Espectáculos

Cine mexicano de los 70: La década crucial

Especial. Crónica hace un recorrido por uno de los periodos más importantes de la cinematografía nacional que tuvo como protagonistas a cineastas como Felipe Cazals y Arturo Ripstein, y que de acuerdo al especialista Fabián Polanco “son los años más importantes del cine mexicano”

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 “Cuando la gente habla del cine de los 70, lo primero con lo que lo relacionan es con el cine de ficheras, pero en la revaloración no tomamos en cuenta que de 1970 al 76 es cuando el cine mexicano adquiere el mote de Nuevo Cine Mexicano”, expresa el periodista, investigador y autor del libro Cine Mexicano del 70: La década prodigiosa, Fabián Polanco, para hablar de un periodo que marcó la historia cinematográfica de un país, y posiblemente también la condenó.

El autor considera, sin temor a equivocarse, la década de los 70 como “la década más importante del cine mexicano sin ninguna duda. Si no hubiera existido ese cine del primer lustro, los años siguientes no hubieran tenido películas de magnificencia que han repercutido a nivel internacional. El cine de esa época hacía propuestas en lo argumental y de realización que eran valoradas a nivel internacional”, dijo en entrevista con Crónica.

Esa tesis la desglosa en su libro, que al mismo tiempo muestra los testimonios de algunas de las figuras más importantes del cine mexicano de ese periodo, que recopiló durante 10 años. De actrices como Ana Ofelia Murguía, Diana Bracho y María Rojo, a actores como Ernesto Gómez Cruz, Ignacio López Tarso, Héctor Bonilla y Gonzalo Vega, sin olvidar a los talentosos directores Felipe Cazals y otros como Sergio Olhovich y Alfredo Joskowicz. Un total de 22 entrevistas forman parte de su libro, que parece audaz desde el título al describir esos años como la década prodigiosa:

“Más que ser un título arriesgado creo que es real. Después de la llamada época de oro del cine mexicano, la del 70 es uno de los procesos más importantes de la historia del cine. Es cuando por fin se da la apertura a los nuevos cineastas. Antes de esos años la industria estaba muy cerrada y las producciones eran muy grandes y con argumentos con la única finalidad de llevar al público a los cines, era un cine muy familiar con sus excepciones. Es a partir de los 70, que llegan nuevos directores con la inquietud de presentar nuevas historias, la mayoría de ellos con influencia del cine europeo”, agregó.

El contexto político. El momento sociopolítico que vivía el país después de 1968 se convirtió en clave para entender lo que pasaría en la década de los 70. Los cambios ideológicos y sociales en el mundo repercutieron en México, y luego del suceso de Tlatelolco se vivía un tiempo en que se manifestaba una gran inconformidad con el sistema político.

Al asumir la presidencia Luis Echeverría, el país estaba inmerso en una crisis profunda. Dentro de sus acciones le dio mucha importancia a los medios de comunicación y además el gobierno utilizó, por primera vez, también al cine como un medio de comunicación nacional.

El Banco Nacional Cinematográfico, fundado en 1942, recibió una inversión de mil millones de pesos con el objeto de modernizar el aparato técnico y administrativo del cine nacional. Se reconstruyeron instituciones como la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas y de la entrega del Ariel, en 1972; la inauguración de la Cineteca Nacional, en 1974; y la creación del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), en 1975.

Y el cine que se hizo en esa década fue uno de los más fructíferos de la historia. En esa década se produjeron 823 películas de 1970 al 79, y tan sólo en los primeros 6 años se hicieron 532 películas en el sexenio de Echeverría: “Nunca antes habían accedido tantos y tan bien preparados directores a la industria del cine, ni se había disfrutado de mayor libertad en la realización de un cine con ideas avanzadas”, dijo Emilio García Riera, crítico, actor e historiador.

