El presidente se “solidariza”

Rosa Gómez Tovar

El miércoles 4 de enero, el Presidente de la República, en conferencia de prensa, se solidarizó con la población por el aumento de la gasolina. El descontento de la población, sin embargo, ha alcanzado niveles en los que hacer un simple anuncio no bastará para relajar la tensión creciente que azota a nuestra sociedad.
Esto se hizo evidente al no disminuir la intensidad de las protestas en los últimos días, muchas de forma pacífica, como la gran mayoría del sábado pasado, pero otras mucho más violentas y que desembocaron en actos de vandalismo y pillaje en algunas entidades federativas como el saqueo de una tienda comercial el 3 de enero en el Estado de México; el enfrentamiento entre manifestantes y policía en una terminal de Petróleos Mexicanos en Rosarito, o los disturbios en el estado de Veracruz.
Estos actos que se encuentran fuera de la ley, se deben de rechazar de forma enérgica y los responsables deberán enfrentar las consecuencias, pero que el gobierno piense que son resultado únicamente del aumento al precio de la gasolina y que deben reprimirse, sería erróneo.
Nos encontramos ante una población que está inconforme con el nivel de bienestar en el que se encuentra, y con toda razón: según cifras del Consejo para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social en el país, existen 55.3 millones de personas en la pobreza y, aunque se asegure que la porción de la población más beneficiada con el precio regulado de la gasolina eran los deciles con mayor poder adquisitivo, este aumento tendrá impacto en otros productos. Como la gasolina, el gas LP también se liberalizó, y su precio incrementó, este bien es utilizado por un conjunto mucho más amplio de la población y no sólo por los “automovilistas ricos”.
El Presidente nos explicaba en su anuncio que el precio de la gasolina depende del precio del petróleo y nos hablaba del creciente costo de este bien; sin embargo, si se analizan las fluctuaciones del mismo, en realidad el precio en dólares de un barril de mezcla mexicana se asemeja a valores de 2008, justo cuando azotó la crisis financiera mundial y de hecho el precio de un barril había descendido drásticamente. El precio que actualmente se observa es resultado de una caída constante del mismo desde mediados de 2014. Si bien el precio para los mexicanos de gasolina habría aumentado, sería porque se trata en su mayoría de producto importado que está sujeto a la volatilidad de nuestro tipo de cambio frente al dólar y que ha sufrido depreciaciones constantes desde el año pasado por la contienda electoral en el país del norte.
Por último, es difícil para nosotros, simples mortales, entender cómo se solidariza el Presidente ante este aumento, cuando su puesto considera prestaciones donde no deberá desembolsar de su salario recursos para adquirir el ahora tan caro líquido, e inclusos gobernadores provenientes de distintos partidos como el de Chihuahua, Tamaulipas, Sonora, Ciudad de México, Morelos, Nuevo León, Quintana Roo y Veracruz piden explicaciones sobre el monto del aumento.
El sector público debe racionalizar con mucho más énfasis los recursos públicos que tienen a su alcance, pues explicaciones como las que se dan actualmente ya no convencen a la población y de hecho en muchos casos, generan aún más enojo.


rosagomeztovar@outlook.com

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