Cultura

Presentarán obra inédita y poco conocida de Jaime Nunó

Reportaje. El compositor escribió 600 obras, aunque sólo se conservan 30, refiere Cristian Canton Ferrer, presidente de la Fundación Jaime Nunó, quien presentará en julio la biografía del autor del Himno Nacional Mexicano. Ponen en duda que casa en Tepito, promocionada en recorridos turísticos, haya sido el hogar del artista

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La vida de Jaime Nunó (Cataluña, 1824- Nueva York, 1908)  será redescubierta por los mexicanos durante este año, ya que en el mes de julio se presentará La biografía de Jaime Nunó, libro que dará a conocer los archivos personales del creador de las partituras del Himno Nacional Mexicano. Por otra parte, el cronista Alfonso Hernández expresó a este diario que la casa 95 de la calle Peralvillo, en el barrio de Tepito no perteneció a Jaime Nunó, como actualmente lo promociona la delegación Cuauhtémoc en los recorridos turísticos que organiza dentro del llamado barrio bravo.

Crónica conversó con Cristian Canton Ferrer, presidente de la Fundación Jaime Nunó y con Alfonso Hernández, cronista y hojalatero social del Centro de Estudios Tepiteños de la Ciudad de México, para hablar de los mitos que existen alrededor del compositor catalán.

ABREN EL ARCHIVO FAMILIAR. En el mes de julio se publicará La biografía de Jaime Nunó, libro que resume los 10 años de investigación que ha hecho Cristian Canton Ferrer sobre la vida del músico catalán que creó la melodía del Himno Nacional Mexicano. Será una publicación que por primera vez pondrá a luz los archivos personales de Nunó, edición que además incluirá un disco con algunas de las 600 composiciones que escribió este músico durante sus 84 años de vida.

“Antes de irse del país, Nunó dejó tres composiciones que hizo durante un viaje de tres meses a México en 1901: un vals llamado “Adiós a México”, una marcha a Porfirio Díaz que hoy se considera perdida y un “Himno a la Paz”, que también dedicó a Porfirio Díaz y cuya partitura original se encontró recientemente, hace un par de meses. Datos como éste serán los que incluya el libro”, señala.

“‘Himno a la Paz’ la encontré en una colección particular de la Ciudad de México. Éste es un hallazgo de gran trascendencia porque sería la última obra, de la que tenemos constancia que Nunó compuso. Esta obra la estrenaremos durante la presentación de mi libro en julio de 2017. Como nota curiosa, durante este viaje, Nunó también compuso música para un anuncio de chocolates (marca “La Manita”), de la que conservo el manuscrito”, añadió el presidente de la Fundación Jaime Nunó.

Esta investigación, en parte –comenta Cristian Canton–, se pudo realizar gracias a que conoció a un descendiente de Nunó, un bisnieto que vive en Nueva York. “Me puse en contacto con él y me dijo: tengo una caja, de un metro cúbico, donde pusimos las pertenencias de mi abuelo cuando murió”.

La parte interesante, narra, fue abrir esa caja y encontrar casi 3 mil documentos que Nunó había atesorado durante su vida, entre partituras, documentos, cartas con Santa Anna y Porfirio Díaz, porque son recuerdos que resumen su vida y aportan datos hasta hoy, desconocidos. “Parte de ese acervo lo presentaré en la Ciudad de México, en el mes de julio, a través del libro”.

El interés de Cristian Canton sobre Nunó se debe a que nació en Cataluña, al igual que él, entonces lee la vida del músico como el ejemplo de un catalán que partió a América y triunfó. “Siempre me he interesado por la vida de los músicos que fueron a América y que no han sido estudiados a profundidad en sus países de destino. Además, tuve la suerte de encontrar este acervo monumental”.

La información que tiene dicho acervo es en su mayoría sobre la vida adulta de Nunó, es decir, de finales del XIX, lo cual contrasta con el 15 por ciento de documentos que ocupa el periodo de su vida en México. No obstante,  otro dato que revela el acervo es que Nunó fue un prolífico compositor.

