Cultura

Adiós Ricardo Piglia, un hombre generoso y escritor imprescindible

Ricardo Piglia fue catedrático de literatura en universidades de EU y Argentina.

Cuando un lector termina una novela, cuento o ensayo de Ricardo Piglia, le queda  la belleza del lenguaje, la profundidad y consistencia de las ideas ancladas a un universo estético como pocos en la literatura contemporánea. Esto hizo que él fuera un escritor imprescindible.   

Y ése es el rostro artístico de Ricardo, quien ayer murió a los 75 años de  edad a causa  de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que afectó sus músculos pero no le quitó la lucidez intelectual, creativa y trabajó hasta los últimos días de vida.

Nacido en Adrogué, provincia de Buenos Aires, el 24 de noviembre de 1941, donde pasó los primero años de su infancia, para 1955 abandonó su lugar natal e instalarse junto a su familia en Mar del Plata, a 400 kilómetros de Buenos Aires, donde descubrió el mundo literario. Piglia, recordaba que la mudanza se debió a “una historia política, una cosa de rencores y odios barriales” que obligaron a la familia a buscar un nuevo hogar. Años más tarde, se instaló en Buenos Aires. También vivió en Estados Unidos, país donde fue catedrático de las universidades de Princeton y California en Davis.

CORPUS. Ricardo Piglia, ávido lector, guionista, editor y gran narrador, inició sus publicaciones en 1967 con el libro de cuentos La invasión, aclamado por la crítica y donde aparece su alter ego, Emilio Renzi, un periodista y aspirante a escritor.

De su gran gusto por la lectura, Piglia contó al suplemento cultural Babelia, del diario El País: “Yo ya leía, pero sin método. Había tenido una noviecita en Adrogué. El padre era de familia de anarquistas, leían mucho. Íbamos caminando, había un muro alto, y ella me dijo: ‘¿Estás leyendo algo?’. Y yo había visto, en una librería, La peste, de Camus. Y le dije: “Sí. La peste”. Y me dijo: “Prestámelo’. Me da vergüenza contar esto, pero compré el libro, lo leí esa noche, lo arrugué un poco para que pareciera usado, y se lo llevé al día siguiente. Y ahí empecé a leer”.

Esta afición por la lectura lo llevaría encontrarse con William Faulkner y su obra. De esto, Piglia diría en la entrevista con Babelia, que “la lectura de Faulkner es uno de los grandes acontecimientos de mi vida”.

Y como escritor, su sendero lo definirá cuando comenzó a escribir sus Diarios. Era 1957, un adolescente. Y 10 años después publicaría su primer libro de cuentos y luego seguirían otros como otro volumen de relatos titulado Nombre falso, las novelas Respiración artificial (1980) La ciudad ausente (1992), Plata quemada, (1997) Blanco nocturno (2010) y El camino de Ida, (2013). Los ensayos Crítica y ficción (1986),  Formas breves (1999), Diccionario de la novela de Macedonio Fernández (2000), El último lector (2005), Teoría del complot (2007), La forma inicial (2015) y Las tres vanguardias (2016).

Pero de todo este corpus, su gran obra es Los diarios de Emilio Renzi, una autobiografía en tres volúmenes que comenzó a escribir a los 16 años. Ya se publicaron Los años de formación (1957 - 1967), Los años felices y resta el tercero titulado Un día en la vida, que se publicará en este 2017. Es la novela de una vida o como el mismo Piglia dice: “Para mí­ es una novela, aunque el material sea verdadero y personal”. Son los cuadros de su vida que van desde su Buenos Aires de la adolescencia, pasando por su docencia en los Estados Unidos, donde impartió clases durante 15 años, hasta el regreso a su país en 2001.

PREMIOS. Por su libro Plata quemada recibió en 1997 el Premio Planeta, dotado de 40 mil dólares. Sin embargo, Piglia y la editorial fueron condenados años más tarde por la Justicia argentina por la manipulación del concurso literario. Tras un extenso recorrido por los tribunales, la Corte Suprema de Justicia del país suramericano rechazó en 2005 la apelación de Piglia y la editorial, por lo que quedó en firme un fallo que los obligó a pagar una indemnización de 10 mil pesos (unos 2 mil 630 dólares) por manipulación del concurso. La reclamación la hizo el autor Gustavo Nielsen, uno de los participantes.

Pero más allá de este incidente, Ricardo Piglia ha sido merecedor de galardones tan importantes como el Premio Iberoamericano de las Letras José Donoso, que otorga la universidad chilena de Talca; el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en 2011; el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett 2011; el Premio Casa de las Américas de Narrativa José María Arguedas (2012); el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, en 2013; y Premio Formentor de las Letras, en 2015.

REACCIONES. Autoridades y escritores lamentaron el deceso de Ricardo Piglia. El ministro de Cultura argentino, Pablo Avelluto, escribió en su cuenta de Twitter:  “Adiós Renzi. Adiós Piglia. Nos queda todo lo escrito, la lucidez y la pasión del escritor y el lector omnívoro. Te vamos a extrañar. #Piglia”, reporta la agencia EFE.

Mientras el diario El País publica las condolencias de artistas. “La enfermedad no impidió que siguiese trabajando en Los diarios de Emilio Renzi, tres libros que escribió a partir del diario personal que había escrito a lo largo de su vida, desde 1957. Por ahora se han publicado sólo dos volúmenes de esa obra: Años de formación y Los años felices. “La construcción de esa obra quedó reflejada en el documental 327 cuadernos del cineasta argentino Andrés Di Tella. “Es un documental hermoso donde se lo ve desde otro lugar, más íntimo y que de alguna manera funciona como su despedida”, dice la escritora Claudia Piñeiro.

Di Tella, unido a Piglia por una amistad de 30 años, define su partida como “una noticia muy triste”. Lo recuerda como una persona “humilde”, “con un gran sentido del humor” y “mucha generosidad”. “Su gran preocupación era que yo no hiciera un monumento de él. Cuando vio el documental se sintió aliviado”, afirma.

El escritor Martín Caparrós dijo que “tanta tristeza -y un pequeño homenaje. Gracias, maestro”, escribió en Twitter, con un vínculo a una nota que lleva su firma titulada Ser es leer. Caparrós escribe allí que “Ricardo Piglia es sin duda el escritor argentino vivo más importante. Quizás no el más copiado; por aquellos misterios y confusiones de las plumas y sus espejitos de colores, hay más aspirantes que querrían ser Aira. Pero Piglia ha definido como nadie qué es la literatura argentina contemporánea, cuál es su canon, cuáles son sus problemas. Entre ellos, el asunto central del fin de siglo en ese fin del mundo: cómo escribir después de Borges”.

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