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Anna Wintour… la Dama más poderosa de la moda

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En 1988, cuando imperaba en las pasarelas el estilo Dinastía, una mujer británica cambió las directrices de la moda. Desde la altura conferida de haber sido nombrada la editora en jefa de la “Biblia” de la industria: la edición norteamericana deVogue, esa revista a la cual hasta Madonna le dedicó una canción, Anna Wintour dio cátedra de visión adelantada.

En su primera portada, la directiva inglesa se atrevió a vestir a la modelo con una blusa Christian Lacroix, aderezada de incrustaciones de pedrería, con unos jeans; surgió así la todavía in combinación de lo opulento y lo sencillo. Sus “transgresiones” a lo establecido, hace ya casi 30 años, le han valido la estima de su gremio, el odio de varios y ser valorada por la realeza de su país.

Siempre mesurada, dueña de la poker face más famosa de los salones de desfiles de moda, Wintour se convirtió en Dama dentro de La Orden Más Excelente del Imperio Británico; recibió el nombramiento de parte de su majestad británica la reina Isabel II. “Estoy muy conmovida de ser honrada por un país al que quiero profundamente”, agradeció escuetamente.

Ese carácter, ¿propio?, de una nacida en Londres, Inglaterra, le granjeó ser vista como fría y distante. Rodeada por el halo de ser considerada una de las mujeres más poderosas de Estados Unidos, la combinación ha generado sobrenombres como Nuclear Wintour, Winter o incluso ser la supuesta inspiración de Lauren Weisberger para el rol protagónico de El diablo viste a la moda.

La mexicana Karla Martínez de Salas, actual directora editorial de Vogue Mexico y Latinoamérica, tuvo la oportunidad de trabajar al lado de Wintour en Nueva York. La opinión de la periodista, de la Dama más poderosa de la moda, es distinta a la reflejada por la novela y cinta o los medios de comunicación: “Anna es extremadamente comprometida con el trabajo, con sus empleados.

“Siempre es una persona respetuosa. La verdad, cuando leí el libro (posteriormente adaptado al cine, El diablo viste a la moda), entendí que muchas veces vas a trabajar con personas difíciles, pero es parte de la vida y son experiencias para superarse”, dijo Martínez de Salas, en reciente entrevista con Crónica.

El “círculo interno” de Vogue —acostumbrado al tradicional corte ‘bob’ extremadamente pulido de Wintour o su forma de evitar mostrar sus emociones: siempre detrás de unas gafas estilo Wayfarer— coincide en la opinión con respecto a su editora en jefa, digna heredera de la tradición establecida antes por otra grande, Diana Vreeland.

“No es cálida ni amigable, está haciendo su trabajo (…) Ella se ve como la directora y productora de este mundo de la moda”, compartió Tom Florio, publisher de Vogue, donde viven una dictadura cuasi perfecta: la palabra de Wintour es ley. “Siempre se sigue el punto de vista de Anna. Vogue es la revista de Anna. Ella aprueba todo”, confirmó Candy Pratts Price, directora ejecutiva de moda.

Sin embargo, todos aceptan el talento de “the boss” para estar un paso adelante a lo que marcará tendencia en el orbe.

“Anna vio la veta de las celebridades mucho antes de que los demás pensaran en eso. Y aunque lo odiaba, debo admitir que tenía razón. No puedes quedarte atrás. Debes seguir adelante. Ella lo hizo y la revista es muy exitosa gracias a eso”, opinó Grace Coddington, directora creativa, quien está detrás del valorado concepto artístico de la publicación mensual.

Wintour se ve a sí misma como una defensora de aquellos involucrados en la multimillonaria industria de la moda, no ve con buenos ojos a quienes no logran entender la pasión por crear estilos capaces de marcar a una generación. Sabe del rechazo, pero lucha por cambiarlo: “Hay algo respecto a la moda que puede poner a la gente muy nerviosa”, apuntó.

Ese nerviosismo no es para menos, en un entorno donde, como lo define ella misma, el pasado o incluso el presente, nunca son importantes: “La moda no es mirar hacia atrás, sino mirar hacia adelante. Ni por un minuto creo que tengo idea de lo que pasará o una idea del cambio”, finalizó.

 

 

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