El discurso, el gasolinazo y la realidad - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
El discurso, el gasolinazo y la realidad | La Crónica de Hoy

El discurso, el gasolinazo y la realidad

Carlos Matute González

El Presidente de la República, en su mensaje de inicio de año, consideró conveniente explicar ampliamente las razones que condujeron a su gobierno a liberalizar el precio de las gasolinas, lo que implicaba un aumento del mismo y la negativa total a subsidiarla, sin recurrir a esquemas de transición como hubiera sido un escalamiento paulatino del precio máximo.

Los argumentos principales fueron:

1.- El precio de la gasolina aumenta por factores externos.

2.- El subsidio a la gasolina beneficia a 12 millones de personas propietarias de carros y perjudica a 60 millones, que son los que menos tienen.

3.- Durante el sexenio pasado se quemó, literalmente, un billón de pesos con el subsidio a la gasolina.

Independientemente del contenido del mensaje presidencial, lo que llama la atención es que va dirigido a una sociedad movilizada en contra del gasolinazo por organizaciones político-sociales que aparentemente esgrimen un discurso contradictorio con los intereses de los grupos a los que pretenden o dicen representar.

Los partidos de izquierda, que en principio debieran defender a los estratos más desfavorecidos de la sociedad, claman porque prevalezca un subsidio a la población más rica, en detrimento del gasto social que beneficia a la de mayor pobreza. Es cierto que el precio de los energéticos impacta a la canasta básica, pero este efecto es muchísimo menor a la suspensión o limitación de la ampliación de programas como Prospera o el Seguro Popular —por falta de recursos presupuestales que se obtienen de los impuestos o se restan con los subsidios—. Izan una bandera fiscalmente regresiva, es decir, le quitas a los que menos tienen para darles a los que más tienen.

El PAN, que gobernó del 2000 al 2012, durante la época de mayor nivel de precios del petróleo, decidió subsidiar a las clases media y alta, que es la propietaria de vehículos automotores, descuidando la inversión, que es su vocación propia, como un partido cercano a los intereses empresariales, en la construcción de infraestructura y la liberalización de los mercados energéticos. No pudo pasar la reforma estructural ni transformar significativamente el sector petrolero. No hay que olvidar que Calderón fue secretario de Energía y que durante su gobierno se “quemaron más de un billón de pesos”, lo que representa la construcción de 50 líneas de metro similares a la mal lograda con Ebrard, que hubieran beneficiado la movilidad y la sustitución del automóvil en más de 10 zonas metropolitanas del país, que se quedaron sólo con Metrobús.

Los promotores de cierres de carreteras y tomas de casetas para liberalizarlas, El Barzón y otras organizaciones que conforman “El campo es de todos”, afectan la economía regional y principalmente a quienes viven de su jornal, ya que al impedirles trabajar les quitan la canasta básica de la mesa familiar.

A los organismos o asesores fiscales empresariales que proponen la reducción de los impuestos a la gasolina, se les olvida que el gasto público financiado por deuda pública en el mediano plazo provoca carestía de los préstamos bancarios y reducción de la inversión privada por el aumento del costo del dinero y los desequilibrios presupuestales.

¿Qué pasa cuando se subsidia la gasolina? En Venezuela se mantuvo fijo el precio de la gasolina durante 20 años. El enero de 2016, en un estado de emergencia, se aumentó el precio del galón a 0.02 centavos de dólar (0.43 pesos al tipo de cambio actual), sigue siendo la más barata del mundo, cuesta menos que una taza de café (Bloomberg, Gasoline Prices Around the World 12-10-16). El resultado es desabasto frecuente y su contrabando es más lucrativo que el narcotráfico (La Jornada, 04-12-16).

¿Qué pasa cuando se cobra el precio real de las gasolinas? En Holanda, en la que el galón tiene un precio de 6.37 dólares, el número 59 del mundo, lo que ha provocado inversiones constantes en servicios de transporte público, la segunda tasa más alta de vehículos eléctricos y el uso más alto de bicicletas per cápita. La infraestructura se ha financiado con el impuesto sobre gasolina más alto de la Unión Europea, mientras que en la OCDE sólo Estados Unidos tiene menos carga impositiva que México sobre gasolinas. Nuestros vecinos cobran en forma diferenciada por estados, dependiendo de sus políticas ambientalistas y de movilidad, y son el mayor recaudador del mundo por este concepto, debido a su alto consumo.

¿Para qué se cobran impuestos sobre las gasolinas? Para recaudar ingresos y con ellos apoyar la construcción de infraestructura y gasto social o para impulsar políticas de protección al medio ambiente o desincentivar el uso de vehículos particulares como una política de movilidad.

La demagogia o la justificación de que “no se hizo en mi tiempo como gobernante porque no me dejaron” son inoportunas. El discurso puede ser utilizado por quienes tienen intereses en que la estructura de costos no cambie o se afecten sus privilegios surgidos en un mercado cerrado. Aspirar al punto medio entre Venezuela y Holanda es suficiente, había que empezar un día.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

Imprimir

Comentarios