El imperio del odio - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
El imperio del odio | La Crónica de Hoy

El imperio del odio

Marcel Sanromà

“La ilusión no se come -dijo ella-. No se come, pero alimenta -replicó el coronel”. Gabriel García Márquez llevaba razón cuando mecanografió esta frase en El coronel no tiene quien le escriba. El mandato de Obama inició con una pandemia de ilusión, luego de ocho años de belicismo y desgracias bajo la administración de Bush hijo. La ilusión logró avanzar tremendamente en los derechos de homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales. En los derechos civiles, en general.

Sin embargo, no sólo la ilusión alimenta. También el odio. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca también podría haber sido descrita en la célebre novela de ‘Gabo’. El odio y el miedo sacaron a la clase obrera blanca, empobrecida y desesperanzada en el círculo del óxido de Estados Unidos, de sus casas para apostarlo todo al odio. A un odio a todo aquél que, crea, le ‘roba’ el trabajo o amenaza su estilo de vida.

Un odio que también respiran los casi 10 mil mexicanos que han apoyado una campaña en Change.org que solicita al presidente ruso, Vladímir Putin, que intervenga en México para acabar con un gobierno que consideran inepto, sinvergüenza y corrupto. Se solicita la ayuda del mismo Putin que acaba de dar su visto bueno a una reforma legal que permitirá a las familias agredir físicamente a un relativo, sea mujer, hijo, padre o hermano, de forma impune una vez al año. Sí, es en serio, esto está ocurriendo.

Alertaba Human Rights Watch esta pasada semana de que la llegada de Trump al poder, por todo lo que simboliza, puede acompañar el inicio de la llegada de una “era oscura” para los derechos humanos y la democracia en el mundo. Avisaban del terrible peligro que representa para el mundo el hecho de que se impongan el autoritarismo y el populismo. En definitiva, el fascismo, que tiende, recordaba la organización, a culpabilizar y perseguir a las minorías y, en general, a todo aquel que piensa o siente diferente; sea un refugiado, un inmigrante, un homosexual, una mujer o un musulmán.

El odio se extiende como una plaga mortífera por el mundo. En Filipinas, su presidente, Rodrigo Duterte, continúa asesinando impunemente a narcotraficantes, vendedores de gramos y consumidores en barrios pobres de Manila. En Oriente Próximo, el Estado Islámico continúa explotando el miedo y cultivando odio; esta misma semana se difundió en las redes sociales un video en el que yihadistas arrojaban a un hombre desde una azotea en Mosul por ser homosexual.

En Europa, la ultra derecha amenaza con asaltar el poder en Francia; ya lo tiene en Hungría y estuvo a punto de lograrlo en Austria. Y sin mandar, crece y campa con una amplia sonrisa en Grecia, Alemania, Inglaterra, Suecia, Dinamarca o Polonia.

El odio se respira cada día en Venezuela, entre chavistas y anti chavistas; en Argentina, entre kirchneristas y anti kirchneristas; en Brasil, entre Rousseffistas y… como se les quiera llamar. Resulta extraño comprobar cómo en una región donde la religión mayoritaria prodiga amor, respeto y honradez, reinan el odio, la violencia y la corrupción.

Pero todavía no entramos con los dos pies en la era oscura. La esperanza también alimenta, y es la esperanza la que nos debe llevar a insistir en mantener vivo el legado que dejan los muchos y desiguales avances para la comunidad LGBTI en el mundo, o contra la corrupción y la impunidad en América Latina. Por ejemplo, esta pasada semana también, el presidente canadiense, Justin Trudeau, nombró secretario de Migración a un somalí que llegó al país como refugiado en 1993. Pero estos no son sus méritos, sino el conocimiento que el hombre adquirió y construyó a partir de su vivencia.

Cada vez que la desfachatez y las mentiras de Trump, la sangre en Filipinas, los abusos en Rusia o los asesinatos impunes en América Latina nos hagan sentir la oscuridad, debemos identificar la vela ardiendo de quienes huyen de la ceguera del miedo y el odio y ven en los migrantes esperanza e ilusión.

marcelsanroma@gmail.com

 

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