“Quiero resaltar que Jaime Nunó escribió 600 composiciones, de las cuales hoy se conservan 30. Es difícil conservarlo todo, hay guerras y revoluciones, y se pierden documentos, pero es un hecho que fue un compositor talentoso, un gran profesor y una persona famosa”, comenta Canton Ferrer.

MALINFORMADOS. En la casa 95 de la calle Peralvillo, en el barrio de Tepito de la Ciudad de México, autoridades de la delegación Cuauhtémoc iniciaron una leyenda urbana: en ese domicilio vivió Jaime Nunó. Sin embargo, no hay documentación que sustente tal argumento.

En las lonas de dicha casa se lee: Notas del Himno Nacional Mexicano. Lugar donde vivió Jaime Nunó, letras que fueron implementadas por la delegación cuando empezaron a promocionar los recorridos turísticos por Tepito.

“La idea de que ahí vivió Jaime Nunó se empezó a manejar a partir del tranvía que realiza el recorrido turístico por Tepito, el cual la delegación llama Tepitour. Estos recorridos no superan los dos años de existencia y consiste en un tren que corre por toda la calle de Peralvillo y la colonia Santa María, todos los martes”, aclara el cronista Alfonso Hernández.

—¿Por qué decir que ahí vivió Jaime Nunó?

—Desconocemos los motivos y tampoco sabemos por qué la calle con la que hace esquina la casa que promociona la delegación se llama Jaime Nunó. No tenemos dato de que Nunó haya vivido en Tepito, de quienes sí hay información documentada es de Mariano Matamoros, Mariano Azuela, Juventino Rosas y el ex presidente Manuel González.

De acuerdo con Cristian Canton, presidente de la Fundación Jaime Nunó, el autor de la música del Himno Nacional vivió durante tres diferentes momentos en México: primero en 1853, cuando llegó por primera vez al país por invitación de Antonio López de Santa Anna, y en ese entonces residió en el número 26 de la calle Venustiano Carranza, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, entre las calles de Gante y Allende.

“Nunó llega hacia principios de 1853 y se va a vivir en la calle que actualmente es Venustiano Carranza número 26, en esta dirección hay una placa que destaca su estancia. Pero Nunó compartió piso con otro músico: Narciso Bassols, ambos se habían conocido en La Habana un año anterior. Entonces Jaime no llegó completamente desprovisto de contactos a México, llegó con este amigo con el cual se aloja y quien sería el encargado de copiar el manuscrito del Himno Nacional para entregarlo a concurso”, narra Canton Ferrer.

La segunda estancia de Nunó en la capital fue en 1901, cuando llegó por invitación del ex presidente Porfirio Díaz; en esa ocasión sólo estuvo tres meses y de acuerdo con el especialista, estuvo alojado en el Hotel Hamilton. “Eso se puede constatar en una carta que Nunó envió a un amigo en Nueva York y en la que le narra que también viajó a San Miguel de Allende, San Luis Potosí y a Puebla”.

Sin embargo, para el tercer viaje que sucedió en 1904, para celebración el 50 aniversario del Himno Nacional, el catalán vivió durante un año en la ciudad, pero hasta el momento, se desconoce el lugar donde estuvo residiendo.

¿En los archivos personales de Nunó, encontró algún indicio de la casa de Tepito?, se le cuestiona a Cristian Canton. “Entre los datos que conservó Nunó consigo fueron cartas de admiradores y reconocimientos de sociedades musicales, pero no hay constancia de ninguna propiedad en Tepito y con los descendientes no ha salido el tema en las conversaciones”.

SIN FAVORITISMOS. Jaime Nunó fue reconocido por su talento y no por las buenas relaciones que sostuvo con Antonio López de Santa Anna o con Porfirio Díaz, señala Cristian Canton Ferrer, e indica que parte de dicha calidad musical se podrá apreciar en el disco que incluirá la publicación sobre la vida de este compositor catalán. 

“Junto con el libro que publicaré habrá un disco que hemos grabado con el ensamble de solistas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Será un disco con las obras que se han salvado de Nunó, quien hizo mucha obra para coro y piano, con una calidad fenomenal”.

—¿Cómo conoció Nunó a Santa Anna?

