¿Quién lo hubiera dicho?

Marcelino Cereijido

En una de las últimas audiciones de diciembre de 2016, Carmen Aristegui entrevistó al periodista e historiador Lorenzo Meyer en el canal 705 de Cablevisión (CNN). Hablaron del perjuicio que causará a México que el troglodita Donald Trump haya sido electo presidente de los Estados Unidos. Aparte de la mala sangre que me causa el tema en sí, deploré la manera en que lo manejaron en el programa. A pesar de admirar profundamente a Carmencita por su inteligencia y valentía de exponerse a las vendettas que padecen los periodistas mexicanos, veo noche a noche su programa y siempre me ha dolido su analfabetismo científico en los programas. ¡Le sería tan fácil asesorarse!

Las maneras conscientes de interpretar la realidad han ido evolucionando, y atravesando un larguísimo período religioso. Dicho período se inició tal vez con los animismos, cuando la gente pensaba que los objetos tienen un ánima responsable de sus conductas. Quiero compartirles una experiencia personal con el ANIMISMO. Hace años subí al Popocatepetl un día en que estaba muy activo y, cuando pregunté a los moradores si no les daba miedo vivir en Amecameca, me respondieron “No, porque nos llevamos bien con Don Goyo”. Luego llegó un largo período de POLITEÍSMO en el que vivieron incluso los Mayas y los Aztecas. Lo sucedió el MONOTEÍSMO. Pero justamente cuando en el Siglo IV el emperador romano Constantino, viendo que el 70% del Imperio Romano estaba habitado por esclavos que admiraban al dios judeocristiano, decidió aplacarlos adoptando el cristianismo como religión de estado. Claro: lo hizo a su manera, porque al mezclar el Judeocristianismo con el Paganismo en que siempre habían vivido los romanos, produjeron el actual “Catolicismo Romano”. 

Hace medio milenio, el liderazgo de Martín Lutero desencadenó la revolución protestante y transformó el norte de Europa en Primer Mundo. España y consecuentemente México se quedaron estancados en una weltanschaüung católica, y jamás dieron el paso evolutivo hacia la Ciencia Moderna que sí había dado el Primer Mundo. Así y todo, México tuvo el enorme mérito de haber desarrollado una comunidad de investigadores de altísimo nivel (no lo afirmo yo porque sea un investigador profesional, lo indica el hecho que de que publicamos en las mejores revistas del mundo). Pero jamás pudo desarrollar una Cultura Compatible Con la Ciencia (CCCC).

OJO, no estoy diciendo “Cultura Científica”, sino CCCC. Cultura Científica sería que el pueblo supiera quién fue Galileo, qué hizo Newton, cuáles fueron las grandes contribuciones de Einstein, que aportó Pasteur. La CCCC es algo distinto. Por ejemplo, si les cuento a los argentinos que México tiene buena odontología, no van a pensar que aquí todo el mundo es odontólogo. Habrá 1 quizás 2 odontólogos por 100 habitantes, no sé. El resto tiene una Cultura Compatible Con la Odontología, porque cuando padece un problema dental, gingivitis, dolor de muelas, recurre a ese 2%. El analfabetismo científico es cuando la gente no sabe qué es la ciencia, ni tiene una cultura compatible con ella. Yo me atrevo a opinar que los EEUU NO tienen una cultura científica, pero SÍ tiene una cultura compatible con la ciencia: pues cuando las papas queman recurren a la ciencia. Cuando se asustaron porque los soviéticos habían desarrollado cohetes capaces de alcanzar la Luna, pusieron astronautas en órbita, y transportaron al espacio bombas atómicas de 50 megatones, los estadounidenses recurrieron a la ciencia, en una década llegaron a la Luna y hoy mandan sondas a Júpiter, investigan el Alzheimer, Sida, Cáncer, etc. Ya la Segunda Guerra Mundial acabó luchándose con ciencia. Estados Unidos y la Unión Soviética no se mandaban mutuamente ladrones a robar bancos, sino espías a robar ideas para desarrollar bombas como las V2, hacer redes de comunicación satelital para avisar tempranamente si los otros arrojaban algún cohete. No lo necesitaron, pero gracias a aquel intento hoy tenemos internet, Google, bibliografía, y pudimos ver a Nadia Comaneci de varios ángulos con un detalle y en tiempo retardado que no veríamos ni sentados en una butaca debajo de la vara.

Tengo el honor de ser miembro del CCC (Consejo Consultivo de Ciencia) de Presidencia de la Nación. La mala noticia es que en dos décadas jamás me preguntaron nada. Uno de los problemas del analfabeta científico es que no sólo no tiene ciencia, sino que si la tuviera no sabría qué hacer con ella. Me enfermaba que el presidente en turno nos dijera “Ahora tenemos problemas, pero ni bien los resolvamos vamos a apoyar a la ciencia”. Siempre lo comparé a alguien que dijera “Ahora tengo que resolver estas ecuaciones diferenciales, pero ni bien lo logre voy a ver qué es eso de “matemática”. Incluso tuve la bronca de leer en un periódico una noticia obviamente escrita por un analfabeta científico. Fue un año en el que Japón había tenido desgracias de todo tipo: reactores que se descarrilaban, tsunamis y terremotos. La noticia fue “A pesar de sus problemas y crisis Japón aumentó el presupuesto para la ciencia”. Que es como si Babalucas dijera: “A pesar de estar enfermo, mi hermano fue al hospital”. ¡No! fue a pesar de estar enfermo, sino PORQUE estaba enfermo. No entendió que, si a pesar de su problema Japón apoyaba a su ciencia, es porque tienen una cultura compatible con ella y como pueblo de Primer Mundo, sabe que la mejor herramienta inventada por el ser humano para resolver problemas es la ciencia moderna.

Quisiera que, así ilustrados, los lectores estén ahora preparados para entender qué significa para nuestra cultura que el Estado corte el presupuesto para la educación y la ciencia “porque tenemos problemas”, y que en los programas de TV mi admirada Carmen y su prestigioso invitado se agarren la cabeza pensando qué irá a hacernos Trump, pero ni se les pase por la cabeza que hay algo que se llama conocimiento. De hecho, sugirieron que hay que estar preparado para el retorno masivo de muchísimos mexicanos que trabajan en EEUU a quienes Trump ya ha declarado que los expulsará.
Tuvieron en cuenta el impacto que va a tener Trump en el valor de nuestro peso. No advirtieron que ya no estamos en épocas marxistas en que las ventajas las otorgaba el capital acumulado... A Carmen y Lorenzo Meyer la enorme ventaja cognitiva que Estados Unidos le lleva a México, les resulta invisible porque consiste en tener la ciencia más avanzada del Planeta. Resuena la observación de Jean Piaget “Uno no sabe lo que ve, ve lo que sabe”. Hoy los pueblos que no tienen ciencia, y tampoco una cultura compatible con ella deberían temerles más a nuestros burócratas y al analfabetismo científico que al mismísimo Donald Trump.

Profesor Emérito del Cinvestav

Miembro Emérito del Sistema Nacional de Investigadores

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