Espectáculos

Una vida dedicada al universo fashion

Anna Wintour se crió en el seno de una familia con vena periodística, su padre, Charles Wintour, se convirtió en el editor del diario London Evening Standard. El conocido como Chilly Charlie (por su fría personalidad), en su círculo íntimo, dictó el destino en el mundo fashion de la hoy Dama de La Orden Más Excelente del Imperio Británico.

“Creo que mi padre decidió por mí que debía trabajar en la moda. No recuerdo qué formulario debía completar. Tal vez haya sido una especie de admisión. Al pie decía: ‘objetivos de carrera’. Y cuando vi eso dije: ‘¿Qué hago?’ ‘¿Qué escribo?’. Él dijo: ‘Escribe que quieres ser editora de Vogue, claro’. Eso fue todo, se decidió”, relató Wintour.

Con la decisión de su padre, y al final de ella misma, en mente, Anna inició una carrera en la industria de la moda. Fue precisamente el señor Wintour quien la colocó en una prestigiosa boutique y la alentó a tomar cursos de moda. Sin embargo, la joven prefirió no continuar con la instrucción académica. Desde un principio lo tuvo claro: “O sabes de moda, o no”, expresó.

Anna recorrió un amplio camino antes de ser considerada una de las mujeres más poderosas de los Estados Unidos y por supuesto, la más en la industria de la moda. Lo mismo dejó el país natal para aventurarse a suelo norteamericano, donde probó, por ejemplo, la desaprobación de sus jefes y por ende su despido de la revista Harper’s Bazaar, en 1975.

“Todo el mundo debería ser despedido al menos una vez. Esto te obliga a mirarte a ti misma. No lo parecía entonces, pero definitivamente fue algo bueno por todo lo que me enseñó. Es importante tener contratiempos, porque así es la vida real. La perfección no existe”, compartió Wintour en el libro Winners and How They Succeed (Ganadores y cómo tienen éxito).

Después del traspié, Anna continuó trazando su sendero al éxito, dictando nuevas formas de acercarse al público en diversas revistas: Viva y New York, como editora de moda. Su objetivo se vería más claro, en 1986, cuando fue llamada de nuevo a Londres para ingresar a la edición británica de Vogue.

Su bandera para editar los contenidos de la publicación se mantiene hasta la actualidad: “(Quiero llegar a) un nuevo tipo de mujer. Está interesada en los negocios y en el dinero. Ya no tiene tiempo para comprar. Quiere conocer qué y por qué, dónde y cómo”, explicó en una entrevista para el London Evening Standard.

En 1988 Anna consiguió el sueño de su padre y el suyo desde la juventud, Condé Nast la llamó para hacerse cargo de la edición norteamericana de Vogue, la “Biblia” de la industria de la moda. Bajo su liderazgo, la revista ha logrado ganancias en publicidad de más de 350 millones de dólares al año.

Gran admiradora de Diana Vreeland, Wintour siguió su herencia: utilizar fotos llamativas y de temas novedosos para las portadas. Esa intuición la llevó a adelantarse a su época y ser en parte responsable de la celebrity culture, al poner en la apertura de “su” revista a personalidades como Madonna,  Nicole Kidman, Renée Zellweger y Hillary Clinton.

Su voluntad se cumple dentro y fuera de las oficinas de Condé Nast. Diseñadores, fotógrafos y modelos se mueven de acuerdo al ritmo que Wintour decida interpretar. Para alcanzar tal efecto en las personas, la escritora tiene una táctica infalible: “Aunque no seas alguien seguro de ti mismo, finge que lo eres, porque será más claro para el resto de la gente.

“La mayoría de la gente duda. Yo decido rápido. Creo que es útil para los que trabajan para ti. En este mundo hace falta instinto, ser y responder rápido”, reveló.

LAS VENTAJAS DE SER ANNA WINTOUR. Dirigir la revista más importante del imperio de lo efímero tiene sus  retribuciones y obligaciones. Anna debe estar pendiente siempre de lucir una imagen cuidada, para ello cuenta con el apoyo de todo tipo de profesionales. De acuerdo a filtraciones, se dice que Vogue le paga al año 200 mil dólares para su guardarropa personal.

Su rutina cotidiana incluye levantarse a las 5 de la mañana, por lo general juega tenis —aunque últimamente trascendió que se ha alejado un poco del deporte blanco por ciertas dolencias— para conservarse en la talla cuatro. Luego, a las 08:00 horas, está lista en su oficina.

De todo, “su punto débil” (prueba de su humanidad) son sus hijos: Charles y Katherine Schaffer, otrora, a las 18:00 horas suspendía sus actividades para estar con ellos, “la revista va a estar ahí siempre, al día siguiente”, era su argumento.

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