El México de hoy

Manuel Gómez Granados

El México de hoy está profundamente herido. Somos una nación que perdió la confianza en sí misma, así como en los frágiles pactos que evitaron, durante el siglo XX, el patrón de violencia destructora que hizo del siglo XIX lo que fue: casi 80 años de guerras intestinas e intervenciones militares externas que nos costaron muchas vidas y más de la mitad del territorio, pues a la pérdida de las provincias de Texas, California y Nuevo México, habría que sumar la decisión de las repúblicas centroamericanas de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, de separarse ante la incapacidad para gobernar aquel extensísimo territorio que heredamos de España.

El México de hoy enfrenta riesgos terribles, materializados en la persona del racista Donald Trump, pero sería tiempo de que fuéramos honestos y reconociéramos que, durante muchos años, las instituciones mexicanas han maltratado y expulsado a millones de personas de manera muy parecida a las propuestas de Trump, ello sin perder de vista los abusos que perpetran narcos, polleros, tratantes de blancas y secuestradores que, de manera casi irresistible, operan de acuerdo con algunas policías y Fuerzas Armadas del país para lastimar a quienes pasan por aquí sin los papeles necesarios para hacerlo.

La gota que derramó el vaso en el México de hoy fue el llamado gasolinazo. El argumento del gobierno es que no podía subsidiar más las gasolinas. El subsidio era malo, nunca debió existir, pero existía y gracias a ello se creó un equilibrio que permitía que funcionaran las peseras que penosamente recorren los bolsones de la miseria en México, lugares como Los Altos de Chiapas  o las Huastecas, y llevaran y trajeran niños a la escuela, mujeres y ancianos a los centros de salud, así como pequeños productores a las capitales de los estados donde están esas regiones.

Para retirar el subsidio de manera sensata era necesario haber creado algún mecanismo que atemperara el golpe. En lugar de ello, se apostó a que el silencio de la última semana del año haría que la sociedad tragara el golpe. No fue así. Por primera vez en muchos años, hubo movilizaciones espontáneas de personas hartas de que no les alcanza para pagar comida o pasajes. La reacción del gobierno federal fue lenta y desarticulada. Y sí, hubo saqueos sobre cuya autoría intelectual hay serias dudas, pero la nota característica de estos días no fueron los saqueos; fueron las protestas. Se puede debatir sobre qué tan pertinente es que las personas actúen como lo hicieron, pero es necesario reconocer que los mecanismos para canalizar el descontento no funcionan como deberían, como tampoco funcionan los mecanismos para impedir más dispendio o más hechos de corrupción como los de Nuevo León, Veracruz, Sonora o Chihuahua.

Al México de hoy le urge serenarse. Encontrar la manera de dialogar de nuevo, pero se necesita que nuestras élites actúen de otra manera. Es absurdo que mientras el gobierno federal aplica un brutal plan de ajuste al eliminar el subsidio a la gasolina, los partidos políticos y sus representantes reciban tantos recursos. El México de hoy necesita concluir el Sistema Nacional Anticorrupción, que no avanza. El México de hoy no requiere más violencia, pero tampoco requiere de la arrogancia, la indiferencia de los políticos o de malas decisiones que pudieran aumentar los riesgos que nos amenazan en el horizonte. El México de hoy necesita paz, pero debemos ser conscientes de que —como decía Pablo VI— el desarrollo es el nuevo nombre de la paz y la paz requiere justicia, honestidad, verdad, humildad y sensatez.

manuelggranados@gmail.com

 

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