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Sueños en piedra

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Labrar la piedra es apropiarse de sueños ajenos y hacerlos tangibles. Es una tarea que representa el sustento de un gran número de familias que viven en Tecozautla y Huichapan, Hidalgo. En ambas localidades se vive de la cantera, pues en ellas radican una gran cantidad de talleres, además de la Asociación de Extractores e Industrializadores de esta roca.

Ésa es la realidad a la que pertenece —y disfruta— Adrián Cristino, quien aprendió el oficio a la corta edad de 12 años, gracias a las enseñanzas de su padre.

A la entrada de su taller, ubicado en Loma Linda, del poblado de San Francisco, se observan bloques de distintos matices apilados: desde grises y rojizos, hasta beige y rosas.

En el camino, se aprecian cilindros y máquinas; de repente, aparecen figuras como elefantes y vírgenes, entre ellas destaca un león de gran melena y tonalidades naranjas: ése es uno de sus trabajos especiales y será parte de una lápida en Zimapán, Hidalgo.

Al continuar el camino, se observan a los trabajadores, unos que pulen piezas y otros más que detallan mediante cinceladas las figuras que adornarán la chimenea de una casa, mientras uno de sus compañeros se dedica a soldar parte de una máquina. 

Adrián trabajó para una de las empresas más grandes de la zona, la cual tiene presencia en Estados Unidos y la capital mexicana. Gracias a su habilidad, le ofrecieron tener su propio taller, emprender su PyME, para, de esa manera, trabajar de forma independiente. Su antiguo patrón es ahora su principal cliente.

Decorec es el nombre de su negocio; inició operaciones en 2008 con 6 trabajadores, que hoy en día han llegado a ser 23.

Esta empresa se ha convertido en la fuente de empleo de una región en la que son pocas las alternativas para subsistir. Es por ello que Adrián Cristino se ha convertido en un hombre ejemplar al ofrecer un trabajo estable y cerca de su hogar, así como un salario seguro, a vecinos y amigos.

Durante el tiempo dedicado al labrado de cantera ha vivido experiencias que atesora. Entre ellas, su paso por la empresa que ahora le encarga maquilas, así como la instalación de una subestación eléctrica dentro de su taller.

Pero eso no es todo. Ante la necesidad de que la maquinaria sea adecuada a sus necesidades, Adrián y su equipo de colaboradores han diseñado herramientas especializadas y, con ayuda de herreros, las han fabricado.

En este taller se realizan también trabajos con acabados arquitectónicos. Los diseños, al igual que algunos procesos de corte y vaciado, son realizados con auxilio de máquinas, mientras que el labrado y tallado y la realización de esculturas son a martillo y cincel. Lo más complicado de su oficio, señala Adrián, es lograr la medida y forma que requiere cada escultura.

Adrián también incursiona en la capacitación. Talleres de otros poblados han enviado a sus aprendices a recibir los conocimientos de los artesanos canteros que laboran en Decorec.

La empreza de Adrián, que comenzó como un sueño, cumplió 8 años el pasado octubre. “De 8 años para acá nos dimos cuenta de que sí se pueden hacer grandes cosas, que es posible trascender más allá de lo que pensábamos… representa haber crecido como personas y como empresarios”.

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