De la gallina de oro a los pollitos de plata - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
De la gallina de oro a los pollitos de plata | La Crónica de Hoy

De la gallina de oro a los pollitos de plata

Carlos Matute González

La declaración de la semana es “La gallina de los huevos de oro se nos secó”. El presidente Peña Nieto resumió en una frase lo que ha pasado con el petróleo en los últimos cuarenta años desde el accidente del Ixtoc I ocurrido el 03 de junio de 1979, en el que durante 280 días se derramaron 3.3 millones de barriles de crudo, en el que el 50 por ciento se quemó, el 16 por ciento se evaporó, 5.4 por ciento se recolectó y el 28 por ciento se dispersó, causando grandes daños y pérdidas ecológicas.
En ese momento, mi generación, la que sufrió la década perdida de los ochenta, la crisis de las pensiones, la bancarrota del sistema financiero y el rescate carretero, así como la saturación de los servicios públicos, la reducción de los salarios reales y la inflación galopante, fue advertida de que el petróleo iba a dejar de ser el motor de la economía mexicana en la segunda década del siglo XXI, por el tema de la reservas de los hidrocarburos, el cambio tecnológico y el crecimiento de las fuentes de energía verde. Los automóviles eléctricos y los híbridos eran simples prototipos sin viabilidad industrial que se nos presentaban como vehículos de un mundo del futuro galáctico lejano.
La bonanza petrolera de la primera década del siglo XXI, los precios altos del barril, más de 100 dólares, hizo que se aplazaran decisiones que con una visión de largo plazo se antojaban urgentes: la apertura del mercado, la revisión del esquema pensionario, la reestructuración de Pemex, la reconversión y modernización de la industria, la inversión en energía limpia, la orientación del mercado al uso menos intensivo de petrolíferos y un largo etcétera.
El destino nos alcanzó. Al más puro estilo de García Márquez vivimos la crónica de una “sequía” largamente anunciada. Este hecho nos ubica ante una disyuntiva: concentrarnos en repartirnos los despojos y creer que el petróleo será otra vez el motor de la economía mexicana o echar a andar esta industria sobre la base de nuevos cimientos y orientar los esfuerzos en pollitos de plata que requieren más trabajo y voluntad para producir riqueza, pero que han demostrado que son más sanos económicamente, generan más empleos y atraen más divisas.
El turismo es uno de estos pollitos de plata. Somos el noveno destino más importante del mundo. Este sector crece con mayor rapidez que el resto de la economía y la devaluación del peso no le afecta, sino que sucede lo contrario, un peso más barato hace más atractivos nuestros destinos. El potencial de crecimiento es mayúsculo y en los dos últimos sexenios los programas de infraestructura han sido consecuentes con esta realidad.
Hay que mejorar y ampliar vías de comunicación, puertos y aeropuertos. Además, el turismo tiene dos mercados: el interno y el externo. La oferta es mayor a la demanda, no es un monopolio, no está controlado por un sindicato, no tiene el lastre de las pensiones, el empleo es flexible, la inversión está diversificada y los destinos son diversos y estratificados por ingreso.
La gallina de oro se secó, afortunadamente, en un momento en que la economía mexicana no está petrolizada, como sucedía hace cuarenta años. El tema del gasolinazo, en gran parte, es un asunto de las finanzas públicas, la inconveniencia de un subsidio y el impacto a la inflación, pero no afecta estructuralmente. Hay muchos pollitos de plata que hay que alimentar. Ninguna política pública por dolorosa e impopular que sea debe convertirse en un obstáculo para la marcha de nuestra economía, ni la justificación para regresar a los aumentos de emergencia de los años ochenta.

cmatutegonzalez@yahoo.com

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