Norberto Rivera ora por Trump y constituyentes de la CDMX | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

Norberto Rivera ora por Trump y constituyentes de la CDMX

El cardenal Norberto Rivera Carrera realizó su tradicional homilía dominical en la Catedral Metropolitana.

El arzobispo primado de México, cardenal Norberto Rivera Carrera oró por el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, para que cuando asuma la Presidencia de aquel país esta semana, el señor le conceda la apertura del corazón “y tenga presentes a los migrantes y a los más necesitamos”.

Asimismo, oró por aquellos quienes se encargan de redactar la Constitución de la Ciudad de México, para que defiendan la vida de los ciudadanos desde su concepción hasta su término natural, dejando de lado los intereses económicos y extranjeros que promueven la cultura de la muerte.

También pidió orar por el eterno descanso del sacerdote Joaquín Hernández Cifuentes, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en el municipio de Parras de la Fuente, en el estado de Coahuila, “y para que cesen los crímenes de odio contra los sacerdotes y religiosos, testigos de la verdad en el mundo”.

En su tradicional homilía dominical en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el purpurado dijo en su sermón, que para tratar de solucionar muchos de nuestros males, es bueno acudir al psicoanalista, al psiquiatra o al psicólogo “pero si de verdad queremos sanar de nuestros pecados, sólo Cristo Jesús nos puede salvar de nuestros pecados”.

Asimismo, dijo que ante la realidad de nuestros pecados personales y de nuestros pecados sociales, podemos caer en un doble extremo, o nos resistimos a reconocer nuestros pecados y nuestros males, debido a que estamos embriagados por nuestra soberbia y creemos estar más allá del bien y del mal o queremos convencernos a nosotros mismos que vamos por el camino correcto, cuando hay tantas cosas que urge enderezar en nuestra vida y en la vida de nuestra sociedad.

“Recordemos –invitó–, no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Reconozcamos que estamos necesitados del Salvador, porque las salpicaduras del pecado del mundo nos llegan a cada uno en lo personal y a nuestra sociedad. Pero hay otro extremo muy peligroso en nuestros días, reconocer nuestros pecados y nuestros males, exhibirlos y remarcarlos, para exasperar, para llegar a la violencia, para caer en la depresión, para llegar a quitarnos y quitar a los demás la esperanza”.

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