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Arquidiócesis llama a castigar en las urnas a la “izquierda corrupta”

La Arquidiócesis Primada de México llamó a castigar “en las urnas a una izquierda corrupta, decadente y depredadora de los valores morales y familiares” en la Ciudad de México, luego de que los constituyentes de los partidos mayoritarios “tratan a toda costa de imponer agendas ideológicas, evadiendo la imparcialidad e igualdad –para todos– de la Constitución”.

Y es que el próximo 31 de enero, la Asamblea de la Ciudad de México deberá presentar la nueva Constitución que regirá administrativa y políticamente a esta entidad del país, sin embargo, la esperanza que pudo representar la Constitución “poco a poco se desvaneció mientras la ciudadanía vio cómo las sesiones, discusiones y consensos resultaron más el botín de tribus, que producto de la racionalidad y pericia jurídicas.

En el editorial Constitución Fallida, publicado en el Semanario Desde la fe, se calificó de paradójico observar cómo al interior de la Asamblea Constituyente “la mayoría política, comprometida con una supuesta revolución cultural y moral, bajo los principios de libertad, justicia, solidaridad, democracia y fraternidad, toma veredas contrarias a lo anterior: mezquindad, injusticia, imposición e individualismo”.

La obsesión criminal por el aborto, la destrucción de la familia y sus valores, la imposición de la perversa y antinatural ideología de género, se convierten en una obsesión con trazas de malignidad que perjudica el sano desarrollo del cuerpo social.

Asimismo, se acusó que al interior de la Asamblea Constituyente “es rémora, producto de renegados que hoy militan en nuevas corrientes, mientras el barco del partido político que les vio nacer hace agua y se hunde”, en tanto que el populismo y la demagogia son siempre las cartas para consumar ideales megalómanos de poder.

Se advirtió además que el futuro de la ciudad no tiene precio, empero, “parece que la mayoría en la Asamblea Constituyente sirve a intereses impuestos desde la ONU, como una nueva colonización ideológica, y no obedece al poder soberano otorgado por los votantes”.

“Negar el derecho a la vida o dinamitar los fundamentos del matrimonio –que es y siempre será entre un hombre y una mujer–, es ya de por sí exclusivo y discriminatorio, al tildar aquello de retrógrado y dogmático. No es así”, indica el editorial.

. Las instituciones están al servicio de la gente y, fundamentalmente, para los más vulnerables.

La Constitución debería tener “como articulador de toda política pública, la promoción y respeto a los derechos humanos de todas y todos los habitantes de la ciudad”, y no que los diputados estuvieran de rodillas ante dictados ajenos a nuestra maltrecha realidad. Sin embargo, es justo reconocer que algunos de los partidos minoritarios en la Asamblea han asumido un papel más serio al afrontar las incoherencias de la izquierda mal llamada progresista.

 

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