El Acuerdo. Sin margen para simulacros

Juan Manuel Asai

Durante la primera semana del año se confeccionó la pregunta en torno a la cual girará el quehacer político del país de aquí al año 2018. ¿Los mexicanos llegarán al día de la jornada electoral tan enojados como para votar mayoritariamente por López Obrador para Presidente de la República?

De acuerdo con este planteamiento, el gobierno y su partido, me refiero al PRI, tienen una misión clara: contener de inmediato los niveles de irritación social y evitar a toda costa que la molestia se transforme en cólera. Los simpatizantes de López Obrador, entre los que se encuentran izquierdistas moderados, pero también gente interesada en descarrilar la vida institucional, tienen, por el contrario, la misión de alimentar el enfado popular hasta transformarlo, de ser posible, en cólera. Ciudadanos enojados son votos para Morena.

Hay una certeza: el enojo gana elecciones. Lo vimos apenas en noviembre en Estados Unidos. Los demócratas menospreciaron el enojo de un amplio sector de la población, blancos de clase media y baja, habitantes de estados rurales, que quedaron fuera de los beneficios de la globalización. Les salió carísimo el error y ahora la factura la pagará el mundo.

 

Tarifas del transporte.- El gobierno y sus aliados, o sea, los que consideran al tabasqueño un peligro, no la tienen fácil. Mucha gente está como agüita para chocolate y 18 meses es un lapso breve para volver a la luna miel. Lo primero es que el enojo no se desborde. ¿Qué hacer? Hay tela de dónde cortar. Va un ejemplo: Evitar, pero en serio, que las tarifas del transporte público se disparen. Lo ideal sería mantenerlas en su nivel actual, pero si hay aumento, que sea el menor posible. Si el precio de los colectivos y los autobuses sube como consecuencia del gasolinazo, cada vez que un ciudadano gaste emitirá un recordatorio familiar destemplado.

Un programa emergente de austeridad en los niveles altos del gobierno federal, pero también estatal y municipal, es indispensable. Hablo de austeridad real. Nada de viajes con comitivas gigantes, nada de flotillas de camionetas de último modelo, nada de vales de gasolina. A lo que se debe añadir una rigurosa vigilancia sobre el precio de los productos de la canasta básica. Empobrecer a los pobres y meter al mundo de la precariedad a las clases medias asfalta el camino a los aventureros de la política que ofrecen soluciones fáciles para problemas complejos.

El Acuerdo de Apoyo a la Economía Familiar sentó en una gran mesa a parte fundamental de la élite en el país. Funcionarios, empresarios, líderes sindicales. Ya antes en el pasado se firmaron pactos similares. La mayoría terminó en el archivo muerto. Eran un operativo político para una coyuntura específica. En el 2017 repetir el numerito de que los poderosos posen para la foto, algunos con relojazos de cientos de miles de pesos, no llevará a nada que no sea quitarles poder. Tienen que haber resultados concretos en poco tiempo.

En fin, el Acuerdo envía el mensaje de que  hay preocupación en el grupo gobernante. Si las élites se reunieron para montar una mascarada, deben tener presente que su lugar de predominio en la sociedad está en riesgo. Ya están lejos del pueblo. Si el Acuerdo no resulta, la distancia entre los dos será insalvable. Lo dijo mejor el poeta: no nos vendamos simulacros, para que entre los dos no haya telón ni abismos.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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