Ciudad

Lanzan a la calle a 11 familias en la Del Valle

Los desalojados recibieron apoyo de vecinos para levantar sus pertenencias.

Entre escombros y muebles se escuchó el llanto de tres niños. Sollozaban por ver sus cosas en la calle.

“¿Por qué están mis cosas aquí?”, preguntó uno de ellos a su madre.

“Nos vamos a cambiar de casa”, le respondió ella.

La realidad es que granaderos los desalojaron ayer por la mañana del departamento en el que vivían, debido a que, décadas atrás invadieron el edificio intestado.

A las 7:30 horas, 50 elementos de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina llegaron al edificio marcado con el número 1113 de la calle Adolfo Prieto, en la colonia Del Valle, de la delegación Benito Juárez, una de las zonas de mayor plusvalía en la Ciudad de México.

Para ingresar al edificio, los uniformados rompieron una ventana exterior y al lograr entrar exigieron a los habitantes que se retiraran.

“¡Si hacen algo más, los vamos a matar!”, gritaron policías, según narró Josefina, una de las afectadas.

Los uniformados se abrieron paso entre empujones, golpes y súplicas de los inquilinos. Rompieron puertas y entre amenazas comenzaron a sacar muebles, refrigeradores, sillones, camas, mesas…

Sin razón alguna los elementos abrieron cajones para sacar la ropa, vaciaron libreros y alacenas; todo quedó revuelto en la calle: zapatos, libros, trastes, colchones, ropa.

Ni las mascotas se libraron. Entre los escombros, los perros fueron amarrados y guardados para evitar que se perdieran, así como las sábanas y las cobijas.

“No encuentro ni mis cobijas. Todos están agarrando lo que sea”, dijo una señora de unos 60 años.

Para otros, la historia fue diferente.

Ximena Salinas no alcanzó a sacar sus cosas, a tal grado que, según ella, lo que traía puesto sería su atuendo en los próximos días.

Ella aseguró que ya les había advertido a todos sobre el desa­lojo, debido a que la mayoría no pagaba renta y, algún día, el dueño del edificio iba a reclamarlo y no tendrían cómo comprobar que no eran invasores.

Horas después del desalojo, una decena de camiones de mudanzas comenzó a llegar. Algunos ya tenían un techo por unos días, pero otros todavía vivían en la incertidumbre.

Sofía Camacho, de 70 años,  todavía no sabía quién la recibiría con todas sus cosas. Por ahora, su primera opción era una bodega.”No tengo con quién vivir”, platicó.

Como un gesto de solidaridad, vecinos de la misma manzana ofrecieron su ayuda para separar y acomodar los muebles rotos.

Imprimir