Dos hombres; dos discursos

Rafael Cardona

Caminan los días con la inexorable velocidad del tiempo. Sus ráfagas de alivio o desesperanza nos sacuden, nos hacen sentir frágiles ante a los designios del poder total a cuya decisión debemos resignarnos en el futuro como hemos hecho en el pasado.

En los días invernales vuelan las palabras de dos políticos absolutamente distintos. Humanista y demócrata uno; palurdo enriquecido el otro; uno emergente de los barrios de Chicago y el servicio ciudadano; el otro, altivo millonario diestro en las artes del engaño empresarial y la voracidad crematística. Atrabiliario y procaz.

Barack Obama simboliza y cristaliza muchas esperanzas, a pesar de todo, especialmente la creencia en un mundo en el cual lo peor se quede abajo y lo mejor ascienda. Y digo esperanza porque de las propias palabras del ya casi ex presidente de Estados Unidos se sacan también las perlas rotas del fracaso. Sólo queda esperar otra vuelta de la rueda.

No basta con decir, como Obama en su mensaje, “si pudimos, lo hicimos” al final de una presidencia de ocho años. No es verdad, por desgracia: el ascenso al poder de Donald Trump es prueba de la imposibilidad fundamental del cambio, del freno en el proceso interminable de la civilización. Al menos en ese país.

Estas frases de Obama se podrían catalogar como el optimismo obligatorio frente a la evidencia contraria.

Veamos:

“Después de mi elección, se habló mucho de un Estados Unidos postracial. Esa visión, aunque bienintencionada, nunca fue realista. Porque la raza sigue siendo una fuerza potente y a menudo divisoria en nuestra sociedad”.

Obviamente detrás de todo el discurso de Trump hay un nervio incontrolable: el racismo.

“Si no estamos dispuestos —dijo Obama trémulo por las emociones encontradas—, a cuidar a los migrantes porque no se parecen a nosotros entonces estamos en problemas porque aquellos niños morenos (de piel café, dijo textualmente) van a representar la fuerza laboral más importante de nuestro país…”.

Pero si bien Obama fue indulgente con los resultados finales de toda su gran presidencia, estas frases demuelen mucho del resultado:

Si resultara cierto atribuir una mayor fortaleza americana derivada de su presidencia y la mejoría general de la vida en EU, no se comprendería entonces (de todos modos es incomprensible) cómo pudo “prender” el discurso de Trump cuya promesa es íntegramente adversa.

La apreciación más correcta en el discurso político de Obama al final de su sendero institucional, porque ya sabemos de su futuro activismo ciudadano, anunciado desde antenoche en tonos de aviso y advertencia para quien se quiera sentir advertido, fue ésta:

“Ustedes fueron el cambio. Ustedes respondieron a las esperanzas de la gente, y gracias a ustedes, en casi cada medida, Estados Unidos es un lugar mejor y más fuerte que cuando empezamos”. Error.

El pueblo americano, si esa entelequia llamada pueblo existiera, no sólo rechazó los pasos hacia adelante; comulgó con la rueda de molino de un demagogo irracional seguramente por una razón: porque la mayoría silenciosa escuchó por fin sus propias palabras. Por desgracia, los estadunidenses no son como Obama, son como Trump. Pendencieros, violentos, agresivos, codiciosos, racistas y soberbios. Y muchas otras cosas más.

Por eso a la mañana siguiente Donald Trump (ayer) ofreció una conferencia de prensa en la cual se retacó de sandeces. Pero esas pendejadas, como las llamaríamos los mexicanos, no son simples ocurrencias de un orate, son un programa de gobierno imperial.

Éste es apenas un ejemplo:

“(EoL).—El presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, reiteró que construirá un muro en la frontera con México y que el país vecino pagará por él.

“México nos compensará por los gastos, y eso sí sucederá, declaró Trump durante su primera conferencia de prensa oficial.

“Aseguró que él respeta y aprecia a los mexicanos, pero que llegó el momento de terminar con las ventajas que los anteriores gobiernos estadunidenses le dieron a México.

“Yo no les echo la culpa (a los mexicanos) por aprovecharse, dijo el magnate neoyorquino.

“Trump explicó que el vicepresidente Mike Pence ya está trabajando en las negociaciones sobre el muro fronterizo y que su gobierno aguardará a que el Congreso dé su aprobación.

“Respecto a cómo hará para que México pague, el futuro presidente estadunidense dijo que aún no tiene claro si será a través de impuestos o pagos directos.

“Trump estimó que el levantamiento del muro estará listo en un periodo de año y medio, aunque no descartó que pueda concretarse mucho antes”.

Si la dicha cerca costara, digamos, 10 mil pesos por metro, ya podremos ir pensando de dónde sacaremos 300 mil millones de pesos para costear ese capricho.

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

elcristalazouno@hotmail.com

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