—Nunó viajó a Cuba con un regimiento militar e introdujo, tanto en las bandas mexicanas y cubanas, los instrumentos de aliento que hasta ese momento no se utilizaban. Nunó tuvo una fama muy grande en Cuba, fue considerado uno de los grandes músicos militares de la isla y, en esos mismos años, estaba desarrollando su actividad como maestro de bandas y como compositor. Entonces Antonio López de Santa Anna, por alguna coincidencia no clara, conoció a Nunó en La Habana.

“La buena fama que tenía Jaime Nunó hizo que Santa Anna lo considerara y llevara a México para renovar las bandas militares, a lo mejor también para demostrar un ánimo progresista dentro de los círculos militares. En México, Nunó fue director de todas las bandas del país. Creo que su fama y calidad musical despertaron el interés del ex presidente y su deseo de llevarlo a México”.

—¿Qué tipo de relación sostuvo Nunó con Santa Anna?

—No creo que fueran amigos, además los músicos mexicanos no lo tenían en buena estima. Es decir, entre Nunó y el Himno Nacional no hubo favoritismo por parte de Santa Anna, porque Nunó se encargó de mandar la partitura al concurso de forma anónima, le pidió a un compañero que copiara la partitura para que el jurado no descubriera su caligrafía. El Himno Nacional de Nunó ganó por sus propios méritos y no por ningún apoyo ni favoritismo de Santa Anna.

Cuando Santa Anna fue derrocado en 1855, el autor de la música del Himno no huyó del país, como a veces se suele decir cuando se cuenta la historia mexicana. “Nunó residió un año más en la Ciudad de México, continuó desarrollando sus actividades y por eso pienso que su calidad como músico destacó por encima de los favoritismos iniciales que Santa Anna le hubiera concedido”.

Otro mito que se maneja sobre la escritura del símbolo patrio, es que en la casa de Venustiano Carranza 26, tanto Bocanegra y Nunó escribieron ahí el Himno. Lo cierto es que en ese inmueble sólo se creó la música, ya que el gobierno de entonces presentó primero el concurso para la poesía o letra del Himno Nacional, el cual ganó Bocanegra. Después, inició el concurso para ponerle música.

“Se presentaron muchos compositores, entonces Nunó se dedicó en cuerpo y alma a escribir esta composición y ejemplo de eso es que en esa época algunos militares no lo tenían en buena estima, entonces lo retaron a un duelo musical, pero él decidió declinar porque estaba escribiendo la partitura del Himno”, cuenta Cristian Canton.

Después, Nunó continuó su vida como director de orquesta y compositor, viajó a Cuba y a la ciudad neoyorkina de Buffalo, Estados Unidos, en donde vivió hasta 1901 cuando fue parte de los invitados de una exposición universal y fue reconocido por periodistas mexicanos.

“La camarera se acercó a una mesa donde había una delegación de periodistas mexicanos, y le dijo a uno de ellos: ustedes hablan español, en aquella mesa también hay un señor que habla su idioma. Entonces el periodista se acercó a Nunó y ambos se presentaron, el periodista se sorprendió porque en México pensaban que Nunó había muerto y por su parte Nunó desconocía que el Himno aún se interpretaba”, narra el especialista.

Entonces Porfirio Díaz invitó al músico a la capital en 1901 y Nunó llegó por tren, pero en cada estación tenía que parar porque la gente quería conocerlo y que les tocara un cachito del Himno. Cuando llegó a la Ciudad se reunió con Justo Sierra y Porfirio Díaz, y sólo estuvo tres meses por una negativa nota periodística.

“Un periodista le preguntó qué simbolizaba el Himno Nacional Mexicano y Nunó le contó la historia que he relatado sobre el concurso y también dijo que le dieron 500 pesos de esa época por haber ganado el concurso. Pero el periodista tergiversó la noticia e hizo que el público creyera que a Nunó solo le interesó el dinero. Entonces la sociedad porfiriana se polarizó y Nunó decidió regresar a Estados Unidos”, indica Canton Ferrer.

Pero antes de irse, Nunó dejó tres composiciones y dos años después regresó al país para celebrar el 50 aniversario del Himno.

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