Sus hijas creen que está de viaje de trabajo, pero está encadenado a las rejas de la Catedral | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

Sus hijas creen que está de viaje de trabajo, pero está encadenado a las rejas de la Catedral

Marco Antonio Castellanos (de camisa roja).

Marco llegó el domingo antes del medio día a la Catedral Metropolitana. Acomodó a un costado la colchoneta y una cobija y se sentó en la banqueta del recinto religioso. Luego se colocó unas pesadas cadenas de cinco metros y de unos 8 kilos en las muñecas y comenzó una huelga de hambre.

Hoy, sigue allí. Su acción, coinciden muchos capitalinos que lo han visto, parece la de un loco.  El joven de 32 años, recargado en una de las rejas de la Catedral, junto a los plomeros y albañiles que ofrecen sus servicios,  es Marco Antonio Castellanos, de tez blanca, quemada por el sol, enfundado en camisa de vestir roja bien planchada, pantalón de mezclilla y tenis negros Puma. Cuenta a Crónica que su protesta es para “concientizar a la ciudadanía” de que un hombre solo que se manifesta de forma pacífica y no saqueando comercios, puede lograr un cambio.

Marco, quien es dueño de una fábrica de disfraces, lleva más de 40 horas sin probar alimento. Lo único que ingiere es agua, mucha agua, regalo de quienes ya saben que está allí. Dos veces al día lo checan paramédicos.

“No me voy a ir de acá… Y si lo hago será hasta que mi cuerpo ya no lo aguante”, comenta.

Los que pasan por ahí se detienen a escucharlo y saber por qué de su protesta. Los más jóvenes son quienes lo ven y escuchan con detenimiento; la gente mayor y las familias asienten con la cabeza al escuchar que lo que puede derrotar la crisis del país es la sabiduría.

“Yo quiero que tomen conciencia y lean, se informen y dejen atrás la ignorancia”, explica.

Entre la gente reunida, una jovencita de tercer grado de secundaria comenta que los jóvenes son los que deben salir adelante y estudiar para tener una mejor vida.

Algunos otros reprochan los actos vandálicos suscitados los últimos días y expresan su apoyo con este joven que ya tiene marcas en el cuello y en la cara ocasionadas por el sol.

La señora Jovita se acerca a él con lágrimas en los ojos y una botella de agua, agradeciendo el esfuerzo y sacrificio que hace por lograr un cambio: “no sabe la situación tan difícil que mi familia y yo hemos pasado, gracias”.

Marco espera sentado bajo el sol a que las horas pasen. Cuenta que su esposa, que lo apoyó totalmente, lo espera y cuida desde su hogar en Cuatitlán Izcalli, junto a sus dos hijas, de siete y un año. Las niñas creen que está de viaje de trabajo...

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