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Cómo resucitar al pueblo fantasma

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Mineral de Pozos es uno de los 111 pueblos mágicos de nuestro país, pertenece al Municipio de San Luis de la Paz y está enclavado en la que fue la zona minera más importante de Guanajuato.

Abandonado hace unos cien años, pasó de contar con 20 mil habitantes se quedó, en algún momento del Siglo XX, sólo con 20. El fenómeno migratorio convirtió al lugar en uno de los municipios expulsores más importantes de la nación.

Pozos se convirtió en pueblo fantasma, con casonas en las que las paredes se mantenían en pie, sin techo, resguardando a nadie y sobre calles bien trazadas que apuntaban a su iglesia y plazoleta. Algunos artistas supieron ver la belleza en aquel abandono, pero sólo ellos asistían con frecuencia al lugar.

Sin embargo en los últimos seis años, el Mineral de Pozos se ha recuperado, la declaratoria de Pueblo Mágico detonó el interés turístico en de la zona, esto a pesar de contar con una incipiente infraestructura hotelera y de servicios. Hace seis años existían solo unas 8 habitaciones de hotel, ahora hay 55 lugares para albergarse y, de tener un solo restaurante, actualmente la avenida principal ofrece 6 distintas opciones culinarias.

Crónica platicó con el arquitecto Daniel Esquenazi, uno de los particulares que han participado de la recuperación de Mineral de Pozos. Asegura que el éxito del proyecto Pozos llega hasta donde  muchos no esperaban: la recuperación económica de la zona.

Su cercanía con San Miguel de Allende ha llamado a cientos de turistas, que lo ven como una verdadera opción para conocer mucho del pasado glorioso de la zona y disfrutar de lo que es un auténtico pueblo mexicano.

El Proyecto Pozos pretende desarrollar en 350 hectáreas, viviendas autosustentables, esto de la extensa cantidad de hectáreas que se dedicarán a reserva territorial y áreas verdes, en quince años de inversión que sumaran unos mil 400 millones de pesos.

“Es un proyecto que pretende alcanzar las mil 200 hectáreas, proyectado a 30 años, es un desarrollo inmobiliario que lejos de ser algo así, lo que se está haciendo es ampliar el pueblo con su misma infraestructura, ahora tiene unas 120 hectáreas y la idea es ampliarlo a las mil 200”

Las calles llenas. El camino a la recuperación de la vida en Mineral de Pozos pasa por llenar las calles fantasmales de personas. El rescate del urbanismo de barriadas pueblerinas, de calles empedradas, que se convierten de las caminatas nocturnas, de la oferta y la tranquilidad que ofrecen estos lugares, pero lo más importante, es el trinomio que se estableció entre gobierno, ciudadanía e iniciativa privada.

“En vez de comprar estos ejidos, nos asociamos con los dueños de los ejidos, los integramos al proyecto, que puede ser productivo, en temas como la hotelería, el comercio” dice el arquitecto Esquenazi, egresado de la Universidad Iberoamericana.

El proyecto Pozos cuenta con tres “anclas” con las que se pretende detonar la economía de la zona, una de esas anclas es la denominación de origen al mezcal que se produce en la región, además de la oferta hotelera.

La tercer ancla, es la re apertura de la Escuela de Artes y Oficios, un inmueble recuperado que data del porfiriato y que con el paso de los años fue saqueada, de esta forma quienes acudan a la CAPA –Centro de Artes y Prácticas Artísticas– aprenderán un oficio que resultará redituable, esto por las características de la economía de la región.

“En vez de edificar un campo de golf o algo así, la opción es desarrollar la cultura y las artes” dice Esquenazi.

En la zona, minera por excelencia en la que se extraía plata, oro y mercurio, se mantienen los cascos de 21 ex haciendas mineras, a todas ellas hay acceso gracias a los guías que trabajan en Pozos.

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