probable es que los saqueadores queden impunes y hoy estén viendo en los noticieros información sobre más saqueos de las pantallas inteligentes que se robaron. Es importante que autoridades o medios los pongan  al descubierto. Si son ciudadanos comunes, que sean detenidos y presentados ante un juez. Si son agitadores profesionales al servicio de algún grupo político, también. En esta pirinola perdemos todos. Los vientos del norte son huracanados y lo peor sería que nos pillaran distraídos robando electrodomésticos, que por  lo  visto  constituyen  una  fijación  nacional.

      Guerra comercial

 

Mientras los dirigentes de los partidos  políticos de oposición se frotan las manos para sacarle raja  al aumento del precio de las gasolinas, del otro lado de la frontera el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, muestra que su cuenta de Twitter es un arma de destrucción masiva. Trump ya descarriló la inversión de Ford en México y ahora va por las de General Motors y Toyota. Hasta el momento ni el gobierno ni los partidos han metido las manos. Acaso estén esperando que Luis Videgaray aprenda rápido el oficio de canciller y haga algo para cambiar el rumbo de la pelea. Algo que no se debe es aventar la toalla, claro, porque no podemos rendirnos.

No hay que perder el foco. Si en lugar  de voltear a ver al verdadero enemigo de México, o sea Trump, perdemos tiempo preciso analizando nuestro ombligo, nos darán una paliza de dimensiones históricas. Somos una gran nación. Ni saqueadores ni políticos nos representan. México es mucho más que eso. Estamos al principio de una guerra, en principio, comercial, de gran escala que puede traer pobreza e inestabilidad al país. Hay que aprestarnos a la defensa gallarda. Lo primero es sacudir la indiferencia y meter el miedo al archivo muerto.

@soycamachojuan

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