Esperar... lo importante es el cómo - Fernando de las Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Esperar... lo importante es el cómo | La Crónica de Hoy

Esperar... lo importante es el cómo

Fernando de las Fuentes

Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos

Buda

Todos los desencuentros humanos, de cualquier tipo, y todas las frustraciones personales, las que se le ocurran, dejarán de ser tales cuando se entienda cabalmente la diferencia entre esperanza y expectativa.

Ambas son formas enteramente opuestas de esperar algo. Una, la esperanza, es la manera de la gente feliz; la otra, la expectativa, la opción de la infeliz. Cambiar la arraigada y devastadora creencia de que la vida es dura e injusta, por la eficaz y constructiva idea de que es bella y justa, radica en la sutileza de esta diferenciación.

En tanto la esperanza es un deseo, la expectativa es una exigencia. Cuando nos apegamos al resultado de aquello que esperamos, y depositamos en él nuestra felicidad, seguridad o tranquilidad, hemos pasado del deseo a la exigencia.

Con la esperanza se desea que una persona o situación cambie para mejor, dejando abiertas en la mente y la emoción las vías por las cuales habrá de hacerlo y aceptando cualquier resultado. Podemos sentirnos desilusionados si aquello que esperamos no sucede, pero no infelices.

Con la expectativa no sólo esperamos un resultado, sino que elaboramos mentalmente las condiciones bajo las cuales debe darse, los pasos a seguir, las formas que adoptará y no aceptamos ninguna desviación. Esto nos lleva a intentar controlar a las personas y los acontecimientos, produciéndonos gran frustración, porque nada, evidentemente, sucederá como queremos.

La esperanza, pues, es una ilusión general, mientras la expectativa es una elaboración detallada del pensamiento, que en ocasiones prefigura hasta el más mínimo detalle sobre lo que se espera, llevándonos a la obsesión.

La esperanza le da tiempo a los sucesos, la expectativa presiona para que sucedan de inmediato. La esperanza está relacionada con la fe y con el alma; la expectativa con la arrogancia y el ego.

La esperanza es realista, por eso no se aferra al resultado, aunque disfruta el proceso; la expectativa es necia y desmesurada, enfocada únicamente a un resultado por demás imposible, por lo que además sufre el proceso.

Veamos un ejemplo en la relación que más problemas presenta, la de pareja. La fórmula común es: “esto no funciona como debiera porque tú estás mal”. Se culpa al otro u otra porque no es como debiera ser ni hace lo que debiera hacer; no responde en detalle al modelo mental, elaborado a veces durante años, de manera que hay que hacerlo encuadrar por la fuerza, mediante manipulación y maltrato.

El resultado esperado no estará nunca a la mano, aunque el autoengaño diga lo contrario, y mientras más control y presión se ejerza, más frustración e infelicidad se obtendrá.

En esta situación se dan todos los reclamos comunes de pareja, derivados de demandas absurdas: “tú no me quieres (como quiero que me quieras)”, “no me atiendes (como quiero que me atiendas)”, “no te importo (como quiero importarte)”, “tienes otros intereses”, “no lo haces como yo”, “no piensas como yo”, etc.

El resultado es frustración, queja constante, sufrimiento y resentimiento. En estos casos la expectativa es mutua, pues cuando uno de ellos no puede relacionarse bajo este esquema, se va.

Cambiar esta situación tan extendida es posible si mutamos la expectativa en esperanza. Ésta, para comenzar, en pareja es compartida. Ambos tienen el deseo y se involucran en su cumplimiento, de manera coordinada, por tanto cada uno hace lo mejor que puede. Aun así es posible que no se realice, y no obstante cada uno quedará en paz consigo mismo, a pesar de la tristeza.

Existe también la expectativa respecto de nosotros mismos, que es aún más tiránica. Ésa es la que nos hace pensar que el otro tiene razón y que debemos encuadrar en su modelo, cosa que nos será imposible, puesto que no podemos dejar de ser nosotros mismos. Y sin embargo, lo intentaremos.

Esperanza o expectativa, frustración o paz. Usted elige.

delasfuentesopina@gmail.com

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