Comunicar el miedo

Gerson Hernández Mecalco

Las novelas de ficción y teorías de la conspiración dicen que los gobiernos administran y comunican el miedo, el caos y las protestas. ¿Será verdad lo que algunos personajes como The Joker afirman?, que para generar caos se tiene que introducir un poco de anarquía, alterar el orden establecido y todo se volverá caos, y sobre todo si lo comunicas a través de Twitter, Facebook y WhatsApp, ¿estamos ante un nuevo experimento sociológico basado en La guerra de los mundos de Orson Welles?, ¿la oposición se beneficia o perjudica con las imágenes de caos en las calles?, ¿el principal objetivo del mensaje de miedo es inmovilizar las “auténticas protestas” y tener gobernados aterrorizados y fastidiados?, pero mejor vamos por partes:

La guerra de los mundos. A finales de octubre de 1938 los marcianos invadieron Estados Unidos. En la radio se escuchó: “Noticia de última hora. A las 08:20 horas, el profesor Farrell del observatorio Mount Jennings, en Chicago, ha reportado la observación de varias explosiones de gas incandescente a intervalos regulares en el planeta Marte”. Minutos después a los radioescuchas les hubiera gustado oír el ritmo del músico puertorriqueño Tito Rodríguez  y su melodía:

Los marcianos llegaron ya

Y llegaron bailando ricacha

Ricacha, ricacha, ricacha…

Así llaman en Marte al cha cha cha

Sin embargo, la llegada de los marcianos a Grovers Mill, Nueva York, no fue así, ya que el pánico, miedo y caos generado por la radionovela de Orson Welles se propagó en toda la ciudad. La gente comenzó a salir a la calle, las líneas telefónicas de la policía se colapsaron e incluso algunos corrieron a buscar armas y esconderse en sótanos y túneles. Sin embargo, aunque tuvieron mucho miedo, en ningún momento se cubrieron el rostro con capuchas, tampoco robaron refrigeradores, pantallas de plasma o cajas de deliciosos refrescos de cola que siempre están presentes en los momentos de felicidad. El caos fue tal que la noticia llegó a la portada de The New York Times.

La gran pregunta en ese momento fue que, sin gasolinazos de por medio, ¿por qué la gente no se dio cuenta de que se trataba de un programa de ficción? Orson Welles advirtió a los radioescuchas que se trataba de una farsa al principio del programa —pero no volvió a hacerlo hasta 40 minutos después—. Los estudios de ciencias de la comunicación aseguran que el efecto se debió obviamente a que no oyeron al comienzo que los contenidos eran de ficción. En esa época la TV tenía poca presencia, mientras que tres de cada cuatro familias tenían un aparato radiofónico en casa.

Welles y el resto de actores del programa, ajenos al caos terminaron su dramatización advirtiendo que todo era una broma: “Damas y caballeros, les aseguro que La guerra de los mundos no tenía otra intención que entretenerles en la víspera del día de Halloween”. Tras el pánico, las autoridades estadunidenses reaccionaron enfurecidas, aunque en realidad la cadena de radio no había violado ninguna ley. La policía incautó todo el material empleado, menos una copia del guión que 50 años después Steven Spielberg adaptó a una obra cinematográfica, muy chafa por cierto.

Los marcianos saqueadores en la CDMX. Casi ocho décadas después, la Ciudad de la Esperanza y zona conurbana cambió su nombre a la Ciudad de los Encapuchados y profesionales de la rapiña, quienes generaron caos y miedo; y poder inmovilizar futuras protestas por el miedo a la violencia; e incluso legitimar el uso de la fuerza contra futuras movilizaciones. No importando que los analistas críticos de las redes sociodigitales, que me recuerdan a Umberto Eco y su concepto legión de idiotas, reporten en tiempo real la manipulación de las escenas y videos que sobredimensionaron los acontecimientos. 

Algunos diccionarios definen el miedo como la sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. Estudiosos del miedo dicen que, desde la antigüedad, la ira y el miedo se han usado como instrumentos de control, dominación y movilización política por parte de las élites y grupos gobernantes. Primero fue el miedo a la furia de los dioses, a los fenómenos de la naturaleza y las pestes entre otros. Algunos casos en nuestro país han empleado las campañas de miedo para generar gobernados aterrorizados, indignados y fastidiados.

Para este malabarista no es descabellado pensar que uno de los objetivos de generar un ambiente de inestabilidad en las calles  es crear un ambiente de miedo en la población. O tal vez quieran cambiar la estrategia en materia de comunicación política a menos de año y medio de las elecciones de 2018, al pensar como decía Claire y Frank Underwood: “ya me cansé de ganarme el corazón, podemos usar el miedo”. Ojalá que esta estrategia de comunicación sea contrarrestada con inteligencia e innovación valiente de los ciudadanos y analistas, que tanto le hace falta a la política y comunicación en nuestro país. #Jap

Académico de la FCPyS-UNAM
y Consultor Político

@gersonmecalco

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