Alemania intenta seducir a México: El telegrama Zimmermann - Bertha Hernández | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Alemania intenta seducir a México: El telegrama Zimmermann | La Crónica de Hoy

Alemania intenta seducir a México: El telegrama Zimmermann

Bertha Hernández

La Gran Guerra se había estancado. Miles de muertos, desolación y violencia eran la orden del día en Europa, sin visos de resolución. En 1914, alemanes, franceses, ingleses y rusos habían festejado la inminencia del conflicto armado. En esos días, que en 1917 parecían ¡tan lejanos! los bailes y los brindis por la gloriosa jornada que se acercaba, se dieron lo mismo en Viena que en Berlín, en Londres, en París y en San Petersburgo: todo mundo estaba convencido que la guerra sería breve, con las mínimas consecuencias: los vencedores retornarían a casa para la Navidad de ese mismo año, cubiertos de condecoraciones y de gloria. Pero las cosas no se desarrollaron de esa manera.

La declaratoria de guerra del imperio austrohúngaro a Serbia, fechada el 28 de julio de 1914, fue el primer eslabón de una cadena de violencia que lejos de apagarse con brevedad, fue creciendo al paso del tiempo. Entonces, las principales potencias europeas comenzaron a desarrollar estrategias internacionales para distraer a sus contrincantes. Acaso fuera ésa la posibilidad de debilitarlos y obtener la victoria definitiva.

Para Alemania había un factor de vital importancia: evitar que Estados Unidos se involucrara en la guerra, en el bando aliado. Entonces, el canciller Arthur Zimmermann discurrió el envío de un telegrama en clave. Un telegrama que cruzaría el Atlántico para, con la mediación del embajador alemán en México, llegar a las manos de un hombre nacido en el desierto de Coahuila y que respondía por Venustiano Carranza.

EL MENSAJE. ¿Qué contenía el telegrama? El canciller Zimmermann instruía a su embajador en México, Heinrich von Eckardt, para establecer contacto con el gobierno de Venustiano Carranza y ofrecerle una alianza para “hacer juntos la guerra”. El señuelo diseñado para la propuesta no podía ser más tentador: abundante ayuda financiera y asesoría militar; dinero y pertrechos y todo el apoyo alemán para recuperar los estados de Texas, Nuevo México y Arizona. Nada menos.

Los detalles con los cuales se signara el pacto con México, quedaban al arbitrio del embajador Von Eckardt. El texto del telegrama daba interesantes posibilidades para trabajar a fondo la persuasión: por un lado, se le pedía a México intervenir como mediador en una grilla internacional de alto vuelo, actuando como mediador en una invitación a Japón para integrarse a la alianza. El premio para Japón, en caso de acceder, sería California. En principio, parecía una oferta importante, como solamente la formularía alguien convencido de su poder y de su inminente victoria.

La cereza del pastel era la frase final del telegrama: “Haga notar al presidente [Carranza] que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses”. Parecía que el canciller Zimmermann había pensado en todo. Al menos, eso creía él.

MARAÑAS TELEGRÁFICAS, CLAVES Y ESPÍAS. Un mensaje de esa importancia no podía circular sin medidas de seguridad. La Cancillería alemana empleó el código 0075 reservado para comunicados de alta secrecía. Para asegurarse de que el mensaje llegaría, se decidió enviarlo por dos vías: una pasaba por Suecia, que se mantenía en posición neutral en el conflicto europeo; la otra sería una línea telegráfica ¡estadunidense! que el presidente Woodrow Wilson había puesto a disposición del gobierno alemán en la embajada en Berlín. La dichosa línea telegráfica estaba destinada a agilizar la comunicación en conversaciones que llevaran a la negociación de la paz. Pero los alemanes decidieron usarla para otros propósitos.

Lo que no sabían —al igual que el gobierno de Washington— es que los servicios británicos de inteligencia espiaban a los alemanes, pero también espiaban a los estadunidenses. El telegrama Zimmermann fue descifrado por ellos al día siguiente de haber sido enviado por los criptógrafos Nigel de Grey y William Montgomery, habitantes del llamado Room 40, el área concentrada en desencriptar los mensajes secretos del enemigo.

Para que nadie se diera cuenta de que los británicos espiaban a propios y extraños, resolvieron fingir que el mensaje había sido interceptado en México. De esa manera no descubrirían ni su red de espionaje ni la capacidad para descifrar los códigos alemanes.

LAS CONSECUENCIAS. El Telegrama Zimmermann fue enviado el 16 de enero de 1917 y se recibió en Washington. Dos días después, el embajador alemán en Estados Unidos lo reenvía a México en una clave mucho menos segura —en el catálogo alemán del orden mundial, México era una potencia de segundo orden y no tenía la clave 0075 para descifrar el mensaje—. En ese momento, los británicos entran en acción: los espías colocados en México se hacen con una copia del telegrama, que entregan  a Estados Unidos sin delatar la operación mayor.

Venustiano Carranza es enterado de la propuesta alemana. Entra aquí el carácter sereno y agudo del coahuilense: forma una comisión que indague si el mensaje es real y si la oferta es seria, porque no hay tiempo que perder en inventos. Tiene muchos fierros en la lumbre: se está gestando la nueva Constitución mexicana; las relaciones con Estados Unidos no son las mejores a causa de las tensiones generadas por la Expedición Punitiva que perseguía a Villa y el zapatismo se mantenía activo. ¿Qué hacer? Se confirma que la propuesta es real: en Estados Unidos circula la información y Zimmermann en persona confirma la existencia del mensaje.

Carranza resolvió aguardar y no escuchar el canto de las sirenas. El 6 de abril de 1917, Estados Unidos declaró la guerra a Alemania. Ocho días después, el día 14, don Venustiano le mandó decir a los alemanes que muchas gracias, pero no.

 

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