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Marabunta, del pandillerismo al pacifismo

La brigada de paz se consolidó hace 32 años y desde entonces acude a las manifestaciones para evitar enfrentamientos entre quienes protestan y autoridades

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"Cuando se quiere, el cambio es posible”, dice Miguel Barrera, líder de la Brigada de Paz Humanitaria Marabunta, mientras camina con sus compañeros a un bloqueo en la gasolinera de Reforma e Insurgentes.

Se distinguen de entre la multitud por el color rojo de sus uniformes; algunas personas ya los ubican, otras tantas los miran con curiosidad e intriga. Pues “¿serán de los buenos o de los malos?”, se preguntan cuando los ven.

Hace 32 años algunos de los integrantes de este grupo conformaban una pandilla de la delegación Gustavo A. Madero, estaban sumidos en la drogadicción y la violencia, nada les importaba más que conseguir dinero de la forma que fuera para comprar droga.

Luego de perder a la mayoría de sus amigos en ajustes de cuentas y peleas, Miguel se dio cuenta que de seguir por ese camino terminaría como ellos: muerto o en la cárcel.

Salir del pandillerismo no fue fácil. Miguel estaba convencido de que quería hacer algo por él, su familia y su comunidad; y así fue como comenzó la historia de Marabunta.

Ahora, son un colectivo de voluntarios de entre 15 y 50 años de edad, que a través de actividades recreativas, culturales y deportivas busca combatir la delincuencia, no sólo en su delegación, sino en toda la Ciudad de México y en los estados más peligrosos del país.

Pero este grupo no sólo se dedica a ayudar a quienes se acercan con el firme propósito de abandonar los malos pasos, también exponen sus vidas para ser mediadores pacíficos durante una movilización.

Así es, a los marabuntos no les importa recibir golpes, insultos, escupitajos y amenazas, con tal de intentar frenar cualquier altercado entre los manifestantes y la policía.

El objetivo, aseguran, es claro: no permitir injusticias ni abusos tanto de los inconformes como de la fuerza pública. Basta una valla humana entre ambas partes para generar un ambiente menos hostil entre todos.

Incluso, en la mayoría de las ocasiones, son ellos quienes impiden que la policía detenga a personas que se dicen inocentes o abusen de la fuerza para replegar a los manifestantes.

En todo momento se encuentran documentando con sus celulares y cámaras lo que sucede durante una movilización; con esto han logrado que cientos de personas no sean detenidas.

El volverse defensores les ha traído muchos problemas, incluso, Miguel y otros de los integrantes de la brigada portan un botón de pánico pues han sido amenazados de muerte en reiteradas ocasiones. 

“A nosotros no nos importa arriesgarnos, lo que queremos es crear una tregua de paz entre los manifestantes y la fuerza pública. Muchas veces basta que alguien lance el primer insulto para desencadenar la ola de violencia”, dijo Carla Ríos, una de las integrantes del colectivo mientras vigilaba con cautela que no hubiese una gresca entre policías y ciudadanos que bloquearon la entrada del Servicio de Administración Tributaria (SAT).

Los voluntarios que integran Marabunta están capacitados para dar atención médica, pues en muchas de las movilizaciones los servicios de emergencias no intervienen, sino hasta el momento en que culminó la marcha.

Es importante señalar, que todos los insumos para que los marabuntos brinden primero auxilios son comprados por ellos, pues no reciben dinero por parte del gobierno ni de ninguna otra organización.

REMEMBRANZA. Mientras Miguel cuenta a Crónica la historia de la Brigada de Paz Humanitaria Marabunta, recuerda cuáles han sido los momentos que más los han marcado.

Uno de ellos, dijo, fue en el 2013, durante el retiro de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que tenían un plantón en el Zócalo capitalino.

“Sin duda alguna ésta fue una de las movilizaciones que más nos marcó. La gente corría, gritaba; los niños lloraban mientras palos y piedras caían por todos lados. Fue un momento difícil”, contaba mientras saludaba a un funcionario vestido de civil que se encontraba a las afueras del SAT.

Muchos de los mandos policiales, funcionarios y elementos de SSP, conocen a Miguel, algunos lo consideran una persona deleznable, sin embargo, para otros ha marcado el cambio.

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