Eventual repatriación. México debe estar preparado para brindar apoyo y protección

Jesús Casillas Romero

Estamos a una semana de que el Presidente número 45 de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ocupe la Casa Blanca este 20 de enero de 2017.

El temor de los migrantes indocumentados es cada vez más visible y no es para menos, tienen todo que perder: Trabajo, comunidad, para algunos, la estabilidad socioeconómica lograda con los años y en otros de los casos, hasta la cercanía de la familia con motivo de la eventual separación de sus integrantes.

Lamentablemente los migrantes fueron objetivo de muchos de los ataques del candidato Donald Trump durante su campaña y ahora, como presidente electo, ha confirmado sus dichos, reiterando sus promesas electorales de construir un muro fronterizo entre Estados Unidos y México, y de realizar deportaciones masivas de personas indocumentadas.

Esa situación afecta particularmente a los mexicanos, pues el país vecino es el lugar donde radican más del 95% de los connacionales en el extranjero. 64% de los hispanos en Estados Unidos de América son mexicanos con una población superior a los 33 millones de personas, de los cuales, poco más de 11 millones han emigrado y el resto habrían nacido del otro lado de la frontera.

Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)  revelan que el 33% de los migrantes sale de cuatro estados:

Guanajuato (10.8%)

Jalisco (7.7%)

Michoacán (7.7%)

Estado de México (6.8%)

 

La mayoría concentrada California, Texas y Arizona, que son los tres estados con mayor población mexicana en Estados Unidos.

Sin embargo, indocumentados o no, todas las personas tenemos derechos y nuestros paisanos en el país vecino no deben ser la excepción, por lo que es necesario que todos ellos lo sepan, fortalecer las capacidades de atención de los consulados mexicanos en Estados Unidos y prepararse para defenderlos.

Mientras tanto, de este lado de la frontera debemos hacer lo propio y prevenirnos para apoyar a nuestros connacionales para que puedan encontrar una ocupación en el mercado formal, opciones de autoempleo, de inversión de sus activos y patrimonio generado en el exterior, para la revalidación de sus estudios y mejorar su capital humano y vivienda.

Para ello, es necesario la creación de protocolos básicos de acción frente a la potencial contingencia de deportaciones masivas, garantizar la protección a sus derechos humanos en caso de repatriación, facilitar su acceso a servicios públicos, entre ellos los servicios de salud y en general el fortalecer las políticas públicas de apoyo a migrantes, promoviendo la participación de las autoridades locales y municipales.

Ello, sin dejar de lado los trabajos que permitan fortalecer la interlocución entre México y Estados Unidos, privilegiando el diálogo y la relación respetuosa que permitan acuerdos que se vean reflejados en paz y bienestar para nuestros connacionales en ese país, como también, de los que radicamos en nuestro querido México.

Así como los mexicanos reconocemos la trayectoria democrática de los Estados Unidos, la madurez política para reconocer los resultados electorales, la necesidad de continuar con los lazos de amistad entre nuestros pueblos y el respeto mutuo de sus gobiernos, a su vez, los estadunidenses habrán de reconocer las aportaciones que los mexicanos han realizado para el fortalecimiento de su economía y del gran capital humano que pierden si se concreta la discriminatoria idea de la deportación por causa de origen étnico.

Sin duda, esto nos augura una nueva etapa en la relación bilateral con Estados Unidos, con retos enormes, que seguramente habremos de sortear en base a la unidad de todos los mexicanos.

Senador por Jalisco

 

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