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Los tocayos llegaron juntos y no les incomodaron los cuestionamientos

Los secretarios de la administración peñista llegaron puntuales a la cita en San Lázaro, incluso los tocayos, Meade Kuribreña y González Anaya, titulares de Hacienda y de Petróleos Mexicanos respectivamente. Llegaron juntos, en el mismo carro, releyendo los mensajes que dirigirían minutos después a los legisladores.

Decenas de puertas del recinto legislativo permanecían cerradas, incluso con candados, para evitar que se abarrotara el lugar de la reunión de trabajo (que así se llamó oficialmente al encuentro) en la que aclararía el gasolinazo 2017.

En un pequeño espacio privado del Salón Verde, conocido también como Salón de Legisladores, los funcionarios esperaron por espacio de 40 minutos a que todo estuviera listo en el podio.

En el exterior del salón se arremolinaban reporteros, fotógrafos y camarógrafos, así como decenas de invitados y otros metiches que nomás querían saber si el Gasolinazo 2017 podría echarse para atrás.

Meade empezó su alocución saludando a los presentes y reconociendo su investidura, y de inmediato empezó la explicación –o justificación– del Gasolinazo 2017, aquel que ha sacado a miles de mexicanos a protestar en las calles de muchas ciudades del país.

Fueron seis horas de dimes y diretes, de argumentos que no sorprendieron a propios ni a extraños, explicaciones que ya se han escuchado en otros foros y posturas que no incomodaron a los visitantes.

En cualquier caso, quedó claro que las cartas finales sobre este tema están echadas: el Ejecutivo Federal no puede prometer una reducción en el precio, ni las finanzas públicas lo aguantarían.

Algunos legisladores agradecieron la visita de funcionarios a la reunión, y otros de oposición dijeron que era su obligación.

A unos metros de la reunión, la barra de café afuera del Salón Legisladores, agotó el producto pues después de las primeras tres horas de reunión, el desfile de los visitantes al cafecito era cada vez mayor.

Al interior del Salón, los legisladores ponentes mostraban poco respeto por los tiempos acordados. El colmo fue la frase dicha por la senadora panista Marcela Torres Peimbert, quien dijo “voy a tomarme un tiempito más”, sin hacer caso al par de ocasiones en las que el presidente de la sesión trató de ponerle fin a su presentación.

“Estoy por terminar; estoy por terminar, deme oportunidad de terminar”, volvió a decir la panista cinco minutos después.

El más enojado, sin duda, fue el senador del PRD, Mario Delgado, pues no quedó conforme con la respuesta que le reviró José Antonio Meade, quien le señaló que, si de elevar impuestos se trataba, él sabía bien cómo hacerlo “desde su escritorio”, en alusión al incremento de gravámenes en la capital durante su gestión en la administración perredista.

Tanto fue su enojo que Delgado se levantó de su lugar y pidió la palabra para dar una respuesta a Meade, la cual le fue negada. “Espere su turno” le dijeron.

Otro dato curioso fue al finalizar la reunión, la cual terminó a las 17:30 horas, pues los tocayos huyeron de cámaras y reflectores.

El líder de la bancada del PAN, Marko Cortés,  tomó la palabra fuera del recinto para reiterar que pese al rechazo de Meade de no reducir el Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS), los panistas seguirán empujando la intención de que ese gravamen se disminuya al menos 50 por ciento.

Más que una reunión de trabajo donde se esperaban las explicaciones a un tema que todos traen en la cabeza, el evento se convirtió en una comparecencia más, otra más de seis horas que, pese a todo, terminó tranquila, relajada y sin mayores sobresaltos.

Los tocayos se dirigieron al estacionamiento para abordar el mismo carro. Los discursos habían sido dados y la sesión había concluido.

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