Octanaje social - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Octanaje social | La Crónica de Hoy

Octanaje social

Wilfrido Perea Curiel

Se puede entender como octanaje una suerte de escala que sirve para medir la capacidad antidetonante de un carburante, como la gasolina, al momento que se le comprime en un pistón de un motor. Algo así como resistencia a no explotar, pese al sometimiento de una fuerte presión. Irónico, tenía que ser un gasolinazo el que prendiera el ánimo social. En realidad, la espiral del descontento, la furia y el hartazgo ya se venía desenvolviendo, pero ahora pasó de las redes sociales al espacio público, del móvil o la tableta a la calle.

Aciago se perfila este 2017, no en vano ayer en diversas columnas políticas se recordó aquel enero de 1994, año de muy lamentable memoria. Hay que decir que lo que viene sucediendo en el país en los últimos días es por demás inédito, no tiene precedente alguno. Estamos ante un escenario emergente y, por lo mismo, turbio e informal. El viejo régimen padece estertores, quizá los de su etapa terminal.

Se reclama de mucha objetividad y mesura para observar la realidad, ésta se presenta muy difusa y el debate está permeado de juicios de valor, ideología o pragmatismo. Los esquemas y las categorías tradicionales del análisis político ya no alcanzan para explicar la coyuntura imperante.

Las movilizaciones contra el llamado gasolinazo se extienden por 25 entidades. En estos últimos días hemos dado cuenta de manifestaciones pacíficas, llamados a la resistencia civil, espontánea organización ciudadana. Empero, paralelamente, también de saqueos, cierres de carreteras, quema de municipalidades, vandalismo, rapiña del crimen organizado, campañas de terror orquestadas, rumores de toda índole, incluso expresiones extremas de ira, como en Rosarito.

Hay una gran discrepancia entre los observadores. Algunos hablan del invierno mexicano, apelando a la llamada primavera árabe, siguieren que la ciudadanía ha despertado de su letargo y que a través de la presión social pondrá contra las cuerdas no sólo al gobierno, sino al sistema en su conjunto, para que de ello emane un nuevo ordenamiento político. En esta perspectiva lo que prevalece es la esperanza, algo bueno resultará.

Otro sector de la comentocracia ha dicho que poco hay de espontaneo en lo visto recientemente. Que la indignación social ya se había expresado, sólo que ahora fue manipulada por profesionales en el manejo de las redes sociales, desde donde se incitó a la violencia. En esta lectura hay quienes señalan a los más disímbolos actores como los causantes de tal exceso, a saber, el Ejército, el propio gobierno federal, la oposición, ya sea de derecha o izquierda, el crimen organizado, etcétera. Bajo esta óptica lo que impera es el sospechosismo. Nada bueno cabe esperar de esto.

Habría que irse con calma, el maniqueísmo no ayuda mucho, detrás del blanco y negro hay una amplia gama de grises. Parece incuestionable que el hartazgo ciudadano ha llegado a una situación límite. La sociedad ha levantado la voz y ha dado muestras de organización propia, avidez de participación, deseo de impulsar un cambio y escasa tolerancia hacia la clase política. Sería irresponsable soslayar su emplazamiento.

Por otra parte, hay serios análisis periodísticos que dan claros indicios de que los saqueos y otras expresiones de violencia fueron estimulados y orquestados, tanto por ciberprovocadores como por vándalos pagados. Sobresale el presentado por El Universal el domingo pasado. Algo parecido a una estrategia para deslegitimar las manifestaciones pacíficas, generando pánico, para con ello evitar la articulación social y la unidad de propósito en las movilizaciones. Habría malas noticias para quienes persiguen este cometido, ya que la tendencia que se perfila, al menos al día de hoy, es que los saqueos han disminuido y la vertebración ciudadana se ha extendido. Como sea, el conflicto no se desmontará pronto.

pereawilfrido@me.com

 

Imprimir

Comentarios