Se presentó a una nueva generación de directores de cine que mostraban trabajos más críticos y preocupados por temas sociales y políticos, muchos de ellos inspirados en las historias de la clase media que nunca había tenido tanta presencia en la pantalla hasta entonces:

“El cine del 70 abarca dos sexenios: El de Luis Echeverría, del 70 al 76, y el siguiente de López Portillo. En el primero pone a su hermano Rodolfo Echeverría, cuyo nombre artístico era Rodolfo Landa que era actor y lo pone como encargado de toda el área del cine en el país, y es él quien le abre la puerta a directores jóvenes y nuevas propuestas con el apoyo del gobierno para hacer sus películas”, dijo Fabián Polanco.

“Sí había cierta censura y los mismos directores se autocensuraron un poco, pero en sus películas también hubo sugerencias de protesta. Se hacían propuestas muy fuertes, la mayoría de ellas basadas en sucesos ocurridos en la vida real como Las Poquianchis, El apando o El castillo de la pureza, entre otros”, agregó.

Sin embargo, esa época brillante cambió. Todo lo construido se desplomó con la llegada a la presidencia de José López Portillo, quien nombró a su hermana Margarita como Directora de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) y ella convirtió ese extraordinario momento en un desastre a causa de idea de “propiciar un retorno al cine familiar” y “regresar a la época de oro”.

Los directores pilares de la industria. Vale la pena recordar a esos directores que figuraron en la época del cine estadista y que transformaron el sentido de hacer cine en México: Felipe Cazals, Arturo Ripstein y Jaime Humberto Hermosillo. El público mexicano respondió favorablemente a filmes como El castillo de la pureza (1972) de Arturo Ripstein, Canoa (1975) de Felipe Cazals, o La pasión según Berenice (1975) de Jaime Humberto Hermosillo. Se demostraba con ello que en México se podía hacer un cine maduro, que además tuviera éxito en taquilla.

“Felipe Cazals, Jaime Humberto Hermosillo y Arturo Ripstein son unos de los principales directores que el gobierno de Echeverría apoya, y que tienen la oportunidad de hacer un cine, un tanto, de denuncia, pero con López Portillo les quitan el apoyo porque no hacen un cine con los ideales que tenía el gobierno”, dijo Fabián Polanco.

A mediados de la década de los 70, “cuando se empieza a hacer cine más autoral, la gente se empieza a extrañar sobre lo que ve en las salas de cine, y de ahí se agarraron para hacer una especie de censura a estos directores pero el mismo público se da cuenta de que son manifestaciones artísticas inspiradas en la realidad y los apoya y por eso se convierten en importantes para la generación”, agregó.

Uno de los casos más importantes es el de Felipe Cazals y su filme Canoa. Escrita por Tomás Pérez Turrent, narra a manera de ficción, una tragedia ocurrida el 14 de septiembre de 1968 en el poblado de San Miguel Canoa, Puebla, en un contexto en el que ser o parecer estudiante era lo mismo que ser delincuente. Seis empleados de la Universidad Autónoma de Puebla, viajaron al poblado con la intención de escalar La Malinche. La excursión terminaría con el linchamiento de cuatro de ellos y del campesino que los hospedó.

“Sin duda, Canoa es una película de terror porque el 68 es el terror en su máxima expresión, en contra de la juventud y del relevo generacional de todos los mexicanos”, aseguró Felipe Cazals, quien también dirigió otros filmes como El Apando (1976) y Las Poquianchis (1976), esta última de la que contó que, “era una especie de historieta que se vendía por números, de la que yo tenía parte de la colección y Jorge Ibargüengoitia tenía otra parte de la misma”, dijo.

La apertura temática a la diversidad sexual.Fue en la década de los años 70 cuando llegaron cuatro películas que tocaron abiertamente el tema, las dos primeras llegaron en 1971, con Los marcados (1971), de Alberto Mariscal, acerca de una banda de asaltantes liderada por El Pardo y El Niño, quienes tenían una relación homosexual incestuosa entre padre e hijo y que llegan a atemorizar un pueblo; la segunda fue La primavera de los escorpiones, una película polémica dirigida por Francisco del Villar, sobre dos amantes homosexuales que se relacionan con una fotógrafa divorciada y su hijito en un lago, uno de ellos se enamora de la viuda y el otro sodomiza a su hijo por celos.

“En esta década, con la incursión al cine de Jaime Humberto Hermosillo se empieza a realizar un cine de temática gay en la industria, no tan marcado como en la actualidad pero el contenido de la película era muy sugerente y en algunos casos era un tema muy presente en películas como El cumpleaños del perro, en donde se narra una relación entre un hombre mayor y uno joven con Héctor Bonilla y Jorge Martínez de Hoyos; Matiné, también sobre dos jóvenes y en la película estaban el mismo Bonilla y Manuel Ojeda, entre otras. A partir de este momento hay un cine más dinámico”, comentó Fabián Polanco.

Algunos de los casos más representativos llegaron a finales de la década, primero con El lugar sin límites (1977), de Arturo Ripstein, basada en la novela de José Donoso, es una de las primeras películas mexicanas en donde el personaje principal es homosexual y que puede considerarse el primer retrato serio del tema en México, porque devela el conflicto interno del hombre que se siente atraído por un afeminado, pero se verá frustrado por la ley de un grupo al que pertenece.

La primera película mexicana que aborda el tema del lesbianismo es Tres mujeres en la hoguera (1979), de Abel Salazar, la cual gira en torno al encuentro de dos antiguas amantes (Maricruz Olivier y Pilar Pellicer).

Los otros cineastas fundamentales Aparte de los ya mencionados Ripstein, Cazals y Hermosillo, otros directores importantes de esta época fueron: José Estrada, Jorge Fons, Marcela Fernández Violante, Juan Manuel Torres y Gonzalo Martínez. Entre los filmes, destacaron: Los albañiles (1976) de Jorge Fons; El rincón de las vírgenes (1972) de Alberto Isaac y Actas de Marusia (1975) del chileno Miguel Littín.

También figuraron otros nombres como Alberto Bojórquez, Archibaldo Burns, Alfonso Arau,  Alfredo Joskowik, Marcela Fernández Violante, “quien enfrentó reto de ser directora en una época machista”, dijo Polanco y Gabriel Retes, quien también forma parte del libro y da su experiencia:

“Fui de los directores que debutaron en esa década. En 1974 filmé Chin Chin…, que se estrenó en 1975, pero tuve la suerte de hacer unas veinte películas entre 1970 y 1975. Estaba muy inmerso; de hecho a mí me tocó el ocaso del cine de los productores privados, los del Condominio de Productores. Me tocó la bronca en Los Pinos, cuando se retiraron y Echeverría tuvo que enmendar y ponerle nuevo rumbo a la industria

 “Tuvimos la suerte de tener a un gran líder de los trabajadores, que era José Estrada, entre otros; pero él era nuestra cabeza, el ideólogo y logramos que el estado coprodujera con los trabajadores, siendo éstos y algunos creativos los que mandaban en la industria. Si te das cuenta, ha sido una de las épocas más fecundas. Como decía Alberto Isaac, ‘era Época de Oro porque se hacían 140 películas; pero hay muy pocas ‘Perlas’, muy pocas ‘Marías Candelarias’. Entre 1973 y 1978 hay un despegue del cine mexicano, y eso fue gracias a que los creativos tuvimos libertad de expresión”, expresó el realizador de El Bulto en la entrevista publicada.

Los actores en los tiempos del cine estadista. Dentro de la publicación de Fabián Polanco también se encuentra un apartado especial para los actores que formaron parte de esa serie de películas transgresoras de la época: María Rojo, Héctor Bonilla, Leticia Perdigón, Gonzalo Vega, Fernando Allende, Carmen Salinas, Mario Almada, Pilar Pellicer, Rafael Inclán, Ana Ofelia Murguía, Diana Bracho, Ernesto Gómez Cruz e Ignacio López Tarso son algunos de los nombres que figuran:

“Héctor Bonilla me comentó fue que él participó en una película que se llama Narda o el verano, que se hizo en 1970 y que tiene el mismo argumento que Y tu mamá también, en la que los protagonistas eran él y Enrique Álvarez Félix”, dijo Polanco, mientras que también dijo que “López Tarso me habló de Los hijos de Sánchez y como hubo algunos aspectos que llevaron a la película a no consagrarse como se esperaba”, añadió.

El autor del libro también expresó una emoción particular al hablar de algunos que ya fallecieron como Mario Almada, quien le “habló de que no quería hacer La viuda negra que trabajó junto a Isela Vega, dijo que en un principio no quería hacer la película porque era de un tema fuerte sobre la relación de una viuda de pueblo con un sacerdote”, comentó.

El cine de ficheras. “En su momento el cine de ficheras fue bueno, pero cuando en el segundo lustro de los 70 comienzan a entrar los productores privados y ven que les pegaban comenzaron a hacer cine de ficheras una tras otra hasta que agotaron ese cine (…) Hablamos de ese cine porque también sucedió y bien que mal, le trajo muchos millones de pesos de ingresos a la industria”, comentó Polanco, quien contó con entrevistas a figuras como Lalo el Mimo, Leticia Perdigón, Isela Vega y Rafael Inclán, para nutrir su libro

Bellas de noche (1974) y Las ficheras (1976), ambas dirigidas por Miguel M. Delgado, iniciaron la corriente del cine de ficheras, cabaret y albures. A diferencia de sus antecesoras, las rumberas, estas nuevas “damas de la noche” aprovecharon las facilidades otorgadas por las autoridades fílmicas para prodigar desnudos y palabrotas.

El autor profundizó que muchos de los actores que estaban involucrados en ese cine, cuyo abuso marcó la decadencia, “todos tenían un pasado con trabajos más serios, Isela Vega hizo películas en Estados Unidos y Europa, e hizo películas importantes, o Rafael Inclán también hizo teatro clásico antes del cine de cabaret, pero como estaban en el cine de ficheras los encasillaron en ese tipo de cine solamente, pues fueron casi 10 años del cine de ficheras y luego en los años 80 ese estilo de cine lo llevan a las vecindades”, comentó.

“Carmen Salinas tuvo su debut en el cine oficial a final de la década de los años 60, pero en el 70 tiene su primer papel estelar en el cine con Doña Macabra y a partir de esa película hizo cine con cineastas de vanguardia, es decir, no todo en su vida en el cine fue La Corcholata, sino que antes hizo películas para Gabriel Retes y ella me comentaba que fue la primera actriz en hacer una mentada de madre en el cine mexicano”, agregó.

Decadencia de una década prodigiosa La administración de López Portillo desmanteló las estructuras de la industria cinematográfica estatal creadas un sexenio antes. Se trató de internacionalizar al cine mexicano trayendo a directores extranjeros a filmar a nuestro país. Se dejó de apoyar a los directores que habían producido filmes de éxito en el sexenio anterior. A final de cuentas, el presupuesto oficial para el cine mexicano desapareció con la deuda externa.

Mientras tanto, aprovechando un cambio favorable en las políticas de exhibición, surgió una nueva industria cinematográfica privada, la cual en pocos años se adueñó del mercado mexicano. Esta industria -caracterizada por producir películas de bajo costo, en muy poco tiempo y con nula calidad- prosperó y se enriqueció a lo largo de la década de los ochenta.

“Con la llegada al cine de López Portillo, todos esos logros que había tenido la industria se van de pico, cuando mete a su hermana Margarita López Portillo como directora de RTC que tiene como finalidad ‘devolverle’ al público mexicano ese cine familiar al que estaba acostumbrado. Se hace una fusión con empresas privadas como Televisa, y es cuando se realizan películas un tanto ñoñas como El chanfle o Milagro en el circo. Intentaron regresar al melodrama pero ya no era el mismo estilo que el de la época de oro”, comentó Fabián Polanco.

Las consecuencias de ese cambio radical son claras y el cine nacional no se ha repuesto, “lo que ha venido ocurriendo es que cada sexenio lo que se intenta es rescatar esa industria del 70, de hacer luchas y devolver ese acervo de cine. Es una lucha por recobrar el cine por el tipo de vida sexenal del gobierno, cada cambio de gobierno se tira lo que se construye y es volver a intentar levantarlo. Desde el 76 se ha dado una búsqueda por hacer un buen cine, pues con el paso del tiempo aquellos grandes talentos se dejaron comprar, están grandes o cansados de luchar”, concluyó.

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