Protesta sin rapiña

Juan Manuel Asai

El año arrancó para México de manera vertiginosa y errática. A pesar de la ráfaga de acontecimientos, considero que ya hay una primera lección sobre la mesa. Un mensaje en proceso de elaboración: “queremos protestar sin destruirnos en el intento”.

El uso canalla de las redes sociales y los saqueos dejaron al descubierto una de nuestras caras más feas. Otros episodios similares pueden registrarse en los próximos días. Conforme ocurren, el grueso de la población los rechaza por tratarse de actos vandálicos cuyo primer resultado es que se desprestigia la protesta. La transforma en una acción lumpen, mucha más cerca de la rapiña, similar a la que se registra al paso de un huracán en una comunidad sin servicio eléctrico, que de una acción política.

En la rapiña huracanada es común ver a grupos salir de una tienda cargando pantallas o refrigeradores. Otro caso de rapiña que hemos visto es el de los autollamados anarquistas que muestran su animadversión al establishment saqueando tiendas de conveniencia, sobre todo los Oxxo que son arquetípicos. La embestida de agentes federales en la planta de Pemex de Rosarito, Baja California,  es otra cosa: es una tentativa de homicidio y como tal debe tratarse. No la pueden dejar impune. Ese tipo de protesta se revierte de inmediato contra los inconformes, los transforma en carne de presidio. No sería nada extraño que en los saqueos y agresiones participen integrantes de grupos formalmente enfrentados al Estado, como bandas del crimen organizado o de la guerrilla. No se puede descartar la posibilidad de que haya agentes del Estado encubiertos con la misión de hacer trabajo sucio.

La rebatinga. Ninguna de las anteriores modalidades tiene respaldo mayoritario, ni lo tendrá. La gente quiere expresar su molestia de otra forma que no sea salir corriendo de una tienda con un exprimidor de jugos. De hecho, ha comenzado a surgir una respuesta organizada, violenta, en contra de los saqueos. Ante la insuficiencia de la policía, ciudadanos toman lo que tienen a la mano y no dejarán que los saqueadores los tomen por sorpresa. O sea un enfrentamiento entre ciudadanos mientras la clase política sigue en lo suyo. ¿Qué es lo suyo? La rebatinga por posiciones de poder para manejar presupuesto y que las cosas en el país se hagan como ellos quieren. Peña Nieto lamentó que los partidos de oposición se ensañen con él por el tema de los gasolinazos. No hay forma de que lo eviten, está en su naturaleza, si no lo hicieran no serían partidos de oposición.

Lo que no han dicho Anaya, Barrales y López Obrador es qué harán ellos para evitar que el alza de los precios internacionales del petróleo afecte al país. Seguramente ellos harían lo mismo, claro que no lo dicen y no tienen que hacerlo, con descalificar al gobierno tendrán ganancias monumentales, muchas de las cuales ya tienen en el bolsillo. El gobierno ya dio su versión de los hechos. Sus voceros dicen que tienen empatía por la población pero no la transmiten, lo que difunden es el gesto de “lo hecho, hecho está y  háganle como  quieran”.

Y justo ahí se abre la oportunidad para que los ciudadanos saquen algo positivo del vertiginoso arranque de año, que lo hagan como quieran, que demanden explicaciones sustantivas, solidaridad real en el sacrificio y cambio en las reglas. La lucha por las gasolinas puede, cómo decirlo, embarnecer a la ciudadanía, que pise más fuerte para que finalmente las cosas seana su manera.

jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

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