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Autodefensas en Veracruz dejan la primera víctima colateral

La psicosis se hizo presente en colonias habitacionales del Puerto. Un motociclista se atoró contra una cuerda instalada como protección vecinal. Los maleantes esperados, nunca llegaron

Una vecina toca a mi puerta con angustia, temor y enojo. Son las 11 de la noche de viernes. Me alerta, con gestos temblorosos y voz entrecortada pero grave, que un grupo de hombres armados rondan el fraccionamiento, asaltan casas y agreden a los demás habitantes de la zona.

—¡Ya vienen! ¡Ya vienen!— grita ante mi puerta abierta y sale corriendo para avisarle a los demás.

Veracruz está sitiado por la angustia, el pánico y el miedo psicológico que causan personas desconocidos, aprovechando la supuesta proclama en contra del gasolinazo. Es un miedo esparcido a través de redes sociales. Mensajes de asaltos y saqueos se viralizan en pocos minutos a través de Facebook, Twitter y WhatsApp.

También hay mensajes para salir a defender el patrimonio de todos, nuestras casas, nuestros comercios. La ciudad abandona su lecho en plena medianoche para cubrir las entradas y las calles, forman barricadas con todo lo que esté a la mano: piedras, ramos, autos, sillones viejos, basura, llantas; todo para que no pasen los vándalos, para que no invadan los fraccionamientos. En las redes sociales germinan grupos masivos para mantenerse informados sobre la intranquilidad que sucede en otros puntos de la ciudad.

Salgo de mi casa. La gente del fraccionamiento está en pie de guerra, dispuesta a defenderse, a echar a los saqueadores. Algunos llevan palos, otros machetes, no faltan palos y cuchillos, las manos de la gente sostienen hasta hachas para defenderse.

En cada colonia veracruzana se ha propagado el temor, la histeria. Y los números de emergencia no funcionan, están saturados. Sólo la operadora que pide que después de un timbre se deje un mensaje en el buzón. No hay autoridad. Y a la menor provocación los vecinos corren de un lado a otro en busca de ladrones, los vecinos se defienden con machete en mano dispuestos a masacrar a cualquiera que se arrime a sus hogares con malas intenciones. Bien dice el dicho: “De que lloren en mi casa, mejor en la tuya”.

Es madrugada de sábado. El viento es más fuerte, la temperatura desciende hasta los 12 grados en un puerto donde calores arriba de 36 grados congelaban, ese calor que es el pan nuestro de cada día. Nadie tiene la intención de meterse a su casa a descansar: las guardias continúan hasta que sea necesario, hasta que ya es mediodía de sábado.

Pues hay fraccionamientos donde los delincuentes se hacen presentes. En el Villa Rica y el Oasis, los vecinos detuvieron a cualquier sospechoso, golpeándolos y después entregárselos a la policía estatal. No se confirma si en realidad son ladrones o personas que transitaban por el lugar.

Muerte imprevista. Este pánico dejó un muerto. Un hombre a bordo de una motocicleta se atoró con un mecate que estaba amarrado de extremo a extremo de la calle. El mecate, colocado por los vecinos, lo degolló. Esto en la calle Playa Las Bujas y Palma sola, en la colonia Playa Linda, al norte del puerto.

El sábado amanece con pocos transeúntes y la mayoría negocios cerrados. El pánico se esparce por cada calle y transporte público de Veracruz. El sol despunta pero nadie se olvida que debe seguir en guardia. Hay negocios cerrados, otros abiertos con reservas y protección. Los habitantes tienen miedo de que el vandalismo aún continúe.

 

 


Dos versiones de la autoprotección

En el Estado de México y en Veracruz, entidades que se encuentran al borde de procesos electorales, los latrocinios cometidos con pretexto del gasolinazo se tornaron muy violentos.
En estas mismas entidades, el fenómeno de las autodefensas (presentado por Crónica a sus lectores en ediciones pasadas) tiene tintes dramáticos

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