No es cualquier cosa, es una gran calamidad

Leopoldo Mendívil

ESTIMADOS LECTORES:

+Un optimista ve una oportunidad

en toda calamidad; un pesimista ve

una calamidad en toda oportunidad

 

Winston Churchill

 

Por los puntos que resultaron asertivos en el mensaje presidencial del viernes y en la toma multiplural de acuerdos en la reunión, en Los Pinos, de ayer, lo mejor que le puede y le debe suceder al país es, como en las guerras, una tregua nacional para presentarle un frente común a la calamidad que ya tenemos encima.

Calamidad no es cualquier cosa:

“El termino calamidad —dice una definición—… quiere decir golpe, flagelo, azote o daño, pero en otro sentido se usa para denotar desastre o desgracia… En nuestro idioma, al utilizar la palabra calamidad lo hacemos para referirnos a una desgracia, infortunio, sufrimiento o adversidad que afecta a varios individuos… Un ejemplo muy vívido de una calamidad puede ser un acontecimiento natural, como los terremotos, las inundaciones, tsunamis, la peste, erupciones volcánicas o, en tales casos, ocasionadas por el ser humano, como una guerra…”.

Si le damos un breve repaso a la historia nacional, podemos resumirla en una línea excesivamente punteada de calamidades, desde las guerras, las invasiones y las revoluciones que nos hicieron libres, pero también vencidos, humillados y empobrecidos, hasta los fenómenos naturales que en diversos momentos se han ensañado con nuestro territorio; y las plagas, desde las importadas con los conquistadores que diezmaron a nuestros pueblos mesoamericanos y las modernas invasiones sin balas, pero con pérdidas supermillonarias que son las crisis económicas, unas provocadas en lo interno, otras que han golpeado desde fuera, terribles siempre, incluidas las menores…

Quizá nunca vuelva a coincidir con el ex panista Germán Martínez, pero quiero aprovechar la oportunidad para presentarle mis respetos por su artículo de la semana pasada en el diario Reforma, en el que nos recordó haber tenido un primer Trump en nuestro pasado, el presidente James Polk, que en 1847 le arrancó a México su inmensa y rica parte norte mientras nos peleábamos aquí dentro y no supimos cómo defendernos… Hoy estamos en las vísperas de que el nuevo Polk se nos corporice en oootra calamidad, no sé si la peor, pero amenaza con ser seriamente destructiva y, como siempre en el pasado, hoy ese peligro en ciernes nos pesca peleando entre nosotros, como estábamos cuando el primer Polk capitalizó aquel estado de cosas crónicamente mexicano para arrancarnos lo que ha probado ser la mejor región que integraba nuestro territorio nacional…

Hoy la situación es tal cual. Ayer, sin embargo, hubo un encuentro que intentaría, supongo, ser la tregua propuesta aquí ayer por la mañana, con miras a convertirse en el acuerdo nacional que nos está haciendo desde que comenzó la historia de la República.

El planteamiento de Germán Martínez, la semana pasada, ha sido uno de los estribillos de este espacio desde sus mismas mocedades, quizá hasta el límite del aburrimiento, pero no más porque nadie ha logrado una tregua que conduzca a un acuerdo nacional, de fondo y de buena voluntad, con vistas a salvar al país, primero de sus propios habitantes y después de cualquier clase de calamidad externa.

¡Por favor!, ¡por Dios!, volvámonos por una vez ciudadanos conscientes y salgamos de ésta por el esfuerzo conjunto. Saquemos a México del pozo y gocemos la victoria que podamos lograr.

Con suerte y después olvidamos nuestros rencores y seguimos hacia arriba…

 

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