Nadie creerá, si no da el ejemplo

René Arce

La confianza del pueblo mexicano en el Presidente Enrique Peña Nieto está alcanzando niveles cercanos a un dígito, quizás a estas alturas de sus mandato sólo uno de cada diez mexicanos le crean a sus mensajes. Dictadores como Santa Anna o Porfirio Díaz que llegaron al poder por vía electoral tuvieron en su momento más crítico, más popularidad que el actual mandatario.

Un estadista puede y debe tomar decisiones muy difíciles cuando piensa en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones, pero debe estar libre de sospechas para que sus conciudadanos no tengan elementos firmes de que estas decisiones estén motivadas para favorecerse económica y políticamente en lo personal o para su grupo más cercano.

Cuando se firmó el Pacto por México al inicio de su mandato, contó con la aceptación de una buena parte de la sociedad: intelectuales, académicos, clases altas y medias así como políticos nacionales e internacionales reaccionaron favorablemente y los mercados se interesaron por la inversión en México.

Sin embargo, la corrupción desatada por gobernadores, legisladores, integrantes del gabinete, presidentes municipales y funcionarios  medianos, más el escándalo de la “casa blanca”, así como la continuación de la violencia y violación a los derechos humanos en múltiples casos que generó miles de víctimas y la impunidad prevaleciente fueron colmando el vaso del descontento que terminó por derramarse con el llamado “gasolinazo”, que más allá de las explicaciones técnicas que ha balbuceado el gobierno federal, propició finalmente el despertar de la sociedad mexicana con consecuencias que aún son difíciles de determinar, que indudablemente serán muy diferentes a las que otras crisis nos han mostrado.

Hoy tenemos casi consenso en que al gobierno y a la clase política le faltó sensibilidad de las molestias acumuladas en la población. Mientras se anunciaban nuevos escándalos de corrupción y aumento a los precios de las gasolinas, los legisladores federales y locales se asignaban cuantiosos recursos económicos, ya sea directamente a ellos o a través de sus grupos parlamentarios; los consejeros del INE y los miembros del poder judicial también hacían lo propio y el Presidente de la República se mostraba en fotos tomando sus vacaciones en un paraíso, sonriente jugaba el deporte de los millonarios del mundo y de México. Si hay algo que indigna a una población es que se burlen de su creciente indignación ante su pobreza. Esta clase política se comporta como aquel individuo que pasa frente al velorio de una persona y le grita a los familiares “muchos días de estos”.

La gota se derramó, y el Presidente trata de justificarla preguntando a los mexicanos ¿ustedes que hubieran hecho? Pues lo primero que habría que contestarle es que debería poner el ejemplo, para empezar, podría ser un acuerdo real y no mediático para en principio hacer un recorte a todos los gastos suntuarios en el gobierno federal y solicitar a todos los órdenes de gobierno y poderes a también hacerlo. Gastos onerosos en comunicación social, guaruras, asesores, aviones particulares, seguros médicos, rentas de edificios innecesarios, eventos de promoción, entre otros, deberían ser radicalmente disminuidos o de plano cancelados.

El ejecutivo debería de enviar una iniciativa al Congreso para disminuir cuando menos en un 30 por ciento todos los ingresos y prestaciones de los funcionarios de niveles altos, y solo tener atención médica y seguridad social con cargo al erario en el ISSSTE o en el IMSS.

Capturar y encarcelar a los ex gobernadores ladrones y saqueadores y transparentar las relaciones del gobierno federal con todas las grandes empresas constructoras e inversoras en nuestros país y en especial con OHL y Oldebrech.

Después de dar muestras que se escucha la indignación ciudadana con acciones concretas y programadas y no con disposiciones generales, reunirse con las diferentes voces que plantean propuestas alternas sobre la viabilidad de hacer ajustes al incremento de las gasolinas. Pero si no hay ejemplo antes de que existe esta sensibilidad, nadie le creerá al Presidente y el despeñadero seguirá creciendo